Viene de: Y la Polis es cosa de hombres I
Ya durante la época clásica, que un joven tuviera relaciones con un adulto no era solo aceptable, sino que también era socialmente estimado. Y por ello en Atenas el cortejo estaba regulado por un código estricto de comportamiento que debía cumplir como condición sine qua non todo aquel adulto que amara a un muchacho. La existencia de este código es la pauta por la cual podemos probar en qué grado era aceptada la práctica de la pederastia. El amante debía cortejar al joven a fin de demostrarle la seriedad de sus intenciones, con cierta dosis de estoicismo y perseverancia.
El muchacho, en tanto, debía resistir al cortejo, a la manera de las “cortes de amor”, debía mostrarse difícil de conquistar. Si, en cambio, se mostraba ansioso o bien elegía a un amante precipitadamente, perdía su honor.
El joven debía ceder en el momento exacto, al final de un cortejo duradero y serio. Esta resistencia era la forma de poner a prueba al amante. La relación que entablarían sería múltiple: Sexual, intelectual y pedagógica.
El joven se sometía al amante y nadie consideraba que esto era una vejación ni una perdida del honor. Esto ocurría, en cambio, si los paides cedían sin respetar el código del cortejo, cuyas reglas estaban aceptadas por toda la sociedad.
Estas reglas estaban, a su vez, confirmadas por el derecho. Y a través de esto se trataba de proteger a los paides de los intentos de seducción, es decir, de protegerlos; pero esta protección estaba dirigida a evitar las relaciones que podrían ser peligrosas para los jóvenes. Y ¿cuáles eran las relaciones peligrosas? Todas aquellas en las que el amante adulto no fuera virtuoso, noble, etc. Es decir, aquellas relaciones que pudieran contaminarse de lo vulgar, y no de lo pedagógico.
Entre los 18 y 20 años se producía el cambio de rol. De la pasividad a la actividad. Ya no más amado sino amante. Pero este paso no se producía de un día para otro, sino que llevaba un periodo de años que podía llegar hasta los 25. Y era este un periodo incierto y ambivalente, “al mismo tiempo, desenfrenados y razonables”, pasivos y activos. Se trataba entonces de que en esta edad no intentaran seducir a los más jóvenes…
Pero he aquí, que sabemos que los adultos en Atenas acostumbraban a pasar gran parte de su tiempo en las palestras, y el porqué era ampliamente conocido: admirar y cortejar a los jovencitos. De allí que Atenas se preocupara de cuidar a los paides.
La pederastia podía ser de excelencia formativa o bien podía resultar peligrosa.Por lo tanto, debía desarrollarse según reglas que impidieran amores vulgares; solo eso. Los ciudadanos tenían la más absoluta libertad para vivir amores con paides que lo consintieran, si estos tenían la edad conveniente para elegir un buen amante.
Bibliografía:
Platón: Lisis. ED Gredos
Banquete. Ídem
Fedro. Ídem
Fedón. Ídem
Diógenes Laercio: Vida de filosofo s. Ed Gredos
Plutarco: Vidas paralelas. ED Gredos
Continua en: Y la polis es cosa de hombres III