SILENCIO... QUE CANTA DON CARLOS CANO.

“El cantautor Carlos Cano ha muerto a las 5,30 horas de esta madrugada a causa de un paro cardíaco en la Unidad de Cuidados Intensivos del Hospital Universitario San Cecilio de Granada, donde fue intervenido quirúrgicamente de una rotura de aorta el pasado 28 de noviembre, informaron a Efe fuentes hospitalarias”. (1)


 

SILENCIO... QUE CANTA DON CARLOS CANO. Artículo enviado por Capayespada.

FICHA TÉCNICA:

DISCOGRAFÍA:

1975.- A duras penas
1976.- A la luz de los cantares
1978.- Crónicas Granadinas
1980.- De la Luna y el Sol
1981.- El gallo de Morón
1983.- Si estuvieran abiertas todas las puertas
1985.- Cuaderno de coplas
1986.- A través del olvido
1987.- Quedate con la copla
1988.- Luna de Abril
1989.- Ritmo de vida
1990.- En directo
1992.- Mestizo

1994.- Forma de ser

1995.- Algo especial
1996.- Chiclanera y otros grandes éxitos
1996.- El color de la vida
1997.- Grandes Canciones
1998.- Diván del Tamarit
1999.- La copla, memoria sentimental
2000.- De lo perdido y otras coplas
2001.- Que naveguen los sueños (Disco póstumo de dúos de sus grandes éxitos con los mejores artistas)
2006.- Una vida de copla
Todo sobre música en: DVDgo
Página oficial: No existe en la actualidad.

 

Así o con similares expresiones, -apuntes de parecidas palabras-, se pudo leer y escuchar la noticia por las cuatro esquinas distantes en kilómetros, aunque cercanas en sentimiento, de todo mi país, un día ya suficientemente lejano y muy triste de hospital también para el que escribe este artículo. A partir de ahí se me ocurrió…, ya veis, me dio por pensar, que Carlos Cano no había callado en ese instante, -al igual que no calla ninguno de los seres que amamos y sentimos próximos pese a su ausencia-, sino más bien que comenzaba a cantar con más presencia y más fuerza, abiertamente declaradas, ante una muerte implacable que lo llevaba muy pronto y una vida que seguía, ya sin él, hacia delante, siempre hacia delante a pesar de todo, que así ha de ser, para hacerle un hueco preciso y merecido a su recuerdo, recuerdo de hombre bueno, de cantor grande de la copla nuestra. Porque es verdad que la vida continúa por mucho que la muerte la visite y hasta habitualmente le robe, siempre a destiempo, siempre con pena inoportuna y terrible, pedacitos por nosotros muy queridos. A mí me parece que, afortunadamente, siempre triunfa la vida a pesar de los golpes y las penas, -aunque se nos cambie de manera imprevista en ciertas ocasiones, aunque a veces hasta nos duela-, por encima de todo y pese a la muerte oscura, desconocida, indescifrable, ladrona habitual de oficio de nuestros cariños más próximos, y también, cómo no, triunfa en los abriles claros de enorme luna de una primavera amanecida, esplendorosa, que nos dejó escrita y musicada Carlos Cano a la perfección, como sólo él sabía y podía hacer.

Así pues…, ¡silencio!… que canta don Carlos Cano

“Abril para vivir / Abril para cantar / Abril flor de la vida al corazón / Abril para sentir / Abril para soñar / Abril la primavera amaneció…”

Granada lo vio nacer un 28 de enero de 1.946, y Granada se ilumina y se emociona, todavía y ya para siempre, con su voz a cada canción que le escucha; a cada copla, entre arpegios de guitarra, que rendida y embelesada le atiende; a cada toná que le adivina, que le presiente sutil entre el Darro y el Genil de su geografía hermosa, entre las estancias magníficas del excelso palacio nazarí de la Alhambra o el Sacromonte y la Plaza de la Trinidad o Puerta Real; en el Albaicín o el Realejo..., por la Plaza del Triunfo, la de Mariana Pineda o la de Santo Domingo… Granada lo vio nacer y España entera lo sintió morir por un segundo y traicionero mal envite de la aorta, un 19 de Diciembre de 2.000, pórtico oscuro de Navidades tristes. A las puertas de un nuevo milenio que, impertérrito, sumaba el mundo.

¡Silencio!… que canta don Carlos Cano

“La luna fue en Abril / En Abril fue el amor / Que un día entre las rosas despertó / Toda la ciudad de flores se llenó / Dejando por el aire esta canción…”

Ymecido ya en su ritmo como Granada toda, me siento caminar, -aunque ahora en la distancia y sobre el papel que emborrono con palabras escribiendo este deseado artículo-, por esa ciudad mora tan española de feria en el aire y clavel rojo y reventón en las ventanas. Y se me llenan las pisadas, los andares, sin remedio, de Andalucía luminosa por esa Granada de leyenda; tu Granada, Carlos Cano; y el alma se me abarrota de tus coplas hasta que ya no me caben y las tengo que ir cantando una tras otra para que me dejen espacio aquí dentro a otros sentimientos…, y es entonces cuando se me colman los instantes de pasión flamenca, de poesía y misteriosos cuentos, de sueños de amor y de gloria en esta andaluza tierra por la misma Gran Vía, por Cárcel Baja o Alcaicería, al cobijo de una Catedral que es iglesia renacentista por excelencia, mole preciosa de piedra vieja, ejemplo de arquitectura sacra. Y es como si el propio Carlos Cano y yo la contempláramos al unísono, maravillados ante su belleza de piedra robusta y permanente, porque siento que desde una abierta y próxima ventana, una radio lo recuerda en la voz de María Dolores Pradera, colosal señora de la canción, en esas prodigiosas Habaneras de Cádiz que, además, poseen entre la melodía inspirada del artista granadino, una muy afortunada letra del poeta, escritor y periodista sevillano Antonio Burgos, también hombre de mucho arte en la palabra.

¡Silencio!… que canta don Carlos Cano

“Como una golondrina por el mar se perdió / Como una golondrina el amor se llevó / Y me dejó el dolor para cantar / Y la luna de Abril para olvidar…”

A Carlos Cano le brotaba la copla desde dentro hacia fuera con precisión de artista grande, con ese pálpito sureño que la hace más bella, pero con diferentes ritmos al aire audaz de su inspiración, de su sabiduría y su voluntad. Tan pronto su copla era y sigue siendo eso, aunque renovada, copla en su más pura esencia, como tiempo atrás por las radios de mi infancia aún se escuchaba casi a cada instante, como habanera genial que nos acerca el son marinero de los que al Caribe marchaban desde ese Cádiz blanco de malecón atlántico y Caleta, -bella tacita de plata-, o a ese Cádiz blanco volvían en otros tiempos antiguos y aún coloniales; como su copla es, también, dulce fado embriagador envuelto en buen vinho verde y en saudade próxima por portuguesa, que se desparrama, entre las íntimas y estrechas cuestas de un Alfama lisboeta que se me lleva el sentir hacia los melancólicos sueños que rimara Fernando Pessoa más abajo, hacia la inmensa Plaza del Comercio que mira al Tajo en su desembocadura anchísima…; como su copla se vuelve tango revelador del sufrimiento de las heroicas madres de una enorme y vital Plaza de Mayo bonaerense de Casa Rosada enfrente de sus miradas dolidas, sacudida por el vértigo nefasto de unos ruidosos sables dictadores, locos, cobardes y asesinos…, o íntimo y reposado tango, igualmente, a la luz maravillosa de una Luna de Abril que suena tan porteña en sus compases como medio perdida entre las tabernitas de La Boca, a la sombra inigualable de esos vivos colores estampados en la madera antigua y exterior de las casitas humildes de la calle Caminito, tan corta, tan grande, -cómo se me viene, ahora, tan veloz a la memoria-, la del tango que inmortalizara Gardel; como se hace, su copla, chirigota graciosísima, blanca por carnavalera y gaditana, aunque profunda y mordaz en su crítica social, en una murga de currelantes que ni pintá para las fiestas de febrero de la blanca ´tacita` sureña que mira de frente, no obstante, al África cercana y pobre en su mayoría , enferma, hambrienta, olvidada... pero aún bella.

¡Silencio!… que canta don Carlos Cano

“Aquel lucero azul / De tu boca la flor / Se levantó con el amanecer / donde se muere el mar de mis ojos te amé / Y a tu cuerpo de alondra me abracé…”

Carlos Cano, -trabajador incansable de la música y antes emigrante en Cataluña, como albañil, o hasta fuera de España como mozo de hotel en Suiza y trabajador de imprenta en Alemania, o incluso marinero en los Países Bajos-, era así, único y diverso en sus eternos aires de copla. Único y diverso como la geografía de su tierra, desde el desierto cautivador al vergel extraordinario que enamora; desde la llanura o la playa extensa de arena fina hasta las altas y agrestes serranías de pura roca viva y bandoleros de leyenda, y el esplendor de sus pueblos mimosamente encalados a la luz de un día blanco sin fin; y cuando llega la noche, mágico embrujo, la noche es blanca también. Único y diverso como el inmenso arte de Andalucía en la música: soleá, fandango, petenera, serrana, martinete, saeta…, tantos palos diferentes que atrapan nuestra atención y nuestro sentimiento y nos dejan presos de su fuerza; único y diverso como las tonalidades de azul o verde de los mares andaluces que varían en función del clima y hasta de nuestras íntimas sensaciones; único y diverso como es el cielo andaluz, cielo azul o cielo gris de mil gamas diferentes cuando hay tormenta en la atmósfera o cuando hay tormenta en el alma, o rojo como la sangre que es la vida cuando el sol sale o se esconde por la línea distante del horizonte…; también único y diverso como la hermosísima mujer sureña de mis más escondidos, apreciados y secretos sueños…

¡Silencio!… que canta don Carlos Cano

Abril para vivir / Abril para cantar / Abril la primavera floreció / Abril para sentir / Abril para soñar / Abril para encontrar un nuevo amor…”

Siempre que escucho a Carlos Cano, además del placer que me produce su música, se me llega a la memoria un encuentro con él tan casual como efímero, en las ya casi históricas dependencias de lo que fue en origen Radio Madrid, hoy Cadena Ser, en la madrileña Gran Vía, 32. Hacía yo en aquel lugar alguna gestión que al caso no viene comentar, cuando de uno de los estudios, tal vez de Radio Olé o de Cadena Dial, surgió su figura físicamente grande, rotunda, contundente, y apenas a unos centímetros de mí pasó con cierta prisa, rodeado de dos o tres periodistas de la radio y tal vez su representante que lo acompañaban hacia la salida. Él, muy alto ymoreno, de buena presencia, conversaba con aquellas personas cuando uno de ellos, al despedirle le deseó: “Lo dicho Carlos, hasta siempre y ´mucha mierda`”. Ya es comúnmente sabido que ésa es la forma en la que, en el mundo de la farándula, se desea suerte a quien se admira y se estima. Todas aquellas personas y hasta yo mismo estábamos muy lejos de saber que la muerte le rondaba y le rendiría imprevista y temprana visita al artista en no muchos meses, sólo al siguiente y frío invierno. Carlos Cano y yo nunca nos conocimos. Yo sí le seguí con la mirada en alto, por su estatura, -yo tan menudito a su lado-, en aquella ocasión. Le admiraba mucho en su arte. Él no me miró; es normal que ni me viera, yo ni siquiera soy popular, simple ciudadano anónimo como tantos otros, la mayoría, pero que hoy escribe por él estas ordenadas y sentidas palabras. No me vio aquel día Carlos Cano, hoy quizás me lea con agrado desde donde esté.

En poco tiempo Radio Olé me regalaría un doble CD con las, posiblemente, mejores canciones de aquel fantástico artista, -ya Hijo Predilecto de Andalucía desde 2.001, a título póstumo-, que escucho a menudo, para sentirme mejor en ciertos momentos, junto a otros discos, todos enormes, de su extensa obra.

¡Silencio!… que cantadon Carlos Cano…

“Como una golondrina por el mar se perdió / Como una golondrina el amor se llevó / Y me dejó el dolor para cantar / Y la Luna de Abril para olvidar…

…Y me dejó el dolor para cantar / Y la luna de Abril para olvidar”.

Lo que son las cosas, Carlos Cano y yo tenemos aún pendiente el conocernos, -y siento que es una pena grande-, para que le pueda referir aquel día que le vi tan cerca en las dependencias de la Cadena Ser de Madrid, como curiosa anécdota pasada, y la admiración que siento por su arte. Carlos Cano y yo aún tenemos pendiente una cita, la primera de muchas otras posteriores, una cita de buenos amigos, -aquí o allá, en Madrid o mejor en su Granada magnífica-,como seguramente podríamos haber sido en un fluido y sincero intercambio de experiencias, de palabras…, de canciones y de poemas…; en suma, de vida, de esa vida que a él ahora le falta. Se nos hizo tarde Carlos Cano…, ¿de veras se nos hizo tarde?

Sí, José Carlos Cano Fernández –así debe ser, con todo su nombre completo- y yo, tenemos aún pendiente el conocernos, pendiente dejamos el trámite porque la vida marca sus rumbos y sus tiempos como mejor le viene en gana ante nuestra manifiesta impotencia. Aún pendiente, Carlos Cano, pero quizás aún no tarde, el ser amigos entre palmas, guitarras y versos de puro compás de arte, entre palabras y sueños..., ya sólo sueños…, para siempre amigos, Carlos Cano.

 

Autor: -Capayespada-

(1).- Noticias Ya.com / Internet.

 

 


 

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