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JEFF BUCKLEY, la voz que conmueve.

Hay discos, hay artistas en los que si chocas con esa pregunta que tantas dudas te puede generar en la elección a tomar, esa que de una forma u otra hemos leido, hemos pensado o se nos ha formulado en un juego analítico, te surgen directamente en la cabeza, porque han calado hondo y esa impronta que han dejado no se borra con el paso del tiempo. Es el caso de Jeff Buckley. [+]


 

JEFF BUCKLEY, la voz que conmueve. Artículo enviado por Delirios.

FICHA TÉCNICA:

Discografía:

1993.- Live at Sin-é
1994.- Grace
1995.- Live from the Bataclan
1998.- Sketches for My Sweetheart the Drunk
2000.- Mystery White Boy
2001.- Live a L'Olympia
2002.- Songs To No One 1991-1992
2002.- The Grace EPs
2003.- Live at Sin-é (Legacy Edition)
2004.- Grace (Legacy Edition)

Todo sobre música en: DVDgo

Página oficial: www.jeffbuckley.com

 

¿Cómo fue la forma en la que pudo llegar a mis oídos alguna de sus canciones? Hay que ponerse en situación, su único largo duración data del 94 y por esa época no tuvo la efervescencia que merecía, hubo que esperar unos añitos para que por los lares neoyorkinos se le diera la importancia que tenía y se considerara que su música era exportable. Así que nos situamos alrededor del 96, sin disponer en mi casa de la fuerte fuente de información que me supone actualmente internet; la radio poca cosa podía ofrecerme, la falta de hábito y la escasez de programas alternativos no me destapaba nuevos artistas; pero he ahí que por aquella época cayó por mi domicilio un canal digital aún bastante inmaduro, sin programación determinada en su oferta musical y suponiendo por tanto un torrente de videos continuo. Como si fuera el protagonista de “La naranja mecánica” atado a una silla y con los ojos bien abiertos, engullía videoclips que pasaban mi cásting casero y pasaban seguidamente a ser encerrados en una cinta de VHS.

Sin estar sumido en el estado hipnótico del visionado, me encontraba conversando mientras el canal seguía escupiendo sus estrellas; fue entonces cuando empezó a sonar algo a mis espaldas que demandaba mi atención, fue como sime estuvieran dando un toque al hombro diciendo “hey, estoy aquí, esto no te lo puedes perder”... y así fue, quedé impresionado por una fuerza fuera de lo normal en una canción, “Grace” que hizo que estuviera atento para la captura en cuanto asomara de nuevo por la pantalla rectangular y que la visionara y escuchara una y otra vez mediante la magia que concede el rebobinado.

Siguiente paso, rascarse los bolsillos y arriesgarse en invertir en un disco del que conocía una única canción y me había cautivado. Pensado y hecho y además, gran acierto.

Disco homónimo que la canción que me había prendado como a un adolescente encaprichado. ¿Y qué me transmitía? Paz, mucha paz. No eran tiempos fáciles por los que pasaba en aquella época y como vía de escape este disco servía como bote salvavidas.

Comienza de forma tímida, es de esos CD que te obstinas en subir el volúmen del reproductor y te fijas en el contador digital para observar si has acertado a dar al “play” porque, como si le diera miedo a empezar a sonar o quisiera crear atmósfera, la música posa sobre el suelo como neblina, que asciende hasta tomar fuerza y penetrar por los poros de la piel.

Ya en su segundo corte, llega la esperada “Grace”, de belleza sublime, armonía y fuerza coordinadas, una voz que te deja atónito, que gusta jugar con el trémolo, que sorprende el aguante cuando la voz no se apaga y las manecillas del reloj siguen su movimiento; las cuerdas vocales de Jeff parecen estirarse al límite de lo imposible para conseguir unos agudos con personalidad. Si los ángeles cantaran, sería de esta forma como publicitarían la entrada al paraíso.

Estos agudos podríamos decir que se dan la mano con los de “Sting”, otro de esos vocalistas con gargantas tocadas por lo divino. Y para ratificar la calidad, siempre hay otros que beben del manantial para amamantar la inspiración y la influencia, y si no, que se lo pregunten al cantante de “Muse”, “Coldplay”, “RadioHead” o a “Ryan Adams”.

Llega el momento de tocar lo romántico y así en su tercer corte, “Last Goodbye” nos encontramos con una ruptura sentimental y una despedida muy emotiva, con mucha dulzura y una composición musical que transmite cariño, es como si presenciaras un abrazo entre la pareja y un susurro que dice “lo siento, lo hemos intentado todo, no encontramos solución, esto tiene que acabar pese al cariño que te profeso”. Si nos balanceamos varias veces en su escucha y luego decidimos leer la letra, podemos encontrar el por qué de ese ritmo que roza la nana.

This is our last goodbye
I hate to feel the love between us die
But it's over
Just hear this and then i'll go
You gave me more to live for
More than you'll ever know

This is our last embrace
Must I dream and always see your face
Why can't we overcome this wall
Well, maybe it's just because i didn't know you at all

Kiss me, please kiss me
But kiss me out of desire, babe, and not consolation
You know it makes me so angry 'cause i know that in time
I'll only make you cry, this is our last goodbye

Did you say 'no, this can't happen to me,'
And did you rush to the phone to call
Was there a voice unkind in the back of your mind
Saying maybe you didn't know him at all
You didn't know him at all, oh, you didn't know

Well, the bells out in the church tower chime
Burning clues into this heart of mine
Thinking so hard on her soft eyes and the memories
Offer signs that it's over... it's over

Versiones vamos a encontrar, ahí están “Lilac Wine”, “Corpus Christi Carol” y la más famosa y acertada “Hallelujah” de Leonard Cohen. Es aquí cuando puedes hundirte en el sillón, cerrar los ojos y descansar, nada más va a existir y las penurias se van por el desagüe. En el relax puede que se abra la presa del dolor y que se escape esa lágrima estancada durante el día y que no te dejaba pensar.

Como despedida tenemos un impresionante “Dream Brother”, una muestra de la admiración que siente Jeff por “Nusrat Fateh Ali Khan” y por la persecución de personificar lo divino en una canción, así como Nusrat, músico pakistaní y máxima expresión del qawwali, música religiosa que intenta plasmar lo místico y lo poético que encierra para ellos lo divino.

Son los primeros sonidos los que rinden tributo a la afinidad de este pensamiento; te comienzan a mecer, te acunan, hacen que poco a poco te vayas despegando del suelo a medida que la guitarra eléctrica y la batería comienzan a dominar la situación; la voz de Jeff ayuda a que sigas ascendiendo hasta que en el clímax llegas a la ruptura del ensimismamiento para dejar paso al torrente de emociones.

Las letras del LP orbitan alrededor de varios temas, lo romántico y lo divino, como ya hemos comprobado, pero hay algo más, un flirteo con el más allá, con la muerte, que deja una duda sobre qué es lo que pasa por la cabeza de Jeff.

“La vida eterna me pisa los talones/ Tengo mi ataúd reluciente preparado/ Tan sólo le falta un último clavo” (“Eternal Life”). “No tengo miedo de marchar/ Pero resulta tan lento/ Y me recuerda el dolor/ que tal vez dejé atrás” (“Grace”).

Pese al maremágnum de emociones que me generaban esta joya, por esos tiempos, como comencé diciendo, no había mucha información y llegó algo de forma casual. El medio que utilizaba para comprar rarezas musicales era una tienda de Barcelona que manejaban la venta por correo, “Búffalo”, que solían brindar en sus catálogos algún extenso artículo. Cuando tocó tratar a Jeff, como una carta mandada por el ejército para notificar la caída de un soldado en combate, leí que fue engullido por el río Wolf, un traicionero río que casa con el Mississippi y la primera sensación que me generó disparó un pensamiento egoísta, “joder, ya no voy a poder escuchar nuevos temas”.

A partir de entonces, fui encontrando más discos en las estanterías que sostienen los autores y grupos que portan la “J” en su estandarte, pero no fue hasta que pude exprimir las posibilidades de la red hasta que conseguí aunar los puntos suspendidos y esa falta de información que demandaba.

Jeff fue hijo de Tim Buckley que a su vez también es padre de una de las mejores canciones que ha dado la época de los 70; “Song To The Siren”. Para los amantes de las voces graves, de especial atractivo, conmovedora y por lo tanto mil veces versioneada por distintos grupos, pudiendo ser más conocida alguna de ellas antes que la original.

http://www.youtube.com/watch?v=0JAT859NotE

Tim pudo dar ejemplo en la música pero no en lo paternal, abandonó a Jeff y a su madre y fue víctima de esa corriente de cantantes consumidos por el exceso en esa época para morir en edad temprana.

Jeff, como suele ser habitual en la senda musical, fue dando tumbos hasta encontrar su casilla correcta, probó por distintos grupos sin explotar lo que realmente era su mayor potencial, su voz.

Al marchar a New York y ser invitado a un concierto en memoria de su padre, fue con la interpretación de dos de los temas paternos “I never asked to be your mountain” y “Once I was” lo que le sirvió de puente para entablar amistad con el guitarrista Gary Lucas y que fuera su pasaporte para tocar en el grupo al que pertenecía Gary, “Gods & Monsters”. Corrían los años 91-92 y en esa temporada se realizaron una serie de grabaciones que posteriormente serían utilizadas como material para exprimir un poco más el talento de una estrella apagada y el apetito de unos fans que nos quedamos con ganas de más. “Songs To No One” sería dicho producto llegando simplemente a un nivel documentativo.

Jeff no terminó de encontrar lo que buscaba y abandonó el grupo, no sin ya tener una serie de temas asomando su cabecita y que formarían parte del disco “Grace”; “Mojo Pin” y “Grace”.

Comenzaría a tocar en un café neoyorkino, el Café Sin-é de Greenwich Village y no sería de extrañar que su voz y su talento fueran llamando la atención y llenando la estancia del establecimiento. Jeff se atrevía a desnudarse, musicalmente hablando, y a tocar prácticamente a capella, pues su voz y su guitarra eran sus únicas armas para enfrentarse al aburrimiento del público.

La varita de zahorí de los ejecutivos de Columbia vibraría al pasar por el café y el resultado de ello sería un EP en el 93, “Live At Sin-é” con cuatro temas en directo; pero catapultándonos a la época de recolección de material inédito, será un acierto el rescate en el 2003 de una edición especial donde se recoge el concierto entero. Ahí escuchamos a un Jeff de canto de sirena defendiéndose con su guitarra tocando temas que se iban perfilando para lo que sería su único LP y muchas versiones, las que demuestran que Jeff era un gran bebedor musical y trovador de vocación; “Van Morrison”, “Bob Dylan”, “Nusrat Fateh Ali Khan” y “Bob Telson” entre otros se encuentran en su arsenal y particular tributo.

Especial mención tiene la versión de “Calling You” , escrita por “Bob Telson” e interpretada por “Jevetta Steele” en la película “Bagdad Café”; al igual que la ya mencionada “Song To The Siren” pertenece al conocimiento colectivo aunque la mayoría de las veces desconocido. La melodía le viene como anillo al dedo a Jeff ya que mide las capacidades de quien ose interpretarla en ese “ooohhh i´mmmmmm caaaaalling youuuuuu” que a veces nos sorprendemos intentando reproducir mientras realizamos una labor cotidiana pero con escaso éxito, descatalogándonos como futuras estrellitas.

http://www.youtube.com/watch?v=YEmTATzAMUY

Con el lanzamiento del EP la cosa no había hecho nada más que comenzar. Queriendo explotar el potencial de Jeff se pasó a grabar el LP “Grace” no sin pocas dificultades a pesar de contar con algunos temas en la recámara ya trillados en directo desde el principio. Los retrasos se debían al especial compromiso que Jeff sentía con la música y ese difícil cometido que supone encerrar lo divino en una canción. Las grabaciones no le resultaban satisfactorias y había que tocar y retocar las maquetas en busca de ese toque de espiritualidad. Pese a todo, el trabajo vio la luz en el 94 como si se hubiera tratado de un largo parto.

El reconocimiento no fue instantáneo y cuando se comenzaba a saborear el éxito el grupo se vio inmerso en una gira durante los años 95 y 96. El calor, lo recogido y lo acogedor del Café Sin-é dió paso a estadios llenos de público y la añoranza comenzó a rebasar a Jeff. ¿Cómo volver a algo parecido a lo que de antes disfrutaba y le hacía mostrarse en un plano más natural? Pues bien, dar un sobrenombre al grupo, enmascararse en un nombre desconocido, hacérselo más difícil a los oyentes para hacer actuaciones menos concurridas cubriéndose con ese manto de misterio donde se tenía que rascar para encontrar al grupo verdadero.

En el 97 ya se estaba tallando una nueva joyita, esa buena respuesta del público tenía que explotarse y no dejar que la nueva adquisición de la compañía quedara en el olvido. “My Sweetheart The Drunk”, el que sería el siguiente LP, comenzaba a alimentarse poco a poco de nuevos temas. De nuevo el inconformismo y la exigencia de Jeffiban retrasando el proyecto.

Por alguna extraña treta del destino no se terminó. Cierto día, la banda llegó a Tenesse para comenzar la grabación al día siguiente, pero esa misma tarde sucedió la tragedia.

Jeff se encontraba a orillas del río Wolf con un amigo. Jeff se adentra en el río mientras la música de la radio suena alto. Su amigo se queda en la orilla, pierde de vista a Jeff y se acabó.... El cuerpo de Jeff sería encontrado días después sin vida, la duda de si fue absorbido por un remolino o fue suicido quedaría en el aire y lo que sería “My Sweetheart The Drunk” se quedaría en una exposición de maquetas, “Sketches for My Sweetheart The Drunk”.

El río Wolf cometió el musicidio, nos arrebató las pocas auténticas estrellas que pueblan el panorama del sonido, las que brillan con luz propia, las que consiguen conmoverte, las que saben acariciar las palabras, mimar las frecuencias, jugar con ellas, ofrecerlas en bandeja para que el oyente se limite a escuchar y conmoverse.

Jeff ya no está entre nosotros, pero ha dejado algo que perdura y no caduca. Despierta las mismas emociones y se busca su escucha cuando el desespero invade el corazón y se persigue el sosiego de un pequeño exilio.

 

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