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JAVIER KRAHE: como Ulises

Llega Krahe, madrileño, que comenzó a andar los caminos del arte en el cine, haciendo cortos incendiarios —en los setenta lo eran aún más—. Sube al escenario, enciende un purito, nos saluda, se echa un trago entre pecho y espalda y comienza a cantar: despreocupado, como si nada, del mismo modo que hizo en La Mandrágora, junto a Joaquín Sabina y Alberto Pérez, a caballo entre los setenta y los ochenta. [+]

 


 

JAVIER KRAHE: como Ulises. Artículo enviado por Angelcaído.

FICHA TÉCNICA:
 

Discografía:

1980.- Valle de lágrimas
1984.- Aparejo de fortuna
1985.- Corral de cuernos
1986.- Haz lo que quieras
1988.- Elíjeme
1993.- Sacrificio de dama
1997.- Versos de tornillo
1999.- Dolor de garganta
1999.- Surtido selecto
2002.- Cábalas y cicatrices
2004.- Y todo es vanidad

Todo sobre música en: DVDgo

Página oficial: www.javierkrahe.com

 

        Algunas veces hemos venido a este local para tomar café mientras mirábamos la prensa. Amplia barra, recovecos por los que sestean tableros y sillones. Las mesas se hallan hoy, no obstante, apelmazadas, en anárquica disposición: hay concierto de Javier Krahe.

        La señora con la que venimos no conoce al cantante. Como mucho nos ha escuchado tararearlo, nos lo ha oído cuando lo ponemos en el coche. De modo que sospechamos, de algún modo, que ella espera pasar el rato de cualquier forma, entre copa y copa, hasta que acabe el concierto.

        Pero llega Krahe, madrileño, que comenzó a andar los caminos del arte en el cine, haciendo cortos incendiarios —en los setenta lo eran aún más—. Sube al escenario, enciende un purito, nos saluda, se echa un trago entre pecho y espalda y comienza a cantar: despreocupado, como si nada, del mismo modo que hizo en La Mandrágora, junto a Joaquín Sabina y Alberto Pérez, a caballo entre los setenta y los ochenta.  

No sé cual es más bella, si
la mar, la vela o la estrella, y
y
las tengo al navegar,
las tengo al navegar,
las tengo al navegar,
la estrella, la vela y la mar.

Yo, como Ulises, he sido
de Penélope el marido,
y me alejé de esa joya
por unirme a Agamenón,
que iba a la guerra de Troya,
me pedía el cuerpo acción.
Y tuve acción, tuve guerra,
ríos de sangre por tierra,
y, entre hecatombes y vino,
Aquiles, casi divino.
Y el mejor de mis engaños:
un caballo de madera.
Y Aquiles que desepera
y muere. Fueron diez años.
Y me volví para casa,
pues de Ítaca el rumbo,
y ya sabéis lo que pasa,
dando un tumbo y otro tumbo.
Y, ¿qué queréis que uno haga
si al primer tumbo me tumbo
en el lecho de una maga?
Baste deciros que tanto
de Calipso fue el encanto
que me acosté en aquel lecho
un par de años, quizá tres,
y siempre estaba desecho.
Pero el tiempo es como es.  

        —¿Quieres otra copa?—preguntamos.
        —Chsssst. Calla, calla.  

        La señora que viene con nosotros no nos contesta, de modo que pedimos que nos rellenen; se inclina la mujer hacia delante, no para de reír y se cruzan, Krahe y ella, miradas afiladas, tan afiladas como las palabras de las letras: pulidas, versos contados, no se les escapa ni uno, estructuras plenamente poéticas. El humor no es un tema para él, sino un tono. Debería ser obligatorio para los cantautores este espíritu con el que Krahe trabaja. ¿Los temas? Amoroso-apareatorios, políticos, sobre la muerte, religiosos…  

        Brassens y Cohen son sus influencias; la literatura, su arsenal; la vida cotidiana, su coto de caza. Krahe graba en 1980 su primer disco, Valle de lágrimas , en el que se insertan canciones como La hoguera , La oveja negra o Marieta . Aparece en el programa de Fernando García Tola y se le allana el camino: en 1984 nos regala Aparejo de fortuna , en 1985 graba Corral de cuernos , en el 86 Haz lo que quieras , un disco difícil de encontrar —ya que fue grabado por Hispavox y actualmente está fuera de catálogo—; según el propio Javier, éste es del que se siente más orgulloso. Por esas fechas canta Cuervo ingenuo , una reprobación hacia Felipe González, y esto le acarrea el ostracismo y el rechazo de los medios oficiales hasta hace poco tiempo. En 1988 saca Elíjeme , un doble álbum recoplatorio con sus mejores canciones. En 1993, ya en la firma Lollipop, graba Sacrificio de dama y, tras cuatro años de silencio, Versos de tornillo , donde vuelve a los temas de sus primeros discos pero enriquecido con unos arreglos mucho más modernos. En 1999 aparece Dolor de garganta con su nueva discográfica: 18 Chulos . Sin permiso del autor, una discográfica anterior comercializa un recopilatorio llamado Surtido selecto . En 2002 sale a la luz el espléndido directo Cábalas y cicatrices y en 2004, finalmente, 18 Chulos se lanza a un doble disco de homenaje a Krahe que incluye el DVD en el que podemos admirar el desparpajo en directo de este señor, capaz de afirmar entre canción y canción: “ Todo tiempo pasado... fue anterior."  

Y rompe el encanto un día,
y sigues tu travesía,
resistes a duras penas
cánticos de las sirenas,
y visitas el infierno,
donde Aquiles y tu madre,
aunque Cerbero les ladre,
tienen frío y es eterno.
Y otra vez de vuelta a casa,
otra vez de Ítaca al rumbo,
y ya sabéis lo que pasa:
doy un tumbo y otro tumbo
y, otra vez mi suerte aciaga,
y, esta vez casi sucumbo
en el lecho de otra maga.
Circe de turbio recuerdo
me quería para cerdo.
Lo fueron mis camaradas,
a mí me salvó algún dios.
Y le afeé sus cerdadas:
que te zurzan, Circe, adiós.
Y, al mar, me dicta mi instinto,
al mar, que es un laberinto.
Y sopla un viento contrario
y doy con un sanguinario
cíclope vil, Polifemo.
Aunque me tuvo a su antojo
era un borracho y un memo.
Le clavé un palo en el ojo.
Nadie, gritaba, me ciega,
Nadie, gritaba acusica.
Con Poseidón no se juega
y naufrago hacia Nausica,
linda princesa feacia,
a quién traté en plan colega
con extrema diplomacia.
Y me alojé en el palacio
de su padre, el rey feacio,
y me contaron mi historia
sin saber que yo era yo,
y en un momento de euforia
mi gloria me descubrió:
Señores, sí, soy Ulises,
vuelvo de muchos países,
debo seguir navegando,
Ítaca me está esperando.
Me ofrecieron un navío
y remeros, los mejores.
Y zarpé hacia mis amores,
mi Penélope y el crío.  

        Y aquí, en presente, en este concierto, en este artículo, parece ser que han intimado Krahe y la señora con la que venimos. Él le dedica sonrisas, ella le corresponde con complicidades gestuales que a mí me llevan a pedir otra, y otra, y otra. El cantante que veranea en la gaditana Zahara de los Atunes de julio a octubre ( “Para tener las mismas vacaciones que los niños” ), el que canta que en La taberna de Platón las sombras beben sombra de vino… sed y más sed, es la cuestión”, es demoledor en la distancia corta: nadie ha sabido resistirse a sus encantos, nadie ha salido de un concierto suyo sin haberse convertido automáticamente en un admirador. 

Ítaca al fin, veinte años,
Ítaca al fin, no son nada,
unos cuantos desengaños
y es el mar agua pasada.
Me disfracé de mendigo:
vi a Penélope casada
con un antiguo enemigo.
Y ahora soy un ex marido,
un ex padre, y he sabido
que guardó un tiempo mi ausencia
bordando que era un primor,
que se agotó su paciencia,
que rompió su bastidor.
En uno de sus repentes
y a uno de los pretendientes
parece ser que le dijo:
padre serás de mi hijo
y tendremos otros varios,
Ulises, si es que regresa,
se llevará un sorpresa,
me lo dictan mis ovarios.
Y ahora, perdido mi rumbo,
ahora voy adonde sea,
un tumbo doy y otro tumbo
y prosigo mi Odisea
en otras tristes canciones.
Sólo Hermes y Atenea
comparten mis libaciones.
No sé cual es más bella, si
la mar, la vela o la estrella, y
las tengo al navegar,
las tengo al navegar,
las tengo al navegar,
la estrella, la vela y la mar.  

        Acaba el concierto, la canción, el artículo. La gente se mezcla con Javier López de Guereña, con Fernando Anguita, con Adreas Prittwitz, con Jimmy Ríos, los músicos del músico. Con Krahe no se mezcla nadie: lo ha monopolizado la señora con la que vinimos. Se pierden en la barra, los dos, más allá, y nosotros nos quedamos, como Ulises, fuera de Ítaca, sin Penélope, sin Telémaco, sin Krahe. Pagamos todo, eso sí, y salimos tarareando hacia el coche, donde nos espera una cinta de Javier en la guantera; mientras, hacemos cábalas, calculando cuándo es el próximo concierto de Krahe y calibrando las posibilidades que tendremos de asistir a él acompañados por una señora. Las posibilidades y la conveniencia.

 

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