LEPANTO III. O de cómo, con sin gran quebranto, derrotamos al Turco en Lepanto.

El 16 de septiembre del año de Nuestro Señor de 1571 la escuadra de la Liga zarpó de Mesina –que se encuentra en Sicilia, por si no lo sabían- hacia oriente con la sana idea de buscar al turco, derrotarle, y volver a casita a recoger los laureles del éxito. Cómo iban a lograr tan encomiable azaña era otra cuestión bien distinta. En primer lugar, porque no se tenía ni idea de donde estaba escondido el infiel.


 

LEPANTO III. O de cómo, con sin gran quebranto, derrotamos al Turco en Lepanto. Artículo enviado por Le_Baron.

 

Viene de: Lepanto II, de los hombres y las naves que emprendieron, con sacrificado empeño, tan magna empresa.

El dicho infiel estaba tranquilamente esperando en la ciudad de Lepanto. Para aquellos de ustedes que no sepan dónde está Lepanto –que imagino serán unos cuantos, nosotros mismo incluidos- les diremos que es una pequeña ciudad Griega situada justo al principio del golfo de Corinto, concretamente a pocos quilómetros de Patras(1).

La batalla se libró realmente –como a continuación veremos- en el golfo de Patras. Si se preguntan porqué la batalla se ha llamado “de Lepanto” cuando no se libró “en Lepanto”, no nos lo pregunten a nosotros, que no tenemos ni idea. Podría ser, y sólo es una sugerencia, que alguien decidiese que lo de “La Gloriosa Batalla de Patrás” quedaba así como feo. Pero insistimos en que esto es solo una idea.

Bueno. Estábamos en que la Liga parte a buscar al turco sin saber donde está el turco. Desde que el mediterráneo es mediterráneo las galeras –que recordemos, no es precisamente el más resistente de los buques- han preferido navegar de cabotaje a hacerlo a mar abierto. Si una galera hace eso, doscientas y pico imagen. Así que allá va, sin alejarse mucho de la costa, la escuadra cristiana. A finales de Septiembre llega a Corfú, ya en aguas griegas, y desde allí comienza a bordear la costa hacia el sur, hasta volver a detenerse en Cefalonia(2).

Allí tiene lugar un jocoso incidente. Aprovechando la oscuridad, y de forma artera –no podía ser menos-, un pérfido turco se infiltra, en dos barquitos pintados de negro, en las filas de la escuadra cristiana con el fin –con nocturnidad y alevosía, recuerden- de contar nuestras naves para informar de la potencia de la escuadra a Alí Pachá, el almirante turco. No se olviden de este detalle pues, como veremos luego, la cosa tuvo su graciejo.

Desde Cefalonia la escuadra, que ya sabe que el enemigo está en Lepanto, zarpa hacia el golfo de Patras buscando cerrar al turco la salida a mar abierto. Consciente de esta situación, este acepta el reto y sale al encuentro de los cristianos. Salen algo confiados, todo hay que decirlo, porque el infame espía del que hablamos antes era sin duda un magnífico marino, pero como matemático resultó ser más bien malillo y el día de su incursión se dejó el ábaco en casa, haciendo mal la cuenta de los buques de nuestra escuadra –contó poco más de la mitad de los que había realmente-. Así que los turcos salieron a la mar con la mejor de sus sonrisas.

Ambas escuadras se encuentran no lejos de punta Estrofa. Ambas se asombran del tamaño de la del contrario –nos imaginamos ahora la sarta de collejas que le debieron caer al pobre espía-. Ambas forman para el combate y avanzan la una hacia la otra. En la escuadra de la Liga no reina el mayor de los optimismos, precisamente. No solo los turcos tienen más naves, si no que cuentan con viento a favor, de forma que pueden navegar a vela y sus remeros estarán más descansados en el momento del choque.

Aquí un lector, aquí una batalla

El despliegue de ambas escuadras –bastante similar- sería el siguiente: los cristianos formaron cuatro cuerpos. El central (gallardete azul), al mando del propio Jeromín, estaba formado por sesenta y cuatro galeras; a su derecha Juan Andrea Doria (gallardete verde) manda sobre cincuenta y una; a la izquierda está Barbarigo (gallardete amarillo) con cincuenta y cinco; en reserva se mantiene un viejo conocido nuestro, D. Álvaro de Bazán (gallardete blanco) gobernando treinta galeras; las seis imponentes galeazas se sitúan, por parejas, frente a los tres cuerpos principales. Quedan ocho galeras en misión de exploración que, cuando empiece la fiesta, se unirán a la batalla. También el turco despliega en cuatro cuerpos, aunque los sitúa formando una media luna: el cuerpo central lo manda el propio Alí Pachá, con noventa y cinco galeras y cinco galeotas. A su izquierda está Uluch Alí(3), con setenta y siete galeras y veintisiete galeotas. A la derecha estaba Chuluk Bey (alias Mohamed Sirocco), con cincuenta y cinco de unas y una sola de las otras. En reserva quedaban ocho galeras y todas las naves menores.

Antes de comenzar el combate tuvieron lugar las formalidades de rigor. Una escuadra lanza un cañonazo de reto, que es oportunamente respondido por la otra, tras lo cual se izan los pabellones de combate, se remangan todas las camisas, se lanza el imprescindible escupitajillo en las manos, y comienzan las collejas. Astutamente –por algo era universitario- Jeromín había dispuesto que antes de entrar en combate se serraran los espolones de las galeras cristianas. Esta idea no es tan rara como parece a primera vista, pues en le guirigay que se iba a armar, estos acabarían siendo más una molestia que una ayuda. Además, cuando ambas escuadras están ya próximas la una a la otra cambia el viento, que pasa a favorecer a la Liga, de forma que en lo referente al cansancio de los remeros la cosa queda en tablas.

El pifostio tienen el honor de inaugurarlo las galeazas, que se dedican a cañonear alegremente –doscientos y pico cañones tirando al blanco- al turco a medida que este se acerca. Lograron hundir dos galeras, causaron daño en varias más y desorganizaron la línea de combate del enemigo, pues este comenzó a remar como un descosido para escapar de la tunda que les estaba cayendo. Los turcos ni siquiera intentaron atacar a las galeazas –maniobra suicida con las galeras cristianas tan cerca- y se lanzaron a todo tren contra nuestra línea principal.

Para no fatigar a nuestros lectores con una detallada descripción de la batalla, diremos que le dimos las suyas y las de un bombero en nuestro flanco izquierdo, que en nuestro flanco derecho nos las hicieron pasar canutas hasta que el de Santa Cruz acudió, en plan séptimo de caballería, al rescate y que también vencimos, tras denodado esfuerzo, en el centro. Aquí el combate fue más empeñado que en ningún otro lado pues, siguiendo la mejor tradición caballeresca, las galeras de ambos almirantes se lanzaron la una contra la otra, contando ambas con naves de refuerzo que les iban pasando tropas a medida que continuaba la matanza. Dos veces la Real de Jeromín asaltó la Sultana de Alí Pachá, siendo ambas rechazada, hasta que en el tercer asalto se logró la victoria: Andrés Becerra, capitán de los tercios, natural –no se rían, que esto es muy serio- de Marbella, fue el que arrebató al turco su estandarte, decidiendo así la batalla. A las cuatro de la tarde terminó la batalla: los cristianos habían perdido quince galeras, quedando otras treinta inutilizadas; a los turcos se les capturaron ciento treinta, mientras que noventa y cuatro se habían hundido. Dicho de otra forma, más por lo directo: nosotros tuvimos unos siete mil muertos, y fueron liberados unos doce mil remeros crisitanos. Los turcos, cerca de treinta mil muertos, más cinco mil prisioneros voluntarios para el remo.

Alegoría de lo bien que nos iba a venir la victoria

5.- Consecuencias y conclusiones.

Suponemos, querido lector, que esperará usted que semejante carnicería tuviera unas consecuencias definitivas que justificaran semejante baño de sangre. Si es así, lamentamos decepcionarle. Al poco el turco había reconstruido su flota como si tal cosa –es famosa la frase del sultán “ me han rapado las barbas. Crecerán con más fuerza ”- , ya en 1572 dispuso de una armada mayor que la perdida. La Liga continuó existiendo un año más, pero con pobres resultados. Cada uno de sus miembros opinaba que la campaña debería continuar de la forma que a él más le interesaba –pues yo creo que deberíamos ir a Africa, pues yo creo que a Levante, pero que dices, mira que te meto, a que te meto yo a ti…-, de forma que al final los venecianos, que iban un poco más a lo práctico, acordaron con la Sublime Puerta que el Sultán se quedaba con lo ya conquistado y con 300000 ducados, en tres años, por las molestias causadas, a cambio de no pirañear más terreno. Con esto quedaba disuelta la Liga. Respecto a la lucha en el mediterráneo, tanto Lepanto como el asedio de Malta en 1565 detallaron claramente las respectivas zonas de influencia. Se siguió combatiendo de forma inconexa a lo largo del resto del siglo XVI y durante todo el XVII, pero no tuvieron ya lugar grandes enfrentamientos navales. De hecho no tardaron mucho el imperio turco y el español en redirigir sus esfuerzos hacia nuevas empresas. Los turcos se enfrascaron en continuas y costosas guerras contra Persia, mientras el Imperio Español tomaba una clara dirección atlántica a medida que el lodazal de los Países Bajos comenzaba a hacerse más y más profundo. Pero sobre poner picas en Flandes, la Furia Española y los perros luteranos hablaremos ya en otra ocasión.




(1).- Para los muy meticulosos, concretamente a 14 kms en direccion NNE.
(2).- Como nota cultural para todos ustedes, niños, niñas y militares sin graduación, les diremos que junto a esta bonita isla se encuentra la no menos bonita, e infinitamente más evocadora, isla de Ítaca.
(3).- Este personaje tuvo bastante mala prensa, solo por haber renegado y haberse convertido al Islam. Se ve que en aquellos tiempos lo de cambiar de chaqueta no estaba tan socialmente aceptado como ahora.

 

 


 

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