Pues según la mitología griega el culpable de todo el progreso es Prometeo –el que va delante, prudente y previsor-, e hizo honor a su nombre de pelotas.
|
Prometeo, el primer visionario |
Su historia es sencilla: hijo del Titán Jápeto y de una Oceánide, se unió fraternalmente a los incipientes humanos -hay quien afirma que los creó él mismo a base de barro...- los cuales por aquel entonces, y según Hesíodo, estaban en plena edad de plata. No contento con hacerse amigo de semejantes seres, se dispuso a darles consejos y a ayudarles en la medida de sus conocimientos. En una muestra de inocencia sin precedentes, inventó -o robó- el fuego de la fragua de Hefesto y se lo ofreció a los hombres para que iluminaran sus vidas, trabajaran y salieran adelante. Ni que decir tiene que para un griego, cuya visión del mundo era antropomorfa y demasiado optimista, este fuego significaba la sabiduría y otras tantas cosas en su mayoría positivas –léase, si se atreve, el “Protágoras" de Platón-, y es de entender que le pusieran el nombre de “clarividente” a su benefactor. Mas estamos completamente en contra de tal visión, y lo vamos a explicar:
1ª-El fuego sirvió para iluminarles en todos los sentidos, los hombres entonces progresaron y surgieron nuevos inventos que la mayoría de las veces sirvieron para esclavizar a sus semejantes y muy pocas para hacer la vida mejor y más cómoda. El fuego entonces alumbró fraguas en donde todos gozosos empezaron a trabajar duro.
2ª-Zeus se enfadó mucho ante esta muestra de desprecio hacia su poder y su decisión –en realidad, creemos firmemente que vio la faena que les hizo Prometeo y le dolió que no le hicieran caso-, y se vengó cruelmente mandándoles a ....
|
Pandora, con cara de pensar algo nada bueno |
3ª-... mandándoles a Pandora -todos los dones, los regalos-. Así, en efecto, se llamó el castigo, y así la nombraron porque en ella los dioses pusieron muchas virtudes; el Cojo la torneó, la Chipriota la dio belleza, el Ratón la obsequió con la danza, la música y manos sanadoras, el Mensajero la enseñó a adular y a engañar, la Lechuza la vistió... y le entregaron muy taimadamente una cajita sin decirle lo que contenía, con unas instrucciones precisas para que no la abriera; mas, ay, contaban con que no la habían adornado con la falta de curiosidad precisamente, como veremos más adelante. Hay quien dice que fue la primera mujer y, al igual que la Eva de la Biblia, la culpable de todos los males y pecados; nosotros no seremos, sin embargo, quienes piensen en la mujer como semejante azogue. El caso es que, la que fue objeto de tantos regalos, fue dada a su vez como regalo a Prometeo y éste, que no era tan tonto, la rechazó, no oliéndose nada bueno en ello. Pero quiso el destino que tan sagaz filántropo tuviese un hermano, Epimeteo –el que va detrás, imprudente-, que era como su nombre indica a todas luces falto de las mismas, y quisieron las parcas que éste sí la aceptara. Numerosas veces pidió Prometeo a su hermano que la rechazara, pero poco caso le hizo; tan contento estaba con su nueva compañera. Pero un buen día el cosquilleo que Pandora sentía cada vez que pensaba en la caja y en su desconocido contenido se hizo fuerte, no contuvo todos aquellos interrogantes y, con ellos a cuestas, se acercó al cofre para aliviar el lascivo peso que a duras penas aguantaba. Y fue entonces cuando lo hizo: levantó la tapita; y fue entonces cuando descubrió con mudo horror el contenido: escaparon de allí la ira, violencia, engaño, injusticia, creo que también políticos y banqueros, la tristeza, la pobreza y todos los males que hasta ese momento los humanos desconocían; y fue solo entonces cuando, descubriendo su error, volvió a cerrar la caja con tan mala suerte -también esta había escapado- que lo único que quedó en el continente fue la esperanza, que ya se sabe que es lo último que se pierde.
Y a partir de entonces ya tuvimos progreso completo y todo vino rodado.