PÁGINA PRINCIPAL DE MÚSICA


LUIS EDUARDO AUTE : la lámpara de Aute.

El joven Aladino, un cruce de mercader con ladronzuelo pícaro, se detiene bajo la sombra de una palmera, toma la lámpara entre sus manos y la frota. Un suspiro escapa de la boquilla, un humo verdoso se empieza a materializar en mitad del oasis y de entre la nube surge una figura. 

— ¿Eres el genio?¿Me concedes la materialización de tres deseos? —pregunta Aladino. 
— No. Me llamo Luis Eduardo Aute. Pero desea, sí, a tu antojo. [+]


 

LUIS EDUARDO AUTE: la lámpara de Aute. Artículo enviado por Angelcaído.

FICHA TÉCNICA:

Discografía:

1968.- Diálogos de Rodrigo y Ximena
1968.- 24 canciones breves
1973.- Rito
1974.- Espuma
1975.- Babel
1976.- Sarcófago
1977.- Forgesound
1978.-
Albanta
1979.- De par en par

1980.- Alma
1981.- Fuga
1983.- Entre amigos
1984.- Cuerpo a cuerpo

Todo sobre música en: DVDgo

1985.- Nudo
1986.- 20 canciones de amor y un poema desesperado
1987.- Templo
1989.- Segundos fuera
1991.- Ufff!
1992.- Slowly
1994.- AnimalUno
1995.- Alevosía
1998.- Aire/Invisible
2003.- Alas y balas
2003.- Auterretratos Vol. 1
2005.- Auterretratos Vol. 2
Página oficial: www.clubcultura.com/

 

      Aladino podría haber pedido los tres deseos y haber optado por la riqueza, la voluptuosidad o la fama imperecedera. Sin embargo, Luis Eduardo Aute le aconsejó no elegir nada hasta haber escuchado lo que tenía que decirle.

        Comenzó Luis Eduardo Aute, nacido en Manila, Filipinas, a finales de los cuarenta, por mostrar a Aladino los cuadros que expuso en los sesenta y con los que se hizo un nombre en las galerías de Estados Unidos. Antes de ser cantante, ya había un pintor que mezclaba en su paleta a Velázquez con Goya, a Julio Romero de Torres con Van Gogh, sin dejarse a Picasso ni a Dalí atrás. Pero sin avisar, apartó los pinceles para sus ratos libres y se dio a la canción. Aleluyas, Diálogos de Rodrigo y Gimena, historias surgidas de Babel antes de que las lenguas se dispersaran en acentos y sonidos extraños entre sí…

        Aladino dejó la lámpara en el suelo y, mientras Luis Eduardo encendía un pitillo, acarició las rosas en el mar que el cantante le había pasado, y se le antojó que las flores en sus manos del desierto despedían una canción que rezaba: Rojo sobre Negro, Rojo sobre Negro, las rosas sobre sus manos de mercader.

        Aute aconsejó a Aladino que, antes de expresar los deseos que quería ver cumplidos, tuviera en cuenta que “decir espera es un crimen, decir mañana es igual que matar… que no, que no, que el pensamiento no puede tomar asiento … que es estar siempre de paso, de paso, de paso…”. El joven Aladino consideró esto último mientras que el cantante hacía crecer su barba y expulsaba volutas de humo que formaban en el aire, casi invisibles, relojes dalinianos que marcaban las cuatro y diez. Hemigway pasaba por ahí, andaba suelto Satanás, alguna nínfula se desvestía del vestido, las flores y las trampas y Lewis Carroll correteaba disfrazado de conejo con Alicia pisándole los pasos.

        La arena del desierto mutó en polvo enamorado y quevedesco, las balas se transformaron en besos, los besos fueron espadas, las cenizas imitaron a las flores, Neruda se confundió y escribió 20 canciones de amor y un poema desesperado, la carne se hizo verbo, se soltó el animal que todos llevamos dentro, el cuerpo fue un lobo para el cuerpo cuando el alma se apareció famélica, hubo ramos de viento, los ascensores se abrieron rebosantes de limones exóticos… la mente de Aladino fue fecundada por los poemas.

        Aute jugaba con el mundo. A eso se limitaba mientras otros se apresuraban detrás del viento en vanidad, pura vanidad. Vivir como un juego, crear como en un juego, amar con el gozo del juego infantil. Dos o tres segundos de ternura bastaban, entendió Aladino viendo a Aute disfrazado de Robinsón y trepando a la palmera donde dormitaba el gato burlón de Chesire.

        Así que, una de dos: u optaba por el sentido lúdico del vivir, o vivía en el marasmo del aire muerto. Y Aladino, que podía haber escogido la riqueza, la lujuria sin freno o la fama sempiterna, después de haber escuchado a Aute, se decidió por la belleza.

        —Y sí que eres el genio —apostilló, consciente ya de sí mismo, sin remedio, más allá del alba. Aute le susurró que hay que huir a la vida y vivir en la huida y regresó a la lámpara, donde esperaría alevoso al siguiente que viniera a frotar su lámpara. ¿Serás tú?

 

IR A HALL OF FAME