Viene de: Las Cruzadas I, precedentes y preparativos
“Las molestias de la guerra”
Ya dejamos claro en el anterior artículo las dos expediciones que se formaron en torno a La Primera Cruzada. “La de los Caballeros”, auspiciada por el Papa y “La Popular o de los pobres”, promovida por los encendidos discursos escatológicos de Pedro el Eremita.
El destino de las diferentes tropas organizadas en torno a los caballeros era Constantinopla. Los lideres de los franceses del norte, Borgoña y Alemania estaban encantados: derivaban la violencia y todos sus excedentes humanos fuera de sus territorios mientras que los normandos, que estaban viviendo un auge expansivo considerable, y algún que otro inglés, vieron futuras incorporaciones de tierras y riquezas. Añadan a esto que el líder de los normandos, Bohemundo, era muy hostil a Bizancio, habiendo ya guerreado contra estos en numerosas ocasiones, sumen que los cristianos orientales no comprendían el espíritu de Las Cruzadas -quizá porque no hubiera nada que comprender- y finalicen imaginando la angustia de esa gente del imperio bizantino ante la obligación que tenían de aplacar el hambre, la violencia y la lujuria de esas tropas. No, evidentemente, en oriente, no estaban entusiasmados ante esta muestra de “piedad”.
Y si incomoda les parecía “la de los caballeros”, peor resultó “la popular”.
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Alejo I, con la mosca (y la aureola) detrás de la oreja |
Estaban todos citados a partir de sus hogares el 15 de Agosto, tras las cosechas como era costumbre, para reunirse en Constantinopla. Pero los seguidores de Pedro adelantaron entusiasmados la cita con mucho. El 12 de Abril estaban reunidos en la ciudad de Colonia desde la cual partieron miles y miles de alemanes el 20 de ese mismo mes los cuales sabrían lo que era el sufrimiento, tanto en activa como en pasiva.
Estos ejércitos, formados por tan peculiares soldados, arrasaron pueblos enteros de camino y persiguieron con saña a todo judío que encontraban. Entre pillajes y atrocidades diversas Pedro seguía predicando la necesidad de seguirle a tierra santa y liberar de infieles el mundo. Al parecer, y según la leyenda, a nadie sorprendió que tuviera una carta express directamente traída del cielo y firmada de puño y letra por el mismísimo Dios, justificando punto por punto las atrocidades de este hombre.
Con estas llegaron a Bizancio, no sin antes enfrentarse incluso a las propias fuerzas de mercenarios pechenegos del Imperio por su cúmulo de desmanes. Esto no importó para que fueran recibidos en la ciudad por el basileus Alejo I-el emperador.
Enseguida se arrepintió ya que, estos cristianos en la búsqueda de la salvación, no dudaron en saquear la propia Constantinopla. Si en un principio Alejo había intentado retener este ejército para que se uniera a los más organizados que faltaban por venir, aplaudió a rabiar cuando el 6 de agosto estos cincuenta mil animales cruzan el Bósforo.
Allí se dan al saqueo y a las matanzas de nuevo, aunque, esta vez sí, por lo menos ya en territorio enemigo. Pero como iban como toros enloquecidos ante la visión de la sangre y las riquezas no tardaron en separarse. Un contingente quedó aislado del resto y cercado por tropas turcas. Cuando el grueso de feligreses acude confiado en su ayuda y deseoso de matar infieles cae masacrado ante la organización del enemigo.
De la otra cruzada diré que fue más organizada y, aunque algunos también lo pasaron mal en el trayecto, que llegaron finalmente y en distintas fechas a Constantinopla. Ante los antecedentes no se les permitió entrar en los muros de la ciudad, solo siendo los jefes de los ejércitos solemnemente recibidos y agasajados de diferentes maneras.
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Mapa de Constantinopla, de la guía Campsa de esa época |
El primero en llegar fue el pequeño destacamento de Hugo de Vermandois que se reunió con un desconfiado Alejo en la ciudad. Era prioridad para el basileus que todas las tierras conquistadas, a cambio de su ayuda económica y estratégica, fueran repuestas a su legítimo dueño, es decir, él mismo. Hugo, ante lo escaso de su contingente tuvo que ceder y jurar lo que convenía.
El segundo, Godofredo de Bouillon, ante semejante compromiso, y respaldado por un ejercito más numeroso, contestó a Alejo algo parecido a que se metiera la propuesta por donde le cupiera. Esta muestra de familiaridad al emperador le debió parecer horrible y decidió demostrar al francés que él también tenía narices. El enfrentamiento entre ambos bandos se saldó con una victoria de los Bizantinos. Fue entonces cuando Godofredo demostró que, al que le cabía la propuesta por tan acomodaticio sitio, era a él en persona.
El próximo en asomarse a las murallas fue al que más miedo todos tenían, al antiguo enemigo del imperio, a Bohemundo y sus huestes normandas. Miren ustedes por dónde fue el que menos problemas puso ante el juramento, demostrando la idiosincrasia de este pueblo: hoy estoy aquí, de aventuras; aprovecho todo lo que puedo, disfruto, mato, me hago rico y mañana... a saber.
El siguiente en aparecer fue Raimundo de Tolosa. Qué contaros de los oriundos de Occitania... Cuando vio a Alejo y éste le contó su propuesta se escandalizó de tal manera que se fue dando un portazo y gritando aquello de que él estaba allí por voluntad del Señor y, como tal, no se avendría a los caprichos de los hombres. Tanto se demoraba entonces la partida que los demás jefes de la expedición le suplicaron que cediera. Raimundo, que era todo corazón, accedió. Como se verá más adelante fue el que más problemas puso para dar el sí pero el único en cumplirlo.
Así partieron en dirección al ahora territorio turco, a la guerra santa y a numerosas y heroicas batallas.
Continúa en: Las Cruzadas III, Hall of Fame de la Primera Cruzada