Viene de: HÉRCULES IV, un paréntesis en sus trabajos: la primera guerra de Troya.
Tiempo era de realizar la décima prueba, y así se lo comunican. Consistía en robar las vacas de Gerión y llevarlas vivas a Micenas. Empresa fácil si no fuera por dos nimios detalles: primero, que el dueño del rebaño, pastoreado por un tal Euritión y el perro de dos cabezas Orto, era un ser monstruoso, poseedor de tres cuerpos en uno; segundo, que pacían tranquilamente en una tierra ignota, allá por el actual Cádiz, en una isla llamada Eritía.
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Vasija representando la lucha de Hércules contra Gerión |
Hércules se puso en camino. Cuando, atravesando África según algunos (*), llegaba a su destino, se fijó en que el Mediterráneo estaba aislado del océano Atlántico por una masa de tierra que unía Europa con el continente africano. No sabemos la razón, ni nos imaginamos lo que al hijo de Zeus se le paso por la cabeza; el caso es que decidió que estas cosas no podían permanecer de aquella manera. Así es que, con un pequeño esfuerzo, separó ambos territorios con la fuerza de sus brazos, mezclándose ahora las aguas del mar y del océano, y a ambos lados dejó dos inmensas rocas que nos recuerdan su paso: “las columnas de Hércules”. Fatigado como estaba por esta demostración y presa del calor sofocante que por esos lares reina, se tomó muy a mal que el Sol le castigara con tanta inmisericordia y se lo recriminó apuntándole con su arco –por favor, vuelvan a hacer un ejercicio visual e imagínense la estampa- Y le hubiera disparado de no ser porque el dios solar, divertido pues él sí que contempló la situación, no le hubiera premiado con una vasija de oro que le sirvió de barco para que llegara a la isla de Eritía por mar. Una vez que llegó al destino, mata de un mazazo al perro bicéfalo e igual suerte corre el pastor. Reúne a las vacas e intenta partir con rapidez, pero Gerión, avisado, acude raudo a impedir el robo. Hércules no sabe cómo podrá matar a alguien así, con tantos cuerpos, y se le ocurre que tal vez, si le dispara una flecha cuando el monstruo esté de costado, le atravesará los tres troncos. El caso es que, efectivamente, lo mató. Recogió las vacas y las condujo a la vasija poniendo rumbo a Tarteso, y desde allí regresó a Grecia atravesando los Pirineos e Italia.
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La muerte de Gerión a manos de Hércules, según Zurbarán |
Por supuesto que en el camino de vuelta acaecieron numerosas aventuras: después de matar a un par de hijos de Posidón -para variar- tuvo su celebre encuentro en Italia con Caco, famoso gracias al empeño de Virgilio de trasmitirnos las leyendas sin interferencias políticas. Era éste un ser terrible, también poseedor de unas cuantas cabezas y que respiraba humo y llamas por la nariz -suponemos que por ser hijo de Vulcano-. Caco roba algunas vacas, y para que Hércules no se entere donde las lleva, las hace... ¡andar al revés tirándolas de los rabos! Por supuesto el Álcida, ante tamaña muestra de ingenio, no da con su paradero. Pero ya dijimos anteriormente que tenía un sentido del olfato acorde con su musculación, y así, a fuerza de oler, las siguió el rastro. Por fin llega a la cueva y la destroza, matando a Caco en su interior. Y si de dar muerte hablamos, también acaba con la vida de Erix en Sicilia –adivinen de quién era hijo-, capturando este territorio para sus futuros descendientes. Si viajan algún día a esta isla, acuérdense de visitar el monte donde supuestamente se le enterró, y el templo que lo corona, el de Venus Ericina. También tuvo sus problemillas con Hera, cómo no, y es que ya en suelo heleno la diosa, en una muestra de su gran humor, envió unos cuantos tábanos para que camparan a sus anchas y se cebarán con el rebaño. Las vacas se espantaron y se desperdigaron a causa de las molestas picaduras. A Hércules no le quedó otra que ir buscándolas una por una hasta lograr de nuevo reunirlas.
Por fin llegó a su destino y se las entregó a Euristeo, el cual las sacrificó a Hera.
Los diez trabajos estaban cumplidos por fin, Hércules ya se veía liberado del yugo de Euristeo e inmortal. Pero su alegría se truncó rápidamente en cuanto le comunicaron que dos de sus trabajos no eran validos, a saber: el quinto, pues recibió dinero por realizarlo, y el segundo, por haber sido ayudado por Yolao, a lo que contestó el álcida que la hidra también había tenido ayuda, del dichoso cangrejo que con saña picoteaba los pies del héroe. Pero por muchos lamentos e imprecaciones que lanzó todo fue inútil. Se le marcaron otros dos. Y así tuvo que partir de nuevo a un largo viaje, esta vez al jardín de las Hespérides, a encontrarse con Prometeo y a engañar a Atlas, que sobre sus fuertes hombros sostenía la bóveda celeste.
(*) Otras fuentes contemplan la posibilidad que realizara su viaje de ida exclusivamente por Europa, y bajando por los Pirineos se alojara con los Bébrices –primitivos catalanes-, en casa del rey Bébrix y teniendo amores con su hija llamada Pirene. La muchacha, nueve meses después dará a luz una serpiente, huyó aterrorizada a los montes próximos en donde encuentra la muerte despedazada por las alimañas. Cuando Hércules vuelve parte en su busca y la encuentra ya muerta. La entierra entonces en esas montañas que a partir de entonces se llamarán Pirineos en honor a Pirene. Un buen artículo acerca de este trabajo lo podéis encontrar en: http://www.celtiberia.net/articulo.asp?id=1599
Continua en: HÉRCULES VI, los dos últimos trabajos.