Por las páginas de LaRevelación han pasado canciones y compositores, músicos e intérpretes. Nunca, hasta ahora, lo había hecho un álbum. Pero siempre hay una primera vez – ¿La hubo para Luis Eduardo?
Aute ya visitó en su día LaRevelación, y lo hizo en forma de genio, habitante de una lámpara maravillosa, que convencía al joven Aladino en las bondades de la belleza. Ahora le devolvemos la visita, acudimos a su “Templo”, a ver que nos dice.
Y nos abre la puerta un Aute todo vestido de hábito, lleno de manchas de pintura. Nos muestra sus óleos, sus violentos y estudiados trazos goyescos, que dan vida a los miguelangelescos cuerpos que se enlazan, que se beben, que se chupan. Besos a destajo, coronas de espinas, arrebatos, lágrimas de sangre, llagas y heridas bajo labios carnosos y traidores a Dios por el descubrimiento del beso... Creemos escuchar una oración:
Anima puellae, sanctifica me...;
Y allí estamos, en un via crucis amoroso que es el principio y fin de las cosas, con Aute oficiando la ceremonia. Nos habla de comunión de cuerpos, de transubstanciaciones, de homofagias amorosas, de sparagmos báquico, de conocimiento, de mutabilidades y transfiguraciones. De éxtasis, en definitiva, de ángeles caídos.
...corpus puellae, salve me...;
Y Aute, entonces, se convierte en físico griego. Su arjé es el Beso, platonización del Amor y del Saber; nos transmite círculos, órbitas y cifras pitagóricas. El nuestro es un viaje por un Universo regido por el cuerpo de una mujer, un matriarcado cósmico en donde lo infinito es calma y lo que acaba incontinencia. No es una cosmología, es una cosmogonía en toda regla.
...sanguis puellae, inebria me...;
Este es el mundo de “Templo” en el templo de Aute, entre su música y sus cuadros. Un mundo de misticismo y altisonancias, de carnalidad y ternura. Un mundo onírico por donde el tiempo no pasará porque es estático y homogéneo, Parmenídeo en resumen: el amor es el Ser, y es inmutable.
...aqua lateris puellae, lava me.
In saecula saeculorum.
Amen
Ahora nos vamos, cerramos las puertas con el mayor de los recogimientos. Yo, por mi parte, voy a buscar un mullido vientre del que ser digno, a ver si consigo dividirme en dos y, así, seré seis.
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