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Viene de: HÉRCULES VII, en busca de esposa.
Cuando la soberana vio a aquel hombre alto y fuerte, apuesto, poseedor de un vigor más que evidente, enfundado en la piel de un león y con una inmensa maza a sus espaldas, se le debió pasar por la cabeza toda una serie de obscenas imágenes: todasrealmente muy apetitosas. Pero, al ser Ónfala dueña de una mente juguetona, el sueño que triunfó fue en el que se le ocurrió tornar los papeles. A partir de ese momento ella sería la portadora de las armas del álcida mientras que este se vestiría con prendas femeninas y aprendería oficios poco aptos para el uso de un guerrero. De esta manera conoció el arte de la rueca, hilado y huso.
Desconocemos si este juego proseguiría en la cama, y si continuó, ignoramos como pudieron tener un hijo. Lo que sí sabemos es que, cuando se torcieron las cosas y la reina necesitó de un brazo fuerte, no dudó ni por un momento en devolver armas y pelaje a su anterior dueño.
En una de éstas, estando Hércules a la manera masculina por la ropa que portaba y por la siesta en que se hallaba entretenido a la sombra de un olivo, por allí aparecieron dos hermanos, afamados por tener una fuerte inclinación hacia lo ajeno, que intentaron apoderarse de sus armas. Eran conocidos como los Cércopes. Mucho sigilo intentaron poner en su empresa mas no fue suficiente. El héroe, rápido como una centella, se levantó y aprisionó a los ladrones atándolos a una larga y gruesa rama. De esta manera, y como si llevase dos pequeños fardos, cargó con la vara al lomo y se los llevó de allí mientras pensaba en el castigo que le propinaría. Colgados los hermanos boca abajo como estaban y con el vaivén que el terreno y el peso producían en el andar de Hércules, les fue imposible dejar de ver parte del hercúleo cuerpo, en donde la espalda pierde su nombre, cuando su desvergonzada piel de león dejaba entrever sus recatos. La primera reacción de los Cércopes fue de un miedo atroz: su madre les había predicho quese guardaran de alguien con las posaderas negras, pues algo terrible les pasaría. Después se abandonaron a la risa. Como las carcajadas iban a más y no parecían tener fin, Hércules se interesó por la causa de ese repentino ataque de buen humor estando como estaban en situación tan poco alegre. Los hermanos, con hilaridad extrema, le contaron sus preocupaciones y la predicción materna. El álcida entonces, y mirando la densa pelambrera de pelos que recubrían el inicio de sus piernas, comenzó a reírse con tantas ganas que perdonó a tan simpáticos hombres.
Hércules, en los tres años que duró su estancia en Lidia, libro a la región de numerosos bandidos y diversas fieras. Además, se mostró fiel abandonando o no participando en dos de las empresas colectivas más afamadas en los cantos de los aedos: la de los argonautas y la de la cacería de jabalí de Calidón. Todo esto le valió para que Ónfala le facilitara la libertad.
La época siguiente la emplea en cobrarse cumplidas venganzas de hechos anteriores.
La primera de todas es una expedición a Troya, ya se dijo la causa. Le acompañan otros héroes y numerosos guerreros. Tras un período de asedio, el eácida Telamón abre brecha en las murallas y tiene el honor, y la estupidez, de ser el primero en introducirse en la ciudad. Esto a Hércules no le hace la más mínima de las gracias, y presto acude ante la presencia de Telamón con asesinas intenciones. El eácida que le ve venir, humildemente y con la mejor de sus genuflexiones, le comunica con lisonjeras palabras que su prisa se debía a querer ser el primero en honrar al prominente hijo de Zeus con un altar. Esto complace a Hércules tanto que, una vez acabada la batalla y habiendo dado muerte a Laomedonte y a todos sus hijos salvo uno, le ofrece, con doble intención nos tememos, la mano de Hesíone, ¿se acuerdan?; incluso les ofrece como regalo de bodas quedarse con el prisionero que elijan. Ella no se lo piensa y selecciona a su propio hermano, único sobreviviente real, a Podarces, después conocido como Príamo.
A la vuelta ocurre una de estas cosas por las que tan humorísticos y tan humanos se nos muestran los dioses: a Hera, en su enfermiza persecución, no se le ocurre otra cosa que mandar una terrible tempestad que embravece las aguas al regreso de Hércules. Zeus, harto ya de su mujer, la agarra, la voltea y la cuelga así, patas arriba, del Olimpo, como si fuera un jamón.
El siguiente personaje escrito en la siciliana lista es Augías. En plena lucha tiene la desgracia de caer enfermo y se ve obligado a posponer la empresa. Será seis años después cuando consiga derrotarle y matarle.
Entre tanto siempre tenía a Neleo en sus oraciones, ya que no le quiso purificar cuando dio muerte a Ífito, obligándole a ir al Delfos y a armar la que montó, recuerden. Pues bien, llegó la hora de la venganza, la hora de la toma de Pilos, la hora de la muerte de Neleo y los neléidas, de todos salvo Néstor que, ausente, se perdió la fiesta. Pero como no podía ser de otra manera en relación a este asunto, no sólo causa estas humanas muertes, no, ni mucho menos. En ayuda de los pilios habían acudido Ares, Hera y Hades, en mala hora. Ares dio con los huesos en tierra herido en el muslo; a Hera le da un tajo en su pecho derecho, del mismo que había sido arrojado en su infancia, tomando justa venganza por ello; Hades también queda maltrecho y no queda peor gracias a que se escabulle con su famoso casco.
Los hijos de Hipocoonte, rey de Esparta, habida cuenta que habían prestado ayuda a Neleo, eran, pues, los siguientes objetivos. Tras algunas peripecias logra su objetivo, matando a padre y a hijos.
Tras estos baños de sangre se acuerda de su compromiso con Meleagro y del pacto matrimonial acordado entre ambos. Parte entonces hacia Coridón, en busca de la mano de Deyanira. Pero nada es fácil en la vida del héroe, y se encontrará con que hay otro aspirante, contrincario magnífico, el río más caudaloso de toda Grecia será su oponente. De su lucha se hablará largo y tendido en el siguiente capitulo
Continua en: HÉRCULES IX, entre peleas, bodas, infidelidades y violaciones.
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