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Historia del desperdicio del talento musical en España. (Y I.)

Imagínese que usted tiene un hijo o una hija. Como todo progenitor, usted desea lo mejor para su vástago, por lo que cuando cumple unos años, lo inscribe, o como se suele decir, lo “apunta” a clases de música. Digamos que es una niña, y toca, por ejemplo, el violín. [+]


 

Historia del desperdicio del talento musical en España. (Y I). Artículo enviado por Roberto Cuervo.

 

Lamentablemente, la naturaleza es cruel, y su hija no está especialmente dotada para el violín. La música es una musa que otorga sus dones en pequeñas dosis y a pesar de deseos bienintencionados de padres y madres, estas dosis se reparten entre pocos agraciados.

A pesar de esto, Silvia, que así llamaremos a la hija de nuestro anónimo padre, continúa sus lecciones y a base de repetición y de disgustos, accede al conservatorio de su localidad.

En este conservatorio Silvia se encuentra con un profesor de violín, Manuel, que tampoco era ningún genio y que ya perdió hace mucho la ilusión por la música y la enseñanza de la misma.

Como suele ocurrir en muchos casos, Silvia es una niña estudiosa y bien educada que intenta cumplir con sus tareas, sea en el colegio o en el conservatorio. Por ello, va pasando de curso sin brillantez, pero sin excesivos problemas. Los requerimientos del profesor van acordes a su formación y aspiraciones, y como la chica es una buena persona, vamos a echarle una mano para aprobar. Da igual que aún no domine la técnica, seguro no tiene problema. Manuel no es capaz de reconocer que los conocimientos que él aporta ya están desfasados y tienen muchas lagunas.

La relación profesor-alumno, como es común en un conservatorio, se alarga durante seis, siete o más años, por lo que el nivel de exigencias y de autocrítica de Manuel va descendiendo aún más.

Y llega el momento en el que Silvia ha de tocar su recital o examen fin de carrera. Toca mal, muy nerviosa, aparecen todas las carencias que habían permanecido ocultas durante sus estudios, las cosas no funcionan. Sale de la sala de conciertos con un mal sabor de boca: ¿qué pasará?

El tribunal se reúne, un par de miembros son partidarios de que Silvia suspenda y vuelva a cursar un año más. Manuel, como es lógico, defiende a Silvia. “Estaba nerviosa, normalmente toca mucho mejor”, “Se había preparado bien, ha tenido un mal día”, “Llevo con ella ocho años y merece aprobar”…

Silvia obtiene un aprobado, y unas semanas después solicita su título de profesora de violín.

Pasa el tiempo, y de repente el gobierno de la provincia donde Silvia vive abre la inscripción para bolsas de trabajo en educación. Silvia presenta su título de profesora de violín y se inscribe en una lista de aspirantes a interinos. Nunca se sabe, piensa, además seguramente no me llamarán nunca. Así acabo la carrera en la universidad.

Pero lo imposible, sucede. Silvia es convocada para cubrir una baja en el mismo conservatorio donde ella había estudiado. Esta baja se prolonga a todo un curso académico.

Al llegar el verano, Silvia vuelve a ser convocada, y acepta. Así tendré más puntos si sale una oposición, y el dinero no viene mal. Acude cada vez menos a la universidad, no hay tiempo para todo y madrugar para estudiar no apetece siempre.

Pasan los meses, y de repente Silvia se encuentra que ya lleva trabajando cuatro años. Ya conoce a todos los colegas, antaño profesores suyos, y Manuel la ayuda todo lo que puede. Se convocan las oposiciones, Silvia supera sin problemas la parte de los temas y el análisis, nunca ha tenido problemas con esto. Al tocar, ocurre lo mismo que en su examen fin de carrera, pero multiplicado por el largo tiempo sin practicar y la pérdida del hábito de tocar en público. El resultado, es un concierto lamentable.

Pero claro, Silvia es una persona apreciada por sus compañeros de trabajo, ahora miembros de su tribunal, por lo que sus compañeros le echan una mano. Y aprueba el examen. Dado que tiene muchos puntos de experiencia, gana la plaza. Grandes celebraciones.

Y entonces, Silvia toma posesión de su plaza, y se integra en la rutina de la docencia, como Manuel...

 

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