EL CRISTIANISMO EN ROMA, o la historia de un grupo de grecolatinos que pasaban por ahí.

Todos sabemos que la religión cristiana es una mezcla de elementos judios, griegos y latinos aderezadas con unas gotitas -así como 3/4 del total, que no somos tan originales- de paganismo. No obstante no está de más recordar los inicios y primeros pasos de una tradición que se inicia en la Roma Imperial.


 

EL CRISTIANISMO EN ROMA , o la historia de un grupo de grecolatinos que pasaban por ahí. Artículo enviado por Javi.

 

      Cuando después de largos años de guerras exteriores y luchas intestinas, gruesas y delgadas, Octavio Augusto pacificó el territorio romano, dando fin un período de guerras civiles y guerras preventivas tan en boga hoy en día, tema el de estas que por cierto desarrollaremos en otra ocasión. La calma entonces llegó a todas sus provincias y reinos dependientes. Una de las nuevas incorporaciones a su hegemonía fue el reino de Judea que se contaba como peligroso y muy tendente a la rebeldía. Sin embargo incluso aquí se notó la denominada “pax romana”, en un pueblo poseedor de una fuerte idiosincrasia y una religión que se mostraba bajo los ojos del permisivo paganismo romano tremendamente intolerante e intransigente, y es que hay cosas que no cambian.

               En esta época el sanedrín estaba dialogante con Roma y recelaba de las revueltas nacionalistas pues podrían pagar con un alto coste de sangre judía y terminar con la pequeña independencia que aparentemente mantenían. En este marco se crió Josué, más conocido por su nombre griego Jesús, mal empezamos. Los judíos llevaban esperando muchos años el advenimiento de un rey descendiente de David que les liberara de los pueblos que les habían sojuzgado, babilonios, persas, romanos..., a este le daban los profetas el nombre de “mesías”, palabra hebrea que significa ungido y es que la antigua costumbre judía era la de ungir a los reyes con aceite sagrado. Jesús entonces comienza a predicar la palabra de Yahvé y sus crecientes seguidores le empiezan a reconocer como el mesías que esperan; con este nombre también ha llegado a nosotros aunque es más nombrada su traducción griega de Cristo, mal seguimos. En un principio fue un orador más y las autoridades no se alarmaron en exceso hasta que entró en Jerusalén para celebrar la Pascua judía a lomos de un asno tal y como los antiguos profetas habían descrito que llegaría el mesías. Así se autoproclamó ungido, mesías o cristo como gustéis de llamar. El sanedrín entonces vio en estas acciones un elemento revolucionario, un peligro social e hicieron todo lo posible para que Roma condenara estos hechos. Una vez conseguido y sin meternos en otras consideraciones que las hubo, crucificaron a Cristo y pensaron entonces que su influencia quedaría tan muerta como él.

Constantino el Grande, con cara de fijarse mucho

        Pero sucedió que a uno de sus discípulos según la tradición se le apareció al tercer día y esto en verdad si que era bueno; predicaron su resurrección, promulgaron su palabra y la extendieron a los gentiles -que no por noblotes sino por extranjeros- con más ímpetu y vehemencia que el propio Jesús en vida. El cristianismo entonces cuajó rápidamente en las capas más bajas del imperio debido a un universalismo nuevo y a la promesa de la vida eterna, la pervivencia del alma tras la muerte que tanto recordaba a otras religiones mistéricas ya latentes en el imperio como el mitraismo, el orfismo, los misterios eleusinos y los cultos a Cibeles o a Isis que también proclamaban el ciclo natural de la vida, la muerte y el renacer, el otoño y la primavera, basados todos ellos en antiquísimos ritos agrícolas.        

        No obstante no fue bien recibido ni entre los círculos de poder por la negación que hacían del culto imperial, por lo que eran considerados enemigos y traidores, ni entre gran parte de los intelectuales que la veían como una religión inmovilista, intransigente con las demás tradiciones y algo fanática y muy dogmática (¿les suena?). Por ello alternaron momentos de aceptación y persecuciones, alguna de ellas políticas, otras producto de ¿la locura?, como la de Nerón la cual hizo que aumentara en gran medida su popularidad ante la injusticia del acto.

        Así siguió hasta que con el edicto de Milán en el año del señor 313 se legalizó el cristianismo de manos del emperador Constantino el Grande que astutamente vio como el imperio necesitaba una unidad que le podía facilitar el poder de una iglesia de estas características. Posteriormente en época de Teodosio se convirtió en religión oficial en el año del señor 394. y así hemos seguido hasta ahora, con la Iglesia al servicio del poder cuando no es el poder mismo.

        ¡¡¡ Como debe de ser !!! Dirían algunos.

 

 


 

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