Viene de: Beethoven I
Esta situación hizo que Beethoven no tuviera reparos en crear, investigar y buscar nuevas formas musicales. Fue el primer músico independiente, que a diferencia con Mozart, Salieri, Bach, Vivaldi, Händel, Haydn y tantos otros, debieron soportar las presiones de la clase aristocrática que los contrataba, no siempre con criterios o dotes musicales. Es la época más creativa de Beethoven y escribe entre decenas de piezas su famosa obra para piano “Para Elisa”.
En 1812 conoce al famoso escritor Goesthe (“Fausto”, “Los sufrimientos del joven Werther”, etc.) con el fin de realizar algo juntos. Pero el encuentro terminó con cordialidad aunque con sentencias demasiado ácidas uno del otro. Beethoven consideró al poeta alemán como “muy servil de la aristocracia” germana y el autor del Mefistófeles al músico como “un animal indomable”. Aun así, Beethoven le puso música a diversos poemas del dramaturgo. A quien admiraba profundamente.
Otro hecho que sucedió en este año, el de la estrepitosa caída de Napoleón en las puertas de Moscú, fue que sus dos benefactores desaparecieron de escena. El Príncipe Lobkowitz quedó en bancarrota y el Príncipe Kinsky se mató en un accidente cuando se cayó de su caballo. Sus herederos pasaban de darle dinero a ese músico loco del que todo el mundo hablaba. Entonces apareció otro benefactor menos rico que lo anterior, el músico inventor checo Johann Nepomuk Maelzel. Éste fue el que proveyó a Beethoven de algunos de sus audífonos (pueden verse en la foto), cornetillas acústicas conectadas al piano y que fuera inventor de un elemento aún usado por los músicos: el metrónomo, un aparatito que marca el ritmo del compás con un movimiento pendular. Éste aparato resolvió en partes la ausencia de audición y comenzó a trabajar con entusiasmo su Séptima Sinfonía, para muchos la más perfecta que escribiera el compositor de Bonn. El propio Richard Wagner consideró al primer movimiento de esta sinfonía como uno de los más hermosos jamás escritos. Expone aquí una fuerza de su gran talento para ir acumulando tensiones y procesos rítmicos. Hoy, injustamente, no es tan conocida como la Quinta o la Novena.
La Octava Sinfonía, en Fa Mayor, la más eslava de sus obra, en señal de que investigó sonidos en toda Europa, está llena de elementos graves y para muchos es un descanso del verdadero genio, el que vendría al final. Ésta obra también fue inscripta junto ala sinfonía anteior. Los autores difieren sobre si fue de 1812 o 1813.
Pues sí, Beethoven necesitó envejecer y que pasaran once años para escribir su última gran obra, la más perfecta y a la vez más innovadora de la música clásica, la Novena Sinfonía, llamada “Coral”. Dedicado a nuevos sonidos, decidió que su nueva obra tendría que tener un elemento diferente. Pues entonces le agregó, como un nuevo instrumento musical, la voz humana. Para 1823 la tenía terminada, pero necesitó el compositor de dos años de pulidos y organizaciones para que quedara perfecta. Y luego de soportar la humillación de los hombres, de una enfermedad cruel cuánto más en un músico , de una histeria incontenible, decidió ponerle música a esos versos de “la Oda a la alegría" de Friedrich von Schiller.
Tabla de Sinfonías registradas:
Primera, Opus 21 (1800)
Segunda en Re Mayor, Op.36 (1803)
Tercera en Mi bemol Mayor : Op.55 (1804) “La Heroica”
Cuarta en Si bemol Mayor: Op.60 (1806)
Quinta Op.67 (1808)
Sexta Op.68 (1808)“Pastoral”
Séptima en La Mayor, Op.92 (1813)
Octava en Fa Mayor, Op.93 (1813)
Novena, Op. 125 (1824)“Coral”
Beethoven estudió cada uno de los compases durante diez años y fue cambiando, sacando poniendo de acuerdo a lo que quedaba del producto terminado. Utilizó una orquesta, pero también un cuarteto solista para algunos pasajes compuestos de cuatro voces: soprano, tenor, contralto y bajo. La letra, en el rimbombante alemán está muy bien acompasada por los vientos y un pianissimo que le dan una gran tonalidad a la vez que una importante fuerza.
Para tan importante evento en la vida de Beethoven (y de la Humanidad) se organizó en el Teatro de la Corte Imperial de la ciudad de Viena el gran concierto. Repeleto de figuras de la aristocracia, nobles y celebridades del momento se esperó ansiosamente la aparición del gran genio. Y a diferencias de la Quinta y la Sexta sinfonías, la gala fue perfecta, como su obra. Al terminar la obra, fue la solista de violín que le pidió al compositor y esa noche director que se diera vuelta para ver al público, que aplaudía de pie aquella noche del 7 de mayo de 1824 la obra de un genio. Dicen que Beethoven lloró emocionado. Aun así fue la última vez que se lo vio en público.
La partitura de esta sinfonía, con casi 200 páginas, feu declarada Patrimonio Mundial de la Humanidad desde el 12 de enero de 2003 por la UNESCO. Considerada un canto de alegría y libertad es el himno de la Unión Europea desde 1986.
En 1826 fue operado de hidropesía, pero fallece el 26 de marzo de 1827, a los 56 años. Un séquito de 20.000 personas siguió en silencio su cotejo. El dramaturgo austríaco, Franz Grillpar dijo en su despedida: “Éste por quien llevamos luto, se encuentra desde ahora en adelante, entre los grandes de todos los tiempos. Recordemos esta hora y pensemos: estábamos allí cuando le enterraron, y, cuando él nos dejó, lloramos".
¡Alegría! El más bello fulgor divino...
Todos los hombres serán hermanos...
¡Un abrazo confunda al mundo entero!
¡Hermanos, sobre la bóveda estrellada…
(fragmento del Himno a la Alegría, traducido directo del alemán).
Ángel Mario Fernández (Universoss)