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Viene de: HÉRCULES VI, los dos últimos trabajos.
Hércules ya se ve libre del yugo de Euristeo, ya se sabe inmortal e invencible. Pero ahora le mueven sentimientos familiares, la dulce vida del esposo. Necesita una mujer y, como es lo que él quiere, no duda que los demás sienten lo mismo. Con éstas parte de nuevo a Tebas y, allí, casa a su querido sobrino Yolao con Megara, ¿la recuerdan? Por los acontecimientos previos, nadie en la ciudad se atrevió a contradecir.
Allí se entera que el rey Eurito, en Beocia, ha prometido dar la mano de su bella hija Íole a quien le venza en dura pugna, a él y a sus hijos, en una competición con el arco. Ya fuera porque la jovencita estaba de muy buen ver, ya fuera por su sentimiento competitivo, el caso es que olvidó su compromiso con Meleagro, allá en el Hades, de tomar por esposa a la hermana de éste: Deyanira. Pues bien, una competición con arco, como hemos dicho, era mucha tentación para nuestro héroe, así que dirige sus pasos a la isla de Eubea. Ni que decir tiene que vence fácilmente a la familia real y, presto, espera su premio: a la dulce Íole. Pero Eurito, previendo que a su hija y a sus posibles futuros nietos caigan bajo la cólera de alguna de las afamadas locuras del Álcida, le niega la mano. Al parecer uno de los hijos de Eurito se puso de su parte, un tal Ífito, que al parecer clamó ante la injusticia que al héroe se le hacía al no darle a su hermana como esposa. El hecho de que se quedara sin mujercita irritó a Hércules sobremanera, pero como estaba pasando por una tranquila y sosegada racha, lo dejó pasar... De momento.
Hércules decidió regresar esta vez a Tirinto para pasar una temporada de relajo. Y coincidió su marcha de la isla con la misteriosa desaparición de los rebaños del rey, cosa no sin importancia como repetidas veces hemos visto. Por supuesto la culpa recayó sobre Hércules.
A Tirinto entonces partió Ífito, para convencerle de que le ayudara a encontrar las dichosas vacas pues tenía experiencia en asuntos cuadrúpedos. Entonces Hércules, que sospechaba que ni su antiguo defensor se fiaba de él, le conduce a las altas murallas de la ciudad para que el muchacho compruebe con sus propios ojos que el rebaño no se encontraba por los alrededores. Ya fuera por Hera que le mandó una nueva locura, ya fuera porque en realidad las robara, ya fuera por que le dolió la desconfianza de la gente hacia él, el caso es que despeñó al pobre chico.
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Hércules y Ónfala, según Goya |
Pero ya se sabe de sobra que, aunque bruto, la culpa y el arrepentimiento hacían rápida presa en él. Y nada para expiar crímenes como la purificación y un buen oráculo en Delfos. Mas, esta vez, no le hacen el mínimo caso y la Pitia le manda a freír espárragos harta ya de él. ¡Ay, pobre muchacha! No sabía que ni el mismísimo Apolo la podría salvar de la furia del héroe. Esto aconteció de la siguiente manera:
-Necesito un oráculo.
-No.
-¿Cómo que no?
-Como que no.
-Pues saqueo el templo.
-No te atreverás, además con eso nada conseguirás.
-Pues aparte de saquear el templo me llevo el trípode y así, yo mismo, pediré y me será dado el oráculo.
-¿Eh? No... No. Para, bruto, por Apolo. ¡Leto divina!
Se debió armar una buena, pues allí apareció Apolo en persona. Hércules ya tenía experiencia en zurrarse de lo lindo con un dios, con el violento Ares, así que cuando vio aparecer al dios de la danza, la razón y todo eso, se debió reír de veras. Pero Zeus volvió a hacer acto de presencia y separó a los contendientes. Por supuesto su mimado hijo humano se salió con la suya, y no sólo no fue castigado por su atrevimiento sino que le fue concedido el oráculo. Ahora bien, Apolo se vio complacido cuando el dictamen fue proclamado, y seguro que con sonoras risotadas partió de nuevo al Olimpo. Hércules sería perdonado siempre y cuando fuera vendido como esclavo.
Y en verdad esto se llevó a cabo, y en verdad las risas de Apolo se oirían aún más altas en los cielos. Pues, es verdad, fue vendido a la reina Ónfala, la bárbara reina de Lidia.
De sus siguientes peripecias, en las cuales se incluye un vergonzante travestismo con juegos de cama, más luchas con extraordinarios seres y enterramientos de famosos personajes hablaremos en el siguiente artículo.
Continua en: HÉRCULES VIII, esclavizado.
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