A día de hoy, Aute apenas sale de casa. Ya hace muchos años que lo decidió, rodeándose de cuadros, íntimos, pinceles, guitarras, libros y estatuas. Y es cierto, no nos imaginamos al cantautor bajo la vocinglería de la ciudad, esperando a que un semáforo se ponga verde para pasar, codo con codo junto a cualquier ejecutivo-escualo: mucho más cuando en la acera de enfrente las tiendas son las mismasy los escaparates venden el mismo vacío y al mismo precio.
A día de hoy Aute nomina al demiurgo, en vez de al espíritu santo, cuando decide buscar una fuerza creadora; y en ese momento uno cierra los ojos, tumbado, mecido en la seda susurrante del filipino en la madrugada ―quizá parecida a la que él emplea para componer―, y cae en la ilusión de que se siga entendiendo ese concepto.
A día de hoy Aute sostiene haber muerto en cada empeño, como Saramago, pero sin el optimismo en lo humano que mantiene el portugués. Otoñal, difuminado en fotos hechas en un parque, parque, parque lorquiano, Aute nos revela en francés las costuras del surrealismo, y admite que no sabe qué ha pasado, de dónde viene, adónde va... empeñado nuevamente en el amor y el orgasmo como fuerzas universales, más allá de lo gravitacional y lo atómico. Su voz en el desierto.
A día de hoy Aute lo dice claro, y me conmuevo al escuchar lo mismo que yo llevo años defendiendo: Velázquez es dios; Goya, su muerte; y Picasso, ahhh... Picasso, Picasso... Don Pablo dio a luz el fin de la pintura. Pero es más: Aute sigue golpeando el mismo clavo en el que uno mismo ha golpeado al declarar “la guerra incivil de tu cuerpo”. Qué curiosidad, qué casualidad, qué seguro azar.
A día de hoy, Aute sigue fumando en las portadas de sus discos. Cree que vivir sólo fue una forma de estar muerto. Pero los muertos no usan esa “T” líquida que es la clave de su predicamento entre las señoras. Los muertos no se parapetan ante la jauría. Los muertos no son herederos de Stevenson, Valle y Carroll.
A día de hoy, nadie bailaría al ritmo de Aute. Ni en días pasados, la verdad. Pero el estreno mundial de este disco y de esta canción fue en Carabanchel: y ninguno de los presentes bailó, en efecto; el público se recogió respetuoso bajo los arrullos de Aute, que sí que provocaron el baile, fuera, más allá de las cúpulas y las ciudades, de las constelaciones en fuga, esas manadas juveniles de estrellas que tiemblan cada vez que Aute crea. Un cangrejo hecho de puntos blancos repicó con sus pinzas al son del último humanista, del último artista total. Percusión sideral.
A día de hoy es el mismo disco de siempre de Aute. Sí, es obvio: pero cómo me gusta ese disco. A día de hoy, a ratos, estoy tan de acuerdo con Aute... Entre otras cosas porque Aute, a día de hoy, está más allá de Aute