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BACO/DIONISOS, patrón de esta santísima web, ¡¡Evohé!!

Sígannos y lean los primeros pasos de Baco; más que un dios, una manera de ver la vida y comportarse ante ella, dejando atrás elementos culturalmente añadidos y despojando al hombre de conceptos que le atan, que impiden que piense de una manera... ¿más natural? [+]




 

BACO/DIONISOS , patrón de esta santísima web, ¡¡Evohé!!, artículo enviado por Javi.

 

            "Tú eres eternamente niño, tú eres contemplado como el más hermoso en el elevado cielo; cuando te yergues sin tus cuernos, tu cabeza es virginal; por ti ha sido vencido el Oriente hasta donde la India, de color alterado, es bañada por el Ganges en el confín del mundo. Tú, digno de ser honrado, castigas con la muerte a los sacrílegos Penteo y Licurgo, el hacha de dos filos, y arrojas al mar los cuerpos de los tirrenos; tú oprimes los cuellos, engalanados con bridas variopintas, de tu tiro de dos linces. Te siguen las Bacantes y los Sátiros, y el anciano que, ebrio, sostiene sus titubeantes miembros y se sujeta no muy fuertemente al encorvado asno. Por dondequiera que caminas, un griterío juvenil y a la vez las voces de las mujeres y los tamboriles golpeados con las manos y los cóncavos bronces y el boj de amplios agujeros resuenan."
Ovidio, Metamorfosis IV, 15-31.


        Al personaje que nos ocupa, a veces, la gente le llamaba merórrafes, ¿qué significa?: cosido al muslo. Otras atendía al epíteto de pirígenes, esto es: nacido del fuego. En ocasiones lo nombraban como dimétor, el de dos madres. Teniendo en cuenta que una de estas progenitoras era el dueño del muslo, también conocido como Zeus, merece una somera explicación.

        El supremo dios olímpico -todos lo sabemos- tenía un insaciable apetito sexual y, en general, una debilidad por las mujeres mortales, particularizando en las cadmeas. Una de ellas, de nombre Sémele, pasaba por tener una belleza considerable y Zeus la tomó como amante. Su celosa mujer, la incomprensiva Hera, pronto ideó un plan para eliminar a su femenina oponente:

Baco, alabado sea su nombre

        Los dioses tenían curiosas maneras de aparearse entre ellos; Hera, presentándose ante Sémele, la convenció para que pidiera a Zeus que se mostrara en el amor como lo hacía con ella misma, con toda una diosa. Utilizando la poderosa arma de la desconfianza de los amantes, la dijo que, si no se presentaba Zeus de la misma guisa como lo hacía con ella, en realidad en absoluto la quería. Y como a una mujer sólo la comprende otra, máxime si se trata de una moradora celestial, la divina esposa consiguió su propósito.

        Cuando en la siguiente noche el tonante dios se presentó en el lecho de la mortal, se quedó atónito ante la petición de esta: “por favor, Zeus querido, tómame a la manera olímpica. Si no lo haces, señal es de tu falta de cariño hacia mí”. Y, ya sea por demostrar su amor, ya por estar harto de estupideces y desconfianzas, se mostró similar a como lo hacía en los cielos. Se transformó en truenos, rayos y relámpagos, achicharrando a la sorprendidísima mujer. Por supuesto que, ante semejante inmolación, la pobre feneció al momento. Pero sucedía que el potente dios había dejado su semilla unos meses atrás. Rápidamente, y antes de que la desdichada se consumiera, arrancó el fruto de su vientre. En un principio nos imaginamos que no sabría lo que hacer, pero, como ya tenía experiencia con Atenea, decidió adosarlo a su cuerpo; eso sí, no a la cabeza, ya que la diosa de la sabiduría le había provocado espantosos dolores de cabeza. Decidió coserlo a su muslo. De esta manera, Zeus se paseó dos meses por sus dominios, naciendo al cabo un hermoso niño al que pusieron por nombre Dionisos, más tarde conocido como Baco.

        Zeus, como no se podía ocupar de su retoño, se lo entregó a Hermes el cual, a su vez, lo dio en adopción a una hermana de Sémele llamada Ino y casada con Atamante. Le educaron entonces como a una niña. Por poco tiempo pues, ante el miedo que les producía la animadversión de Hera –que con el tiempo comprobarían, ya que los enloqueció para desgracia de sus propios hijos a los cuales mataron-, le volvieron a dar en adopción, esta vez a las ninfas de Nisa.

        Dionisos, ya hecho un mancebo, demostró ser terriblemente útil a la humanidad ya que, por este tiempo, inventa la vid. Pero Hera, que seguía sus pasos, le quitó la razón. Sin cordura abandonó a las ninfas para recorrer diversos países hasta llegar a Frigia, en donde Cibeles le purificó.

El triunfo de Baco. Este cuadro dará que hablar en La Revelación.

        Contaremos antes el encuentro que tuvo, siendo niño, con unos piratas tirrenos que, en mala hora, se cruzaron en su camino: Dionisos andaba plácidamente por la playa cuando, en la lejanía, divisó un raudo velero del cual descendieron varios hombres de caras feroces que, viendo que el chico parecía de buena cuna, le secuestraron. Le subieron sin miramientos al barco y le ataron con fuertes nudos. El timonel, observando que el niño mantenía la compostura y que su mirada era terrible, alertó a sus compañeros en la creencia de que sin duda se trataba de un dios. Cuando el capitán y los marineros más se reían de él y de su presa, empezaron a suceder acontecimientos fabulosos. En el ambiente se empezó a respirar un inconfundible aroma a vino y ambrosía mientras que en la vela empezaba a nacer una enorme viña de la que pendían abundantes racimos. Algunos dicen que Baco entonces se convirtió en un feroz león, otros que de su frente surgieron coronas de uvas y de sus manos una lanza y un tirso, y que, a su alrededor, aparecieron tigres, linces y moteadas panteras. El caso es que los marineros, asustados y sorprendidos, se arrojaron por la borda. Pero no acabaron ahí sus cuitas, sino que incrédulos vieron como de su piel surgían escamas, de sus costados aletas y poco a poco sus piernas se juntaban finalizando su extensión en una marina cola. A partir de entonces serán delfines que se acercarán a las inmediaciones humanas y cantarán sus culpas y desdichas, con la maldición de que nunca les entendamos.

        Después de que fuera purificado, acometió la conquista del Oriente. Y victorioso regresaría para implantar su culto en Grecia. Pero... ¿En qué consistía éste?:

        Básicamente eran ritos de fertilidad, impregnados de desenfreno, sexo y vino. Baco tenía el don de otorgar a sus seguidores, a toda su comitiva báquida la llamada manía , una especie de locura, un delirio producido por el baile y el vino: dulce liberación. Los bacantes estaban formados en primer lugar por Sileno, viejo sátiro continuamente embriagado y mentor de Dionisos, le seguían también las coras, las enloquecidas ménades, las sacerdotales tiadas, y los sensuales faunos y demás sátiros. De estas reuniones se hacía descender ciertos versos y poesía y el teatro.

        Como veis, tenemos muchas cosas que agradecerle a este dios, por lo cual gritemos todos a una... ¡¡EVOHÉ!!

 

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