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Hilario Camacho en los tiempos de Los cuatro luceros, de su primer disco LP |
Dicen casi todas las reseñas que he visto que dejó una carta, -posiblemente una explicación si algo así cabe explicarse-, que habrán leído ya sobradamente todos aquellos a los que fuese dirigida directa o indirectamente, familiares próximos, tal vez amigos íntimos, supongo… Qué sé yo,pero algo muy fundamental se le debió romper en la vida. Puedo imaginar la escena…, quizás enfundó su guitarra en silencio tras haber compuesto su última canción; sí, en silencio…, con el respeto que se debe a tan fiel compañera en tantos años de trabajo, -él, tan gran guitarrista-. Ya no sonaría más en sus manos. Y se marchó, cerró la puerta de la vida y se marchó, ya para siempre, hacia ese destino desconocidopara el que nunca jamás se vendió billete de ida y vuelta. Siempre hay un tren distinto que parte de una estación a otra, siempre distinto. Ninguno de ellos, -de esos trenes-, retornó jamás al punto de origen…, todos se pierden más allá de la misma línea del horizonte en que se juntan la tierra o el mar con el cielo, y no regresan, no regresan nunca.
Mi casa es pequeña, chiquita y manejable para todo, para soñar, para limpiar, para vivir en ella…, incluso coqueta para convivir con ella. En tres o cuatro pasos desde la mesa del ordenador llegué hasta el lugar en que se asienta el misterio de mi caja de música, la minicadena teledirigida por un mando a distancia que casi nunca encuentro. Hoy, prácticamente, todos los aparatos electrónicos son casi mágicos, suenan o funcionan apenas el solo deseo personal de cada dueño se hace patente en su cerebro. Otro asunto ya diferente es encontrar el dichoso mando, -pequeño, estrecho, casi invisible a la mirada de cualquier ser humano, negro, rectangular y tan esquivo a veces-, que procura el milagro de las leyes físicas universales. Qué diferente a aquel tocadiscos, pickup antiguo, que de muy chico me embelesaba escuchar y observar cuando sonaba en casa de mis padres, girando y girando el vinilo sobre aquel plato, bajo la leve presión de la aguja reproductora, a 33 o 45 revoluciones por minuto según fuese el microsurco, cuya tapadera se convertía al abrirlo en el único altavoz disponible que derramaba, aunque un tanto imperfecto, el sonido de una música casi siempre cautivadora para el niño que yo era.
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El Hilario Camacho de Tristeza de amor, su mayor éxito |
De la repisa en la pared donde procuro ordenar mínimamente,sin conseguirlo, lo confieso, todos los CD´s de que dispongo, -pequeño caos que todavía controlo-, llegó a mis manos Lunático deseo, su mejor disco desde mi punto de vista, sutil y delicadamente acústico en muchos de sus temas, curiosamente editado por una gran multinacional de las que él era tan poco amigo, la Wea Records, -dirigida aún en esa época, 1.998, por un tal Saúl Tagarro, personaje extraño y oscuro donde los haya. Qué abismal diferencia con Ele Juárez, su primer director en España-, uno de los sellos de la todopoderosa Warner Music. Lo introduje en la bandeja y me senté en el suelo, -sobre un cojín tal vez casi verde marino o pálidamente semiazulado, la espalda contra la mesita baja del salón, las piernas recogidas y cruzadas-, frente al reproductor de música y escuché, casi al instante, la primera canción del disco, Contigo volaré, y luego otras, La luz de tu mirada…, hasta llegar al bolerazo de amor y soledades más genial que recuerdo haber escuchado nunca: Y todos duermen, y más tarde Juego sutil, -preciosa canción donde las haya, de esas que uno siempre deseó componer sin conseguirlo-, Fantasía, y Fuego y rumba…, y cuando el disco acabó me sentí a gusto aunque triste por la pérdida del músico que acababa de escuchar. Yo no lo conocía, no me unía a él ningún afecto especial o entrañable, aunque lo escuché en directo, creo, tres o cuatro veces,pero desde el primero hasta el último tengo todos sus discos, primero en vinilo aunque años más tarde de su publicación, luego en formato CD, algunos mejores que otros, pero siempre especiales, originales, y muchos ratos de mi vida he pasado escuchándolos distendida o apasionadamente, en función de mi estado de ánimo.
Este autor fue capaz de crear desde rock suave hasta blues ibérico, desde sentidas baladas hasta boleros, pasando por un pop convencional al uso,y siempre con mucho talento y mucha dignidad, con la maestría que otorga ese savoir faire que sólo manejan los buenos artistas de la música moderna o popular, o como se la quiera identificar. Nunca fue un músico mayoritario o de éxitos continuos, posiblemente su presencia y su carácter no iban con eso. Era una especie de Guadiana musicalque aparecía y desaparecía de la escena casi siempre de improviso. Entre disco y disco editado podían pasar años, dos, tres, cuatro…, pero al final siempre llegaba el regalo de otro trabajo. Ahora ya no cabe esperar nada nuevo, ya no habrá más discos originales suyos. Ya nunca.
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Hilario Camacho en un instantánea más reciente |
Muy poco tiempo antes de partir, el autor de la célebre Tristeza de amor, o Los cuatro luceros,Cuerpo de ola, Madrid amanece, Sol en invierno, Oye niña y tantas otras, este músico madrileño, nacido en el barrio de Chamberí en el año 1.948, dejó terminado un nuevo trabajo discográfico titulado Una mirada diferente. Quince temas de los que la mayoría son antiguos éxitos de lo que fue su larga carrera musical, aunque grabados nuevamente con diferentes arreglos y renovadas interpretaciones. CD éste producido por el que, curiosamente, fuera su primer productor discográfico, Alain Milhaud, y con el que tuvo ciertos desacuerdos en su momento. Factoría Autor es el sello con el que se ha editado comercialmente. Pero el último trabajo aparecido hasta la fecha, -al aire de oportunismos comerciales tal vez comprensibles-,compilación de grabaciones originales anteriores, que consta de dos CD´s que reúnen un total de treinta canciones, más un DVD, -tan de moda esta fórmula en los tiempos que corren-, con dieciocho temas visionables, puesto en el mercado por Dro Atlantic, sello propiedad de la antes mencionada Warner Music, lleva el título curioso, -porque así se llama una de sus canciones y porque refleja una realidad dura pero incontestable-, de Final de viaje:Al final vuelvo la vista atrás / Fue tan cansado el largo viaje / tan pesado el equipaje / para llegar aquí / Perdido en la ciudad / soy prisionero en una calle / sin farolas, sin portales / donde esperar / que salga de nuevo el sol / que entre caliente por mi cuerpo / y haga sentirme que amanezco / Vuelvo la vista atrás / lo acabo de comprender / He pasado de largo / y el final de mi viaje sólo puedes ser tú / sólo tú puedes ser / elportal de ese amanecer / el único aliento / que se adentre en mi cuerpo / fundiendo mi soledad.
El día 16 de Agosto de 2.006 se fue Hilario Camacho. Aquellos a los que nos gustó y nos gustará siempre su música echaremos de menos todos esos trabajos que, seguro, quedaron pendientes de acabarse, escondidos en un cajón olvidado de qué sé yo qué mueble de una casa ya cerrada, o simplemente dentro de la cabeza del autor ausente, y que su guitarra, -ahora para siempre en silencio-, debe conocer sobradamente aunque calle con tristeza manteniendo su cómplice secreto, pacto de leales compañeros, promesa inquebrantable hecha en el imaginario pero frío andén de la despedida final: -Adiós amigo, compañero-, debió decirle bajito, en un susurro apenas perceptible, con voz quebrada de mujer, voz femenina de melódico y último acorde. Hilario Camacho nos dejó, pero nos queda para siempre, afortunadamente, la frescura como el primer día, -por el milagro de la técnica-, de su música auténtica y sincera.
Hilario Camacho, aunque algo tardío, tras muchos meses transcurridos, ahora que he tenido el tiempo oportuno y el gusto de escribirlo, sirva este artículo para hacerte llegar mi adiós personal y el de todos aquellos que a él quieran unirse, que es un simple hasta la vista, pues nos habremos de ver algún día, seguro. Todos antes o después acabamos cogiendo un tren sin retorno como ése al que tú libremente subiste mediado el pasado mes de agosto de 2.006… quién sabe la causa. Hilario Camacho, descansa en paz hasta entonces. Los que aquí quedamos seguiremos escuchando tu música de vez en cuando, y recordándote.