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Lo cierto es que no recordamos cuándo fue la primera vez; ésta se pierde en la noche de nuestros tiempos, y ha formado a pasar parte de una mitología personal que cambia, proteica, y que se ensancha en el recuerdo. Nos gusta pensar que la primera vez que la escuchamos fue un día gris de lluvia, una tarde de viernes en la que, entumecidos por la lluvia que caía sobre un parque, nos refugiamos en un garito cualquiera. El humo se enseñoreaba del local y una tibia luz contrastaba con el mal tiempo de fuera, de modo que nos pedimos algo y nos sentamos en una mesa a esperar que pasara el temporal. Y sobre el escenario, unos tipos protagonizaban una actuación, su habitual actuación de viernes por la noche.
Nos gusta fantasear, claro está, que los tipos en cuestión eran nada menos que los Dire Straits, y que Mark Knopfler, aún sin cinta en la cabeza, aún con pelo, joven, nos miró un par de veces entre frase y frase de Sultans of Swing . Pedimos otra, y otra, y la canción no acababa, porque de todos es sabido que en directo se alarga hasta más allá del cuarto de hora. Y entonces llegó el punteo final, soberbio, celestial, inmejorable, que sube como una marea y que acaba anegándote en un mar de irrealidad, que en seguida te produce la certeza de que ya siempre estarás oyendo esa música.
Cuando salimos, la lluvia se había aplacado, el parque goteaba farolas mojadas y bancos impracticables. Y nosotros, nos gusta pensar —aún a sabiendas de que eso no ocurrió nunca—, volvimos a casa, a cualquier casa, cruzando las calles de una ciudad inexistente, imaginaria.
La lógica nos indica que la primera vez que realmente escuchamos Sultans of Swing (del disco Dire Straits , 1978) tuvo que ser en la radio, a principios de los ochenta, y que de algún modo esta música fue perviviendo por los túneles de nuestra adolescencia hasta llegar indemne, aún con vigor y digna de ser escuchada, a esta edad en que nos hallamos ahora, la llamemos como la llamemos. ¿Aún con vigor? Para qué engañarnos: con más vigor que nunca desde que nos enteramos de que Dire Straits significa “Situación Desesperada” y de que Sultans of Swing narra la historia de cómo alguien entra a un tugurio, un viernes por la noche en que el parque es asolado por la lluvia, y escucha a unos tipos que han logrado la excelencia, la verdadera excelencia, con un par de guitarras y poco más. Los tipos se despiden: “Por cierto, somos los Sultanes del Swing”.
Pues eso, que en esos cinco minutos se hallan concentrados todos los sueños.
SULTANS OF SWING
Dire Straits
You get a shiver in the dark
It's been raining in the park but meantime
South of the river you stop and you hold everything
A band is blowing dixie double four time
You feel all right when you hear that music ring
You step inside but you don't see too many faces
Coming in out of the rain to hear the jazz go down
Too much competition too many other places
But not too many horns can make that sound
Way on downsouth way on downsouth london town
You check out guitar george he knows all the chords
Mind he's strictly rhythm he doesn't want to make it cry or sing
And an old guitar is all he can afford
When he gets up under the lights to play his thing
And harry doesn't mind if he doesn't make the scene
He's got a daytime job he's doing alright
He can play honky tonk just like anything
Saving it up for friday night
With the sultans with the sultans of swing
And a crowd of young boys they're fooling around in the corner
Drunk and dressed in their best brown baggies and their platform soles
They don't give a damn about any trumpet playing band
It ain't what they call rock and roll
And the sultans played creole
And then the man he steps right up to the microphone
And says at last just as the time bell rings
'thank you goodnight now it's time to go home'
And he makes it fast with one more thing
'we are the sultans of swing'
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