PÁGINA PRINCIPAL DE MÚSICA


VOY EN UN COCHE. Christina Rosenvinge.

La canción lo deja claro desde el principio: supone un canto a la estética de la huida. De entrada nos aparece muy sonriente un negro con traje blanco: y sólo existe algo que iguale en elegancia este hecho, que es un blanco con traje negro. [+]



 

VOY EN UN COCHE. Christina Rosenvinge. Artículo enviado por Angelcaído.

FICHA TÉCNICA:

Del album: Que me parta un rayo (1992)


1.- Tu por mi
2.- Mil pedazos
3.- Pulgas en el corazón
4.- Señorita
5.- Yo no soy tu Angel
6.- Voy en un coche
7.- Ni una maldita florecita
8.- Tengo una pistola
9.- Las suelas de mis botas
10.- Alguien que cuide de mi.

Todo sobre música en: DVDgo

 

 

La Rosenvinge no esconde que quien ha decidido largarse es una niña bien: “Dile a papá, dile a los chicos...”. El por qué y el para qué no importa, aunque uno siempre ha imaginado detrás de Voy en un coche un deseo de aventura, de escapismo, muy propio de los modernistas de principios del XX, que nos hablaban del Oriente como de un territorio en el que se hacían realidad todos sus anhelos de belleza. Luego nos hemos enterado de que el Oriente es una turba de ciudades donde la miseria se descontrola tanto como aquí y, esencialmente, un 95% de población rural que sigue viviendo en un medievo de dudosa felicidad. Pero esta canción no es un tratado denuncia de Engels, ni tiene por qué serlo: es una impostura. Desde luego, no me imagino a una señora como la Rosenvinge largándose de pronto al corazón del África negra en busca del doctor Livingstone, pero que todo esto sea falso le da más brillito. Es como si nos aparece Oscar Wilde con una maleta.

―¿Adónde va usted, señor Wilde?

―A ningún sitio, por supuesto.

Sublime.

“En la autopista las rayas bailan como coristas de cabaret”. Y pasa Christina, con su hache intercalada y su maletón, en el que seguramente no lleva nada, en busca de un primo al que quitarle el coche. Porque la canción la obliga a engatusar a un gallito de carretera y quitarle el bugatti. Todos quedan bien en esta historia, porque el tipo duro va y le lanza un beso por el retrovisor a la que ella se escapa con su carro. Ese detalle del beso (¿uno por mejilla?) me resulta cautivador y puede que sea la única razón que me moviera a sacarme el carnet de conducir, quizá con la exigua esperanza de que una señora como la Rosenvinge se decidiera algún día a atracarme a besos. Ya sólo me queda tener coche y echarme a la carretera.

“Quémalo todo, porque no voy a volver”. ¿Cómo que no vuelves, Christina? ¿Y qué hacemos con el disco, con la promoción, con los carteles?

“Voy en un coche que robé anoche a un tipo listo que iba a ligar; dije: “mi amor, voy por cigarrillos”, y una vez dentro le metí gas. El muy cretino me tiró un beso por el espejo retrovisor. Ahora la luna pasa la noche oyendo el ruido de mi motor. Los tipos duros pasan apuros cuando se cruzan por mi carril. Y en el cielo todos los santos son de mi bando y rezan por mi”.

Imaginaos: el santoral judeo-católico en pleno haciendo cola para ver un concierto de la Rosenvinge, con todos los coros de monjes medievales enfundados en sus togas a lo Sean Connery y cantando, a eso de las seis de la mañana: “Voy en un coche que robé anoche...”. Conmovedor hasta la fe, porque a la fe no se llega por la razón, digan lo que digan algunos teólogos, sino por el pop-rock, que dicho así de seguido parece el sonido de algo que se ha roto: ¡poprock! Nosotros, una generación pop, somos superficialmente estéticos, de modo que nos podemos permitir eso de largarnos sin llevar en la maleta ningún libro de Sastre, ninguna muda de ropa limpia, con permiso de los slips, La Náusea y los boxers.

Desde la primera vez que la oí, Voy en un coche también me ha provocado muchas ganas de irme. Adonde sea. Lo que pasa es que cada vez que me he ido no he pasado del bar de la esquina; y en el bar siempre acaban poniendo el vídeo musical por la tele. Así que me vuelvo, después de pagar el coñac, y me pongo a leer el artículo de Chuca sobre la Rosenvinge, el del “Hago Chas y aparezco a tu lado”. Pues eso, Christina, que sigo guardándote una plaza de garaje, por si apareces de pronto con el coche ese.

 

IR A COMENTARIOS