- Si disfrutamos con la gastronomía, buscamos referencias sobre un restaurante tras otro, sobre lo tradicional en cada una de las regiones, sobre qué más se puede cocinar con nuestras manos más o menos habilidosas.
- Si el cine y el teatro también nos despierta la atención, queremos sumar nuevos directores, nuevos actores, nuevos guionistas a los que seguir cuando su nombre aparezca en cartelera.
- En cuanto a la lectura somos incluso más cuidadosos, antes de enfrascarse con un autor surgido del desconocimiento, preguntamos, escuchamos y buscamos opiniones, el hecho de que puedas dedicar horas y horas a algo que luego te puede dejar indiferente es caro precio para los que queramos exprimir el tiempo.
En cada punto tenemos cosas en común, contamos con un baúl de favoritos que esperas que no te fallen, pero ávidos de incorporar nuevos miembros y con el temor de que con las que ya cuentas terminen por aburrirte, buscamos, buscamos y buscamos.
Como no, esta fórmula queda aplicada a la música. Con el tiempo la forma de descubrir nuevos talentos ha ido evolucionando. Desde pequeño la radio, los videoclips, el boca a boca y el trasiego de cintas de música han sido primordiales en la carrera de estar puesto al día. Ahora lo de las cintas ha quedado un poco desfasado y es el olisqueo por foros de música, las pruebas de escuchas de las descargas (que bien utilizadas por los amantes de la música es un buen medio de divulgación), la inmersión en festivales de música con nuestros oídos sintonizados en la frecuencia de cazatalentos, y la atención prestada a los teloneros de los conciertos de nuestros grupos ya conocidos son los que nos otorgan buenas capturas.
Es así, mediante una extraña mezcla de las actuales ventajas, como conocí a Pequeño Pecker. Allá por el 96, en la gira “Avalancha” del grupo “Héroes del Silencio”, teloneaba el grupo colombiano “Aterciopelados”. Me llaman la atención y a estas alturas ya cuento con una lista de sus canciones catalogadas como favoritas. Por el hecho de seguir la pista a “Aterciopelados” leo en la guía del ocio que pasan por Madrid teloneados por un tal “Pecker”. Curiosidad al tanto, dedos volando sobre el teclado y vídeo al canto en la página de “youtube”. Pasa la primera criba y rastreamos biografía y página oficial desde donde se puede escuchar su último disco “2 y las nadadoras”. Desmenuzo y saboreo sus primeros temas y el resto los dejo de fondo mientras trabajo. Siguiente fase pasada con nota alta, por lo que el siguiente paso es descargar sus dos discos “Diez y 1 Galaxia” y “2 y las Nadadoras”.
Como es habitual cuando se descubre a alguien que te gusta en el mundo musical vienen las comparaciones. La más directa que encontré, y lejos de la estética que puede inducirnos a pensar en Calamaro, fue “BECK”. Hay canciones que te marcan el mismo ritmo involuntario en el cuerpo como lo hacen las de “BECK” y te infunden el mismo buen rollo.
Enmarcar su música en un único estilo sería poco certero porque sus discos son una coctelera de fuentes. Hip hop, drum´n´ bass, pop, electrónica, canción de autor y seguro que quien escuche atentamente saca alguno más que se me haya escapado. Como bien expresa Pecker en el tema “Nada es lo mismo”, la música es un canal por el que expresa su mundo interior, el sonido es su pasión y puede apañarse con acústico o electrónico, digital o analógico.
Para que la música sea completa hay que saber adornarla de buenas letras. Hay que escapar de los tópicos “te quiero”, ”te echo de menos”, ”has roto mi corazón”, etc... y poder expresar esos sentimientos con una vuelta más de tuerca, para que toquen la fibra del oyente y las palabras no suenen como las que has oído en boca de otros tantos y que pueden quedar huecas dentro del gran significado que encierran. Además, si cada vez que escuchas una canción descubres alguna frase nueva que se te había escapado, te deja un buen sabor de boca.
El pasado viernes tuve la suerte de verlo en concierto, así pague la deuda pendiente de la descarga que de otra forma no me habría lanzado a comprar la entrada.
En concierto las canciones ganan mucho, pero mucho, mucho. El pub era tan peculiar que los músicos quedaban por debajo de nosotros y mientras escuchábamos, unos se apoyaban en las barandillas y otros meneábamos el cuerpo. Los músicos ante tal escenario comentaron que se sentían como en el zoo, jeje.
Una de las ventajas de tan peculiar situación es que pude ver toda la parafernalia con la que estaban equipados para el concierto. Aparatos electrónicos de toda clase, sintetizadores, mesa de mezcla de DJ, instrumentos de percusión, guitarra eléctrica y acústica, ordenadores portátiles, ipods, teclados, y otra serie de aparatejos que no sabría catalogar.
Si estos nómadas de la música pasan por vuestra ciudad, no dejéis pasar la oportunidad. Os podrá gustar o no, pero os aseguro que veréis algo distinto a lo habitual. Si queréis calentar motores, cazad sus dos discos, especialmente el primero “Diez y 1 Galaxia”.