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FRANCO BATTIATO: la voz que seduce a las sirenas.

El cuarto está oscuro y parece no tener paredes. Estamos sentados en el centro de la estancia. El aire se halla expectante, inmóvil, apenas azuzado por nuestras leves respiraciones. Y entonces, el pomo de la puerta cruje, la madera se entreabre; danzan, ahora sí, los átomos del aire arremolinándose en personalísimos vaivenes. Un haz de luz amarilla inunda la oscuridad y, serena, aparece una figura tras el marco y nos tiende la mano.
—Viajemos —nos dice.
Nos levantamos, asimos la mano que se nos tiende y comenzamos a viajar, levitar, a volar. Asidos a Franco Battiato. [+]


 

FRANCO BATTIATO: la voz que seduce a las sirenas. Artículo enviado por Angelcaído.

FICHA TÉCNICA:

Discografía:

1965.- E più te amo
1965.- L' Amore e partito
1967.- La Torre - Le reazioni
1967.- Il mondo va così - Tiste come me
1968.- È l'amore - Fumo di una sigaretta
1968.- Vento caldo - Marciapiede
1969.- Bella ragazza - Occhi d'or
1969.- Sembrava una serata come tante - Gente
1971.- La convenzione - Paranoia
1972.- Polution
1972.- Fetus
1973.- Sulle corde di Aries
1974.- Clic
1975.- Melle le Gladiator
1975.- Feed back
1977.- Battiato
1978.- L'Egitto prima delle sabbie
1978.- Juke box
1979.- L'era del cinghiale bianco
1980.- Patriots
1981.- La voce del padrone
1982.- L'arca di Noè
1983.- Orizzonti perduti
1984.- I treni di Tozeur

Todo sobre música en: DVDgo

1985.- Mondo lontanissimi
1986.- Battiato - raccolta
1987.- Nomadas
1988.- Fisiognomica
1989.- Giubbe rosse
1991.- Come un cammello
1993.- Caffè de la Paix
1994.- Unprotected
1995.- L'ombrello e la macchina da cucire
1996.- L'imboscata
1996.- Battiato Studio Collection
1996.- Shadow, light
1996.- Battiato Live Collection
1996.- Battiato Collection
1998.- Shock in my town
1998.- Il ballo del potere
1998.- Gommalacca
1999.- Fleurs
2001.- Ferro battuto
2002.- Fleurs 3
2002.- Last summer dance
2004.- Dieci Stratagemmi
Página oficial: www.battiato.it

 

        Si buscábamos alguna verdad, hace tiempo que desistimos del intento. Ahora nos hemos simplificado en nómadas, peregrinos que, lejos de buscar complicadas preguntas que respondan a altísimas preguntas, sólo aspiran a la quietud. Battiato, este señor nacido en 1945 en Jonia, en la provincia siciliana de Catania, nos eleva sobre los tejados y las cosas y comienza a entonar:

Nómadas  que buscan los ángulos de la tranquilidad,
en las nieblas del norte, en los tumultos civilizados,
entre los claros oscuros y la monotonía de los días que pasan.

(…)

Forastero que buscas la dimensión insondable,
la encontrarás fuera de la ciudad, al final de tu camino.

        
Ahora semeja todo un espíritu más allá de la carne, pero Battiato también fue un niño. Pesó 6 kilos y medio al nacer y, a los ocho años, se desfiguró la nariz jugando al fútbol. A los dieciocho años huyó de la provincia y se marchó a Milán, a ser cantante. Ya había probado con el piano y la guitarra, ya había ido de feria en feria. Ha pasado una vida desde entonces. O quizá más de una. El siciliano habla de sucesos lejanísimos, como si su propia infancia hubiera quedado más allá del tiempo y del espacio:

Háblame de la existencia de mundos lejanísimos,
de culturas sepultas, de continentes perdidos.
Háblame del amor que se hace entre las gentes,
de pasajeros anómalos en místicos territorios.
Y hay más.
Se busca por instinto, las pistas de cometas
como vanguardias de un nuevo sistema solar.

No time, no space…

        
Ahora, en este texto, Battiato ejerce de Virgilio en un vuelo rasante y dantesco sobre los horizontes de nuestras agonías, pero antes del tiempo y del espacio él también fue un jovencito perdido que cayó en depresión al ver en lo que lo estaban convirtiendo a fuerza de canciones ligeras y festivales de éxito. De modo que, sensato, se puso triste y se largó, después de haber encarnado al mítico pluriempleado pobre que pugna por ser artista.

Vivir no es muy complicado
si puedes renacer después y cambiar varias cosas,
las frivolidades y tanta estupidez.
Mientes, tú mientes bien.
Cuando te tengo junto a mí tú me das la razón
y quisiera decirte que prefiero estar solo,
y el animal que yo llevo dentro
no me ha dejado nunca ser feliz.

        
Abrazó el sufismo, el soplo que le vino de Oriente, se hizo experimentalista, creció, sí, pero hacia dentro. Y así transcurrieron los setenta. Que el niño que recibió un balonazo a los ocho años se había convertido en una referencia en el campo quedó claro. Hasta le contestaba a Bob Dylan…

Mister Tamburino yo no quiero bromear,
pongámonos la camiseta, los tiempos cambiarán.
Somos hijos de la estrella
y biznietos de su majestad el dinero.

(…)

En el puerto ondea la bandera blanca…

        
Estamos volando cogidos a la mano de Franco Battiato, estamos más allá del tiempo y del espacio y hemos superado tristezas. Ahora que nos hemos desprendido de todo, como él a partir del 79, retornamos a la era del jabalí blanco y nos regodeamos en el rítmico movimiento del mundo. Porque golpe a golpe, verso a verso, con la misma regularidad con la que fueron llegando sus absolutos aciertos en la década de los ochenta (uno por cada canción) sentimos, asidos a la mano de Franco Battiato, que el universo entero danza, danza, danza.

En el ritmo obsesivo la clave de ritos tribales,
reinos de hechizos y de los músicos gitanos rebeldes.
En la baja Padana en verbenas de verano,
la gente anciana que baila, viejos valses vieneses.

Y gira todo en torno a la estancia mientras se danza, danza.
Y gira todo en torno a la estancia mientras se danza.

        
¿Desde entonces? Un hombre libre no se detiene jamás. Battiato ha seguido haciendo discos, colaboraciones, experimentos y hasta cine. Que haga lo que quiera, tiene licencia para ello desde que nos indicó el camino hacia el centro de gravedad permanente, ese punto en el que el conocimiento se nos revela (con lo apropiado que esto puede llegar a ser en esta página).

Una vieja de Madrid con un sombrero,
un paraguas de papel de arroz y caña de bambú.
Capitanes valerosos, listos contrabandistas noctámbulos.
Jesuitas en acción vestidos como unos bonzos
en antiguas cortes con emperadores de la dinastía Ming.
Busco un centro de gravedad permanente
que no varíe lo que ahora pienso de las cosas, de la gente,
yo necesito un...  cerco un centro di gravità permanente
che non mi faccia mai cambiare idea sulle cose, sulla gente.
Over and over again.

        
Porque, desde hace un buen rato, aunque no os lo hayamos dicho, Battiato nos ha soltado. Volamos por propia cuenta, libres al fin, con nuestro centro de gravedad permanente. A partir de aquí, redescubrimos la percepción, experimentando con sentimientos nuevos, como Battiato lo hizo con la música.

Es un sentimiento nuevo, que mantiene alta mi vida,
la pasión en la garganta, Eros que se hace palabra.
Todas tus inhibiciones no forman parte del sexo.
Los apetitos míticos, de cortesanas libias,
la posesión, las formas de amor pre-alejandrinas.
Y tu voz igual que el coro de las sirenas de Ulises me encadena.

        
La voz de Battiato nos encadena, en efecto, y a pesar de que hemos regresado al cuarto en el que comenzamos este comentario, sentados en el centro, ajenos a las paredes, ahora tenemos la sensación de que la estancia entera gira a nuestro alrededor. Ulises, estamos seguros, se hubiese liberado de las sogas que lo atenazaban al palo de la nao para zambullirse de cabeza en el Mediterráneo de Franco Battiato. Jamás sospechamos que alguien pudiera engatusar a las sirenas…

 

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