En el año 710 muere Vitiza y la mayor parte de los nobles godos reunidos en democrática asamblea eligen como rey a don Rodrigo, duque de la Bética, mientras los partidarios de la línea natural de sucesión apoyan sin éxito al primogénito del fallecido, Ágila, produciéndose una crisis que aviva la comunidad judía, ante el temer de perder los beneficios obtenidos con Vitiza, aprovechada por los vascones para sublevarse.
Don Rodrigo se instala en el palacio de Toledo y un día observa escondido cómo se bañan las hijas de los nobles enviadas según costumbre a la Corte, fijándose en la única que lo hace completamente desnuda. Se trata de Florinda (a quien los árabes apodaron la Cava, que significa la prostituta), hija del conde don Julián, gobernador de Ceuta, una joven de extraordinaria belleza a la que el nuevo rey trata enseguida de hacer suya. Aquí los historiadores se dividen: unos creen que lo consigue bajo promesa luego incumplida de boda, y otros opinan que ante los muchos reparos de Florinda la viola sin más. El romancero lo explica así:
Florinda perdió su flor,
el rey padeció el castigo;
ella dice que hubo fuerza,
él que gusto consentido.
En cualquier caso queda deshonrada y para lavar la afrenta don Julián facilita, con la indispensable ayuda logística de los judíos, el paso a la península de las hordas musulmanas al mando de Tariq o Tarif ben Ziyad (de él procede el nombre de Tarifa), que pide refuerzos al moro Muza o Musa ibn Nusayr. Éste los envía y con los anteriormente llegados establecen una cabeza de playa en el lugar bautizado como Gebal Tarif o Monte Tarif, actual Peñón de Gibraltar, e inician un lento ascenso aprovechando la vía romana. Don Rodrigo, ocupado en el noreste reduciendo a los vascones, se dirige en agotadoras jornadas hacia las fuerzas invasoras, encontrándose ambos ejércitos en Gualalete el 19 de julio del 711. Los combates duran varios días y el séptimo algunos nobles que habían medrado con Vitiza, se pasan al enemigo seguidos de sus tropas, entre ellos el obispo Opas y Sisberto, jefes de las alas del ejército hispano, diciendo “Ese hijo de puta ha privado del reino a los hijos de nuestro señor Vitiza y a nosotros del poder. Podemos vengarnos pasando al enemigo.” (Texto literal de las crónicas mozárabes)
La derrota de las escasas huestes de don Rodrigo no tarda en producirse, siendo así justificada por estos versos populares:
Llegaron los sarracenos
y nos molieron a palos,
que Dios ayuda a los malos
cuando son más que los buenos.
Hay quienes afirman que muere en la batalla final, no encontrándose su cadáver, si bien otras versiones sostienen que tras ser vencido cabalga abandonado de todos, sin rumbo, hasta encontrar a un ermitaño. El ex – rey le cuenta sus libidinosas culpas y para purgarlas pide ser enterrado vivo acompañado de víboras. Una vez dentro de la tumba, dice contrito aquello de:
Ya me comen, ya me comen,
por do más pecado había.
(La interpretación queda a gusto del lector. En los colegios de hace años les explicaban a los alumnos que aludía al corazón, lugar donde anidan las pasiones, pero muchos sospecharon que la referencia estaba más abajo.)
Don Julián y los demás traidores fueron asesinados por los moros, pues con buen criterio desconfiaban de ellos. De Florinda no volvió a saberse más, si exceptuamos el testimonio de algunos toledanos que aseguraban haber visto su fantasma vagando en el lugar donde por primera vez la viera don Rodrigo.