|
Hace ya tiempo que ha caído la noche. De nuevo nos encontramos paseando por las tumultuosas calles del barrio rojo de París, entre los sex-shops y los sórdidos bares de Pigalle. Nuestro hotel queda cerca de allí, y lo que una vez fue una simple escapada nocturna ya se ha convertido en un hábito. Tras salir del Nashville Club, dejamos atrás el Moulin Rouge y nos internamos por una callejuela apenas iluminada, entre el vocerío de un grupo de borrachos que celebran su desgracia a empujones.
La puerta chirría levemente al abrirse y somos recibidos por una bofetada de calor y perfume barato, mientras entornamos los párpados hasta acostumbrarnos a la penumbra, levemente rota por débiles luces de tonos rosados. Pesadamente, apoyamos nuestro cuerpo en la barra y pedimos lo de siempre. La bebida de siempre, al camarero de siempre, que nos mira con la misma frialdad de siempre. Y cuando nuestro tercer vaso está a punto de vaciarse, aparece ella. No es la primera, ni la segunda… ni la décima vez que la vemos. De hecho, si estamos allí es por ella.
Roxanne, mujer de mala vida. Roxanne, chica de la noche, cuyo nombre real desconocemos. Sólo sabemos que eligió su nombre de guerra en homenaje a la novia de Cyrano de Bergerac. Roxanne, hembra de moral laxa… pero no nos importa. Porque, si estamos allí, es por ella.
Cansada, acalorada, se percata de nuestra presencia. No le incomoda, pero tampoco le llena de alegría. Sabe que, una vez más, tendrá que escuchar nuestra milonga habitual, o cualquier variación de la misma. Pero el negocio es el negocio. Si invitamos a copas nos escuchará, como haría con cualquier otro. Pedimos la cuarta para nosotros, la enésima para ella, y nos lanzamos al abismo de las palabras y los sentimientos.
Su rostro no cambia mientras insistimos. Aquél no es lugar para ella, no es oficio para ella. Nadie debería obligarla a ponerse ese vestido, a salir de noche buscando dinero escondido en la lujuria de cualquier bala perdida. Pero a ella poco parece importarle. No se plantea si lo que hace es correcto o no. Simplemente es su trabajo, y así nos lo hace saber mientras pedimos otras dos copas. Pero a nosotros nos mortifica.
No queremos hablarle con desprecio y, a pesar de conocer la inutilidad de nuestras palabras, no podemos evitar decir lo que sentimos. No queremos compartirla con nadie más, no queremos que siga por ese nefasto camino que emprende noche tras noche, desde antes del ocaso hasta poco después del amanecer. No, ese no es el camino correcto, ni para ella ni para nosotros. Juramos, a ella y a nosotros mismos, que ésta será la última vez que lo repetiremos. Pero Roxanne sólo altera la inexpresividad de su cara para sonreír con cierto rictus de desdén.
Apuramos los restos del empañado vaso y nos despedimos para seguir, una vez más, direcciones opuestas. Nosotros, hacia la ahora silenciosa callejuela donde empiezan a filtrarse los primeros rayos del sol parisino. Ella, hacia el interior del local, donde un hombre de facciones desencajadas y ojos enrojecidos espera.
Mientras el frío de la mañana se agarra a nuestros huesos, volvemos lentamente al hotel pensando en lo inútil de nuestras palabras. De nada ha servido rogar. La luz roja de su cuartucho seguirá encendiéndose a pesar de nuestras súplicas, a pesar de confesar que estamos enamorados de ella. Y volvemos a jurarnos, esta vez ya sólo a nosotros mismos, que no volveremos.
Al menos hasta que caiga la noche.
Roxanne, The Police:
"Roxanne
You don't have to put on the red light
Those days are over
You don't have to sell your body to the night
Roxanne
You don't have to wear that dress tonight
Walk the streets for money
You don't care if it's wrong or if it's right
Roxanne
You don't have to put on the red light
I loved you since I knew you
I wouldn't talk down to you
I have to tell you just how I feel
I won't share you with another boy
I know my mind is made up
So put away your make up
Told you once I won't tell you again
It's a bad way
Roxanne
You don't have to put on the red light
Roxanne
You don't have to put on the red light"
IR A LISTA DE ARTÍCULOS DE LOS 50 |