La familia de un servidor siempre fue católica. No es mala cosa, ni buena, sólo una manera de vivir y de crecer: una de tantas. Acudíamos todos los domingos a misa, en donde un grupo de catequesis nos amenizaba con sus salmos adaptados a las cuerdas de sus guitarras y a sus dulces y melodiosas voces. Nos hablaban de pescadores, de milagros y de amor, nos incitaban a la alabanza, a la gloria y al enardecimiento de un dios. Uno era un niño, no tenía un bagaje suficiente a la espalda como para discernir lo que me decían, aún así parecía bastante sencillo. Pero, tanto los domingos en la iglesia como diariamente en el colegio, deseábamos oír el rasgueo de esas guitarras y los ecos de esas voces; al menos yo, de corazón inocente.
Algo parecido nos pasaba con algún que otro artista musical, sobre todo con los cantautores, y ante todos con un par de muchachos newyorkinos, con Simon y Garfunkel. Los oíamos como lo haciamos con los catequistas. Mas llegó un momento en nuestras vidas que lo que oíamos lo empezamos a escuchar, lo asimilamos. Nos dejaron de gustar esas loas y salmos, igualmente Simon y Garfunkel; les veíamos así, tan sosegados, tan admirablemente sencillos y bondadosos que era imposible desmarcarlos de aquellas misas matutinas. Sólo había una diferencia entre ellos, a la pareja no la habíamos escuchado, aún no habíamos pasado de oírlos.
Hello darkness, my old friend,
I've come to talk with you again.
Because a vision softly creeping
Left its seeds while I was sleeping.
And the vision that was planted in my brain
Still remains within the sounds of silence.
In restless dreams I walked alone
Narrow streets of cobblestone,
'Neath the halo of a street lamp
I turned my collar to the cold and damp
When my eyes were stabbed
By the flash of the neon light, that split the night
And touch the sounds of silence.
And in the naked light I saw
Ten thousand people, maybe more.
People talking without speaking,
People hearing without listening.
People writing songs that voices never share
And no one dared disturb the sounds of silence.
'Fools,' said I, 'you do not know
Silence like a cancer grows.
Hear my words that I might teach you,
Take my arms that I might reach you.'
But my words like silent raindrops fell,
And echoed in the wells of silence.
And the people bowed and prayed
To the neon god they made.
And the sign flashed out its warning
In the words that it was forming.
And the signs said, the words of the prophets
Are written on the subway walls and tenement halls.
And whispered in the sounds of silence.
Pero con la edad viene la reflexión, o al menos debería ser así. Algunos sí que conversamos al hablar, algunos sí que escuchamos mientras oímos. Y lo que es más importante: podemos sentir, aunque sea entre anuncios de neón, por pedregosas piedras y gris asfalto, entre el ruidoso sonido del silencio de la ciudad. Es entonces cuando encumbramos a una pareja preclara, a un cantante con voz sensible y a un inteligente compositor. Es ahora cuando no podemos dejar de sentir esta canción, cada tono, cada palabra.
"Hola oscuridad, mi vieja amiga,
He venido a hablar contigo otra vez.
Porque una visión arrastrándose suavemente
Dejó sus semillas mientras estaba durmiendo.
Y la visión que fue plantada en mi cerebro
Todavía permanece dentro de los sonidos del silencio.
En sueños sin descanso caminé solo
Por estrechas calles de empedrado,
Debajo del halo de una farola
Me levanté el cuello de la ropa por el frío y la humedad
Cuando mis ojos fueron apuñalados
Por el flash de la luz de neón, que resquebraja la noche
Y acaricia los sonidos del silencio.
Y en la luz desnuda ví
Diez mil personas, quizás más.
Gente hablando sin conversar,
Gente oyendo sin escuchar.
Gente escribiendo canciones que las voces jamás compartirán
Y nadie osó molestar a los sonidos del silencio.
'Tontos,' dije, 'no saben
Que el silencio es como el crecimiento de un cáncer.
Escuchen mis palabras que podría enseñarles,
Tomen mis brazos que podría alcanzarlos.'
Pero mis palabras como silenciosas gotas de lluvia cayeron,
E hicieron eco en los pozos del silencio.
Y la gente se inclinó y rezó
Al dios de neón que crearon.
Y el cartel encendió su advertencia
Con las palabras que estaba formando.
Y los carteles decían que las palabras de los profetas
Están escritas en las paredes del subterráneo y en los pequeños apartamentos.
Y murmuradas en los sonidos del silencio."
Anímense, si oírles es fabuloso aún lo es más escucharles; y… conversen, que sus palabras no produzcan eco, sino un potente grito social.