-A Shakira hay que clonarla- repite a diario angelcaído con ojo crítico. -Sí, sí, por supuesto- contesta Chuca sin dejar lugar a la duda. Le_Baron tiene fijación con Natalia Berbeke, que es una Shakirita con más hoyuelos y mofletes. Pero, ¿qué es lo que tiene esta colombiana?
Me he negado durante mucho tiempo a analizar estas cosas, nos gusta porque sí, porque no podría ser de otra manera. Pero como alguien me comentó que eso es totalmente irracional, haré el esfuerzo. Racionalicemos, pues, nuestro gusto por Shakira, y lo haremos a la manera de la mayéutica, no podía ser menos con esas caderas.
-Y decís que os gusta, pero hay muchas otras mujeres. ¿Por qué ésta?
-nos gusta ésta, y punto
-Pero... ¿por su música?
-También
Fin de la mayéutica.
Y es que esta mujer acuario -el mejor de los signos del zodiaco-, este metro y medio de radiante frescura, nos embauca con su voz, con su música cantada entre sonrisas. Ella representa a nuestras hijas, con ese candor y flamante alegría; ella representa a la diosa madre, con ese vertiginoso movimiento; ella representa el ferreo carácter de nuestras abuelas, con esos pozos oscuros que tiene por ojos; ella representa a nuestras madres, con ese tono, entre imperativo y dulce, con el que canta.
Shakira Isabell Mebarak Ripoll. Colombiana con sangre de los dos extremos del mediterráneo, de Cataluña y del Líbano, caribeña y mediterránea, un volcán. Comentan que de pequeñita iba para astróloga, para científica de postín. Así de absorta, contemplando el cielo, empezó a escribir primero poesía y relatos –Dicen que conserva una poesía escrita con tres años llamada “La Rosa de Cristal”-, luego canciones. Todo esto, con apenas ocho años, ya está explorado. Con posterioridad vagó entre coros, programas de televisión y alguna telenovela. Le llegó el éxito en su tercer trabajo discográfico, ya de vieja, teniendo diecinueve años. Lo demás es el aburrido camino del triunfo y de los premios.
“Shakira” en árabe significa agradecida, que viene a ser “llena de gracias”, que pura verdad. Quien la conoce resalta su amabilidad -eso le trasciende en la cara-, su lozanía –idem-, y su carácter –de idem. Dice sentirse en plenitud en el escenario, en la ducha y frente al mar, comiendo marisco.
Dicen que es despistada e impuntual, pero ¿quién podría enfadarse con ella si llega tarde, con esa carita, con una zapatilla blanca y la otra naranja?