Viene de: NUMANCIA I O LA FUERZA DEL SINO
3.- Segunda parte de la guerra. Cónsules previos a Junior.
Una de las más interesantes barrabasadas que cometieron los romanos durante la cruzada civilizadora en el occidente hispano tuvo como protagonista al pretor de la hispania ulterior, S. Sulpicio Galba, quien, tras reunir a cerca de 30.000 lusitanos con el pretexto de concederles haciendas y puestos como funcionarios en la administración pública –ya me dirán qué hispano de pro se resiste a eso-, se pasó por la piedra de amolar a 8.000 de ellos y vendió como esclavos a los demás. Algunos lograron escapar, como un tal Viriato, que resultó ser ducho en las cosas de la guerra y les dio las suyas y las de un bombero a los romanos durante cerca de diez años, hasta que éstos se lo quitaron de encima mediante el sutil método de sobornar a algunos de sus oficiales para que lo asesinaran. Esto, aunque parezca que no, viene a cuento, pues en su empeño de reclutar para la cruzada de salvación nacional contra Roma a todos los pueblos hispanos a los que lograra vender la moto, Viriato no se olvidó de mandar emisarios a las tribus celtíberas.
Éstas, viendo cómo Roma recibía collejas de todos los colores a manos de los lusitanos, se apuntaron con alegría al carro de la rebelión –ver nota nº 1 del primer artículo-. Los romanos se tomaron eso de que los celtíberos se levantaran de nuevo en armas bastante mal, así que mandaron a la citerior al cónsul Q. Cecilio Metelo con un ejército de 30.000 hombres. Metelo también era un soldado experimentado –acababa de volver de pasar unos años por Grecia exprimiendo a los macedonios- y comenzó la campaña siguiendo los pasos de Marcelo, hasta tal punto que también estuvo a punto de firmar la paz con los arévacos. Pero a la hora de estampar la x en la línea de puntos, los de Numancia y los de Termancia dijeron que nones, que pase lo de pagar tributo, lo de los rehenes y las demás cláusulas, pero que un celtíbero de pura cepa no entregaba las armas ni “jarto” cerveza, y que, o bien los romanos aceptaban las nuevas condiciones, o seguían los guantazos. Esto sentó bastante mal en Roma –qué groseros, cuando ya estaba todo a punto para la firma y yo tenía encargada la toga nueva, malditos bárbaros, siempre oliendo a choto…-, así que el Senado decidió, con muchos aspavientos y muchas declaraciones sobre su importante labor democratizadora en el occidente mediterráneo, que a partir de ahora con esos tipejos que no sabían respetar sus compromisos no habría más condiciones que la rendición incondicional.
El problema fue que entre 141 y 134 a.C. Roma decidió tirar la casa por la ventana y mandó a Hispania a toda una remesa de torpes incapaces de ver más allá de sus narices, su bolsillo y su carrera política que se fueron comiendo paliza tras paliza. Aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid y que Numancia tiene equipo de fútbol, haremos en clave deportiva un breve resumen de los acontecimientos subsiguientes:
141 - 140 a.C. Quinto Pompeyo 0 – Numancia 1. Tras hacer el canelo por la meseta durante casi un año, pide conversaciones de paz con los numantinos, lo que le provoca un proceso en Roma.
139 a.C. C. Popilio Lenas 0 – Numancia 0. Ni se acerca a Numancia, contentándose con hacer correrías por la meseta norte.
138 a.C. C. Hostilio Mancino 0 Numancia 5. Fracasó en un asedio a Numancia y en la retirada logró que los numantinos coparan a su ejército; tuvo que rendirse tras firmar un tratado en el que equiparaba a Numancia con Roma. Destituido, juzgado y entregado desnudo y con las manos atadas a los numantinos, que se niegan a acogerle.
137 – 135 a.C. Roma 0 – Numancia 0. Los cónsules M. Emilio Lépido, L. Furio Filón y Q. Calpurnio Pisón ni se acercan a Numancia, dando a la ciudad tres años de tregua “by the face”.
Pero no todo estaba perdido para Roma. Las continuas frustaciones, la pérdida de prestigio sufrida –medio mundo mediterráneo, siempre solidario, daba golpecitos con el codo al otro medio y se ambas partes se choteaban disimuladamente de las desgracias de los romanos-, y el alarmante hecho de que, a la hora de reclutar soldados para Hispania, buena parte de los ciudadanos romanos decidieran que el día del sorteo ellos tenían cita con el dentista y que no iban a poder ir, hicieron ver en Roma que era necesaria la elección de un hombre providencial, un salvador de la patria que devolviera el brillo al nombre de la República. Pero esto lo veremos en el siguiente capítulo.
Continua en: NUMANCIA III O DE LA LLEGADA DE JUNIOR