Será por eso que muchos músicos frustrados no son del todo malos críticos de lo que otros más capacitados realizan, aunque claro, para gustos los colores, y a mí jamás se me ocurriría escribir sobre rap, bakalao, reggaeton… estilos de los que no entiendo una jota e ignoro cómo descubrir en ellos cualquier pequeño atisbo de arte, lógicamente por incapacidad personal, porque de entrada nada tengo contra los que practican o gustan de ese tipo de armonías musicales que a mí me resultan tan machaconas o estridentes.
A mí siempre me apasionó la música acústica de personajes o grupos de la talla de Cat Stevens, Don McLean;Crosby, Stills, Nash & Young, América, Simon & Garfunkel, etc., que se escuchaban cuando yo ni soñaba aún con tocar la guitarra, y que fueron mi mejor escuela aunque nunca llegara a aprender gran cosa de ellos, y también la música con raíces en la tierra de la que procede, y reconozco que por tendencia de sangre ahí me quita el sentío la copla y el flamenco. Y al correr de los años, esta música del sur de mi país que os digo, gana continuamente terrero en mi corazón, y su escucha es uno de mis más grandes e íntimos placeres siempre que dispongo del tiempo oportuno y de la paz necesaria, que al Camarón, pongo por caso, no se le puede escuchar sin la tranquilidad oportuna y sin el espíritu sosegado.
Ya iba siendo por tanto el momento, aprovechando la recientísima aparición de su último disco en el mercado, de que volviese a escribir una vez más de una artista de mi Andalucía, jovencísima estrella y a la vez grande donde las haya, aunque algunos así no lo entiendan y otros pocos no quieran entenderlo a saber por qué absurdos prejuicios, de una artista muy singular y, en una sola palabra, esplendorosa, a la que descubrí de verdad hace como unos tres años y como unos tres años hace que ando embrujaíto con su arte y su alegría, que hasta una especie de pócima o bebedizo de vida son para mí sus canciones y esos bailecitos que se hecha con tanta gracia y tanto don.
Debió ser tal vez el 22 o 23 de mayo pasado o muy cerca debe andarle. Abrí los ojos al día y desde mi ventana contemple el cielo. Había vuelto a amanecer nublado, amenazando lluvia. Llevaba ya varios días lloviendo en Madrid después de un año largo, acaso más, de preocupante sequía. Posiblemente también llovería ese día, posiblemente también llovió, ya no lo recuerdo, pero entre aquellos grises ora oscuros ora más claros que por el cielo se esparcían y difuminaban, un sol sentido de deslumbrante luz y de alegría sureña llenaría, tras larga espera, justo ese día aparentemente triste, los estantes de las tiendas de discos, de los departamentos de música de los grandes almacenes del país.
Habían pasado tres años y medio largos, interminables, desde aquel CD “Melodía”, que con su enorme calidad había supuesto la definitiva ruptura con su etapa pasada de niña prodigio que ya anunciara muy seriamente su anterior disco “TQM”. Habían pasado, sí, tres años y medio largos, interminables, de dudas y de temores porque aquel CD de título homónimo, por ser el mismo que el nombre de la cantante que lo interpretaba, fue el que menos venta había tenido en toda su trayectoria artística. El mejor, vaya, pero el de menor venta. Las cosas del show business, del marketing y de los a veces enrevesados intereses de cuantos medios y empresas viven del arte ajeno... también muy posiblemente las cosas de la incapacidad de ciertas compañías disqueras, incluso, por qué no, en la medida que corresponda, las cosas de la misma vida cuando se gira de espaldas. En fin, habían pasado tres años y medio largos, interminables, y Sony Music España había sacado de su catálogo de artistas, no renovando su contrato, a quién merecía mucha más atención por parte de la multinacional discográfica. Además, la artista, desde hacía ya más de dos años, había desparecido, también, de la vida pública, de escenarios y medios de comunicación en general, prensa, radio, televisión, sin decir adiós… ¿Por qué? ¿Qué pasaba con MELODY RUIZ?
Y es que no debe ser nada fácil para nadie, pensé más de mil veces acordándome de esta chiquilla excepcional, mientras escuchaba sus canciones o escribía sobre ella, por mucho valor o confianza que en sí misma tenga cualquier persona, superar la barrera de un descomunal y sorprendente éxito infantil manteniéndose en el candelero de la fama cuando aquella primera etapa de la vida concluye, y los años, irremisiblemente, a casi todos nos acaban situando en otro contexto de la vida más o menos distante del anterior. No es nada fácil, y me parece que mucho menos en España, ser un niño prodigio, -niña, niña y bonita en este caso-, y salir con la gloria intacta y sin heridas por dentro, en el alma, de tal condición y circunstancia. No ha debido ser nada fácil para MELODY emprender y superar su particular travesía del desierto de tanto tiempo de silencio, ni encontrar las respuestas apropiadas, estoy convencido, a tantas preguntas acumuladas en su cabeza, pero ¡ay!, también en su corazón…
Sin embargo, he aquí que la fortuna nos sonríe tras un tiempo de sombra, porque la artista sevillana renace como un Ave Fénix portentoso con más ímpetu y calidad que nunca para regalarnos de su arte, grande y largo, un nuevo CD verdaderamente espectacular. Inequívocamente su mejor trabajo hasta la fecha, de la mano de una discográfica cordobesa, de casa y no de fuera, y un productor de más que demostrado talento, “Los buenos días”.
El disco rebosa, de norte a sur, como ningún otro anterior de la artista, esencias andaluzas de las buenas y sentías, además de incidir en ciertos temas en un pop-rock peninsular por ser muy nuestro, muy actual y con mucha fuerza, y en el que las cualidades de la artista se disparan hasta cotas verdaderamente altas, siendo la perfectísima afinación de esta intérprete algo que desde su tercer CD me maravilló sorprendentemente, y que en la nueva grabación reparte a diestro y siniestro, a su gusto y antojo, sin restricciones, -mandando con poderío como un matador manda en un toro zaino… bragao, sobre un albero de arte y pasión, de muerte y de vida, de gloria y riqueza, de angustia frente al riesgo-, por cada uno de los once cortes del esperadísimo trabajo.
Manuel Ruiz “Queco” andaba buscando a MELODY desde hacía años para trabajar con ella en un disco grande, en una producción importante como sólo él y muy poquitos más que se cuentan con los dedos de una mano y acaso sobre alguno, saben hacer allá por el sur, donde la luz dispara el arte a cotas inalcanzables y hasta el cielo limpísimo entona impecable los cantes del pueblo. También MELODÍA se deshacía en las ganas de trabajar con el artista cordobés que ya le había hecho saber de su interés y sus proyectos. Liberada pues la jovencísima cantante sevillana de sus compromisos con Sony Music, afortunadamente, y dedicado “Queco” principalmente a la producción discográfica desde su propia compañía Disparate Records, estaba más que cantado que la intersección de sus caminos en un punto cercano del tiempo, para llevar a buen término la tan esperada colaboración artística, habría de producirse con carácter inminente, como así fue. La cantante sevillana en el apartado de ‘agradecimientos’ del disco explicará claramente: “Mi especial agradecimiento a Manuel Ruiz “Queco” por confiar en mí desde hace años y perseguirnos mutuamente hasta lograr darnos los ‘buenos días’ de tan bella manera”.
De la unión de dos talentos con mayúsculas como los de MELODY y “Queco” sólo podía surgir un trabajo verdaderamente grande, mágico, de pura raza, todo arte como “Los buenos días”.
Ahora, si me lo permitís, vamos a ir caminando pasito a paso por cada una de las canciones que componen la obra, sin prisa, a pecho descubierto, acercándonos a ellas cuidadosamente y con respeto por no perturbarlas en sus más íntimas armonías, libres de interferencias en nuestro corazón y nuestro cerebro, dejándonos arrastrar por el río de sus cadencias, a veces de más bravas aguas, a veces de reposada corriente, para definir su espíritu y las sensaciones que nos provocan, para irlas conociendo al mismo tiempo que revelamos la sorpresa de descubrir, con mucha cercanía, a la intérprete que nos guía por los muchos caminos de su magia y de su arte, de su sensibilidad y su talento. Ahora ya no escuchamos a una niña más que salerosa de diez años que nos canta con desparpajo y simpatía “las manos hacia arriba, las manos hacia abajo…”, imitando con los gestos de la coreografía unos gorilas; ahora escuchamos a toda una atractiva jovencita de diecisiete que nos desea: “Ojalá vengan los buenos días rebosantes de alegría dando vida al corazón…” Ojalá vengan para todos nosotros; ojalá para ti también, MELODY.
Abre el disco “Te digo adiós”, canción compuesta por Manuel Ruiz “Queco” como la mayoría en este CD, que es el primer corte que sale del álbum para sonar por emisoras y discotecas a los calores y alegrías desinhibidas del verano recién estrenado. El tema es una rumba poderosa con tratamiento eléctrico y moderno cuya pretensión es que nos movamos, envolviéndonos en su ritmo pegadizo y divertido. Pero es también una canción de desamor en su mensaje porque nos habla de olvido, de distancia… “Intenté quererte con todas mis ganas y me dejaste herida, tuve que cambiar, tú ibas de mano en mano como una moneda y en tu repertorio sólo fui una más… Con la rabia que siento al verte se ha hecho más fuerte mi corazón, no puedo quererte, no puedo quererte y te digo adios…”
“Ojalá vengan los buenos días rebosantes de alegría dando vida al corazón. Ojalá se vayan los desengaños y por los años de los años lluevan caudales de amor…” Se nos acercan a los compases de esta canción, “Los buenos días”, -también de Manuel Ruiz-,que bautiza el disco entero, airecitos refrescantes de colombiana que se pasean por su estribillo, que nos contagian sus deseos de felicidad y cosas buenas, mientras un acordeón nos mece entre compases de ritmo dulce que a mí, no sé muy bien por qué, me llevan en volandas hasta el mismo Cádiz blanco de cal, Cádiz de azules atlánticos, vértice más africano de la Península entera.
La producción discográfica que os comento está realizada y dirigida por Manuel Ruiz “Queco” para Disparate Records, y fue registrada en los estudios cordobeses Filigrana por Nicola Almagro y Lauren Serrano.
Ahora que nos vamos al tercer corte musical del álbum, nos tropezarnos de frente con una de las pinceladitas más andaluzas del CD. Comienza a sonar, y cómo me gusta, “Moneíta”, con letra de amor y esperanza en retomar una relación partía, compuesta al alimón por José Antonio Benítez, autor de los más memorables éxitos de MELODY desde su llegada profesional a la música, y José Marín, guitarrista habitual de la cantante en sus últimas incursiones televisivas, que ya hubieran querido para sí los mismos Ketama en sus mejores tiempos: “Me han dicho que hay rumores por la calle de que volverás conmigo y que tirarás la llave de la juerga y los amigos… Moneíta de cariño, moneíta de pasión de una hucha que he partío pa’comprar tu corazón…”, y las guitarras españolas sonando que nos envuelven misteriosamente en la magia del sur, pura canela en rama, canela al viento, que van dibujando acordes y compases desde el centro de un arreglo andaluz pero muy de ahora, muy flamenquito él, muy del nuevo flamenco que se abre paso con garbo por las músicas de mi tierra.
Conviene en este preciso instante que cerremos los ojos y dejemos que la música inunde todo nuestro ser. Debe ser así y no de otro modo, pues empieza a sonar una de las baladas más bellas que el disco encierra. Os hablo de “Sin ti a mi lado”, que abre un suave punteo eléctrico, cuya autoría corresponde en letra y música a José Antonio Benítez “Adrián”. Canción de profunda tristeza, de soledad y desamparo por el amor perdido que carga la percusión durante el estribillo: “Y ahora qué hago yo sin ti a mi lado, se ha apagado el sol, se me ha nublado la vida, qué hago sin ti a mi lado… Sin ti no sé que hacer, me pierdo en el ayer, sin ti la vida no me vale… sin ti me dan miedo las calles. Sin ti a mi lado…”
Este nuevo CD de MELODY es una gran obra, de lujo, y para asentar su éxito se ha masterizado en New York por Ted Jansen, en Sterling Sound, siendo utilizados diversos estudios discográficos para sus mezclas: Filigrana, Ancaduardo, Rem Studios, Montepríncipe, Bahía, Los Valles y Sitín Mix, y contando para tal labor con ingenieros de sonido de la talla de Juan Vinader, Carlos Vera, Eduardo Ruiz, Roberto Maccagno, Bori Alarcón, Óscar Clavel y Sitín Ubreva. Cuenta además el disco con una pista interactiva en la que poder contemplar el vídeo-clip realizado para el tema “Te digo adiós”, rodado para su gloria en los Baños Árabes de Córdoba, de mi Córdoba, y las bellísimas ruinas, bastante bien conservadas, de lo que fue en su día la excelsa Medina Azahara, Madinat al-Zahra, “Ciudad de la flor del azahar”, en la misma falda de la serranía cordobesa.
“Ese pellizquito”, que irrumpe con una sola percusión de bongos hasta entrar más en faena, es el cuarto tema que descubrimos en “Los buenos días”, y el único en este compacto que introduce una pequeña muestra del rap hispano con que MELODÍA siempre ha flirteado en mayor o menor medida en todas sus grabaciones. Rumba alegre y desenfadada, es también la primera canción del álbum que vemos firmada por MELODY en colaboración con José Marín. Tiene para sí el honor esta rumba de ser la primera incursión de la artista en el difícil pero maravilloso terreno de la composición, en lo que a trabajo editado se refiere: “Me iba contigo ‘pal’ fin del mundo y me di la vuelta, ya me cansé de esperarte toda la noche despierta. Y mientras tanto con tus colegas siempre de juerga, y tú nunca me llevabas porque decías que no pega…”
Y de nuevo vuelve José Antonio Benítez a la carga. El autor de siempre fabrica ahora para MELODY un tema muy movido y muy adolescente, en el que se refleja la diferencia de clases al aire de rumba-pop, “La hija de un banquero”. Guitarra eléctrica y compás dan la entrada a la voz de la artista que se desenvuelve en canciones de este corte como pez en el agua: “Oye pijo, qué te pasa, tú por qué me das la espalda, mi vaquero no es de marca pero tiene buena planta… Yo no vivo en un cortijo ni como en los restaurantes, pero duermo de un tirón, no le hago daño a nadie… Oye pijo, no regalas ni siquiera una mirada y por dentro tienes ganas de besar a esta gitana…”
… Y cuando ya el mundo entero o parte muy importante de él está en la pista de baile dejando moverse al cuerpo con el ritmo que la música le marca, comienza a sonar “Mi alma se enamora”, segunda muestra del acierto del tándem José Marín-MELODY en el terreno de la composición. Guitarra eléctrica y batería nos introducen en este séptimo tema que se enmarca entre la balada poderosa y el pop-rock eficaz y bien construido, y en el que MELODÍA pasea su voz de principio a fin con fuerza y poderío: “Me ves bailar, me ves reír y piensas que estoy ‘sacá’ de un cuento. Te crees que soy de otro lugar y como tú yo soy de carne y hueso… Mi corazón siempre contigo está… y mi alma se enamora…”
Llega ahora, en el octavo corte del CD, el que muy probablemente sea el segundo single del álbum, por su fuerza y su ritmo, y por el carácter que MELODY le imprime al cantarlo: “Nadie”, rumba poderosísima de Manuel Ruiz “Queco”, que tiene la virtud de mezclar a partes iguales calidad y comercialidad; rumba ideal para que suene durante todo el verano por playas y discotecas para acompañar las soñadas y merecidas vacaciones: “No tengo miedo a nadar a contracorriente, me aburren las modas que va siguiendo la gente, yo sigo el impulso de la ilusión que cruza mares y ríos buscando el punto del corazón… Nadie, nadie tiene nada. Nadie, nadie sabe a dónde irá, nadie puede romper la magia, en esta noche el duende me llama y una guitarra me hace bailar…”
Acaba el cante rumbero anterior. Apenas unos segundos de silencio, el espacio inevitable entre canción y canción, y arranca una balada extraordinaria a tiempo lento de rumba, “Fuente de luna”, pura añoranza de un amor, uno de mis temas preferidos del disco, flauta, fliscorno, piano, coro, guitarras, voz maravillosa… se mezclan en unos arreglos que me traen a la cabeza dibujos musicales de jazz: “Es tan bonito estar contigo viendo amanecer, y acariciándonos la piel, ¡ay! amor… Como duelen tus recuerdos, donde estés te llevo dentro y en mi corazón serás eterno… Fuente de luna, rincón de mis tristezas, transparente como el agua siento yo mi pena…” Y me acurruco sin remisión en el sofá de casamientras escucho esta letra, y repito a media voz, dándome el lujo grande de cantar con MELODY: “Fuente de luna, rincón de mis tristezas, transparente como el agua siento yo mi pena…”, qué pocas metáforas hay más bellas… De nuevo el genio de “Queco” entra rompiendo el disco con una calidad extraordinaria.
Cojo en mis manos el CD y observo detenidamente las fotografías… ¡Cómo ha cambiado MELODÍA!, me repito a mí mismo, apenas hace unos pocos años era una niña pequeña, chiquitilla que dice ella, desenvuelta y repleta de arte que recorrió medio mundo, Europa, las Américas, sobre las suaves pero poderosas alas del éxito. Apenas hace unos pocos años aún era una niña artista que todavía no había calado en mis gustos… en mi corazón de músico. Aún no me había tropezado con el álbum “Melodía”, tras verla un día especial en TVE1, ni descubierto posteriormente el CD “T.Q.M.”, con el que comenzó su primer giro hacia una incipiente madurez artística… Aún no me había embrujao su arte, su poderío en escena, terremoto prodigioso de Andalucía. Y la observo ahora, ya tan crecida; y la escucho ahora, ya tan madura… y hasta me parece increíble.
“Sueña conmigo” es el décimo corte del disco que comento. Su autoría vuelve a recaer sobre José Marín y MELODY. Es su tercera aventura como compositora en la grabación, y su mayor acierto en este terreno, aunque no a mucha distancia de “Mi alma se enamora”, desde mi punto de vista. De nuevo estamos ante una balada pop de magnífica factura a la que la voz de MELODÍA envuelve de embrujo: “Ya se acabó la fiesta y ocurre lo de siempre, me pareció escucharte, es fruto de mi mente, qué culpa tengo yo si por ti confundo mis sentidos… Bajo del escenario, me siento indiferente, y apareció tu cara perdida entre la gente… Sueña conmigo, no te despiertes, que es la única forma de volver a verme…”
La obra llega a su fin, el disco está a punto de terminar, pero todavía queda un último tema, toda una sorpresa, un verdadero broche de oro a este quinto CD de la sevillana MELODÍA. El álbum se despide con una balada verdaderamente extraordinaria, sin duda alguna mi canción preferida aunque no sea fácil elegir entre tantos buenos temas. Hablo de “Navegando en su locura”, otra muestra más, por si en alguien cabía la más mínima duda del talento de Manuel Ruiz “Queco”. Habla la canción de una de las más dolorosas realidades que soporta nuestra civilizadísima sociedad del bienestar, la indigencia. Qué difícil y qué extrema puede resultar la vida a veces. ¿Por qué hay personas que llegan a tal situación? ¿Qué problema o acontecimiento les marca de una forma tan rotunda para acabar sus días en la mendicidad y el abandono? Pienso que razones puede haber unas cuantas, la sociedad en la que nos desenvolvemos tiene diversos recursos con los que expulsar de su entorno a cualquiera y en cualquier momento y circunstancia. La sociedad del disparate, de la productividad enloquecida, donde no caben acciones ni sensibilidades que no vengan a producir más y más bienes materiales aunque a muchos ya no les sean necesarios, y a los que todavía sí no les toquen por insolventes, no tiene sentimientos, es simplemente una máquina desbocada que maneja gente extraña y que exige y exige sin descanso, y que nos hace ver que el éxito y la felicidad sólo estriban en tener más cosas inútiles a nuestro alcance. Pero hay también otras razones que aunque por más románticas no dejan de conducir al ser humano hacia su miseria y su degradación personales, como el mal amor. “Navegando en su locura se ha perdido con la niebla, hoy duerme en la cubierta de un barco que se aleja cada día más de la vida… Discutiendo con la luna, insultando a quien gobierna, rebuscando entre basura arrastrando va una pena allá por donde camina… La vi que lloraba un día ante la imagen de un Cristo, la vi que lloraba un día, golpes se daba en el pecho porque estaba ‘arrepentía’ del daño que me había hecho…” Hay una guitarra con mucho duende que acompaña con sus acordes toda la melodía, y otra en un segundo plano que rellena espacios. Hay una letra sentía que cuenta una triste pero bella historia, y hay una voz extraordinaria que nos canta esta obra de arte plasmada en un pentagrama y recogida para su audición en un trocito de plástico circular que llaman “disco compacto”. Yo no sé, pero el trocito de cielo que delimita el marco de la ventana de mi salón, parece que se agranda y que en la oscuridad se llena de más y más estrellas siempre que por la noche en la ‘caja de música’ de mi casa, MELODY me canta, a mí solamente, en rigurosa exclusiva esta canción. ¡Ella no conoce aún cuánto se lo agradezco! Hay en el estribillo de este tema una brisa maravillosa de fandanguito que irremisiblemente me enamora.
MELODÍA RUIZ ha regresado con un disco muy importante, excepcional, tras tres años y medio de ausencia, y la música vuelve a sostener entre sus mágicas manos una vasija finísima de oro repujao y diamantes en la que se derrama todo el arte de una jovencita sevillana, a la que realmente admiro indistintamente de si me canta o si me baila, o si ambas cosas juntas me regala… ¡¡Y qué nos han de importar a ella y a mí los que no entiendan de estas cosas!!