Viene de: Berlín II. El Berlín de hoy. 1ª parte.
En este lugar hay un montón de tiendas de sourvenirs con gorros soviéticos, banderas, pins de Lennin, llaveros con pequeños trocitos de supuestos trozos de muro y, lo peor de todo, te ofrecen la posibilidad de hacer un pasaporte para cruzar el sector. En este punto está el museo “del muro”, donde una exposición sobre el mismo te explica el porqué y cómo se construyó junto con los métodos de fuga y los utensilios que se emplearon. A mí, personalmente, lo que más me llamó la atención son los dibujos que hay de niños reflejando lo que veían en referencia al muro, es tremendo.
Otra parte de la ciudad que no puedes perderte es la isla de los museos. Si te gustan, este es tu sitio. Entre ellos destacan el de Pérgamo y el Museo de Bode. Esta zona está llena de grúas, pues están arreglando, aún hoy, los daños de la II Guerra Mundial y casi todos los edificios están llenos de restos de metralla. En el entorno está la catedral de Berlín y desde aquí podemos divisar la imponente torre de la televisión, situada en Alexander Plazt, con sus 388mt de altura, símbolo en su día del desarrollo tecnológico de la antigua URSS y donde hoy podemos comer en un restaurante que gira sobre si mismo a 207 metros dl suelo. Cerca de este lugar, encontramos la Plaza de la Opera, lugar dondelos nazis quemaron 20.000 libros la noche del 10 de mayo de 1933. Entre otros, ardieron libros de Einstein, Heine, Kafka, Kart Mark, Voltaire… Hoy hay un curioso monumento, un cristal en el suelo del cual sale una fuerte luz blanca. Al asomarte, te encuentras una pequeña habitación con estanterías totalmente vacías. Un sentimiento personal me hace reflexionar que quizás este sea el verdadero lugar donde se explica la sin razón del nazismo, no las bombas o las balas, el lugar donde se quemaron los libros de la Universidad, es decir, el pensamiento humano.
¡Ah!, acércate a la calle Kurfürstendamm (Ku Dam), conocida por ser el lugar donde se produjo la “Noche de los Cristales Rotos” y donde se encontraba el famoso burdel “Salón Kitty”. Hoy es una calle comercial donde en el que está Kadewe, el centro comercial más grande del mundo. En la planta superior… hay una selección gourmet con más de 1500 tipos de queso.
La primera vez que viajé a Berlín, paseando por la noche por esta calle, me topé con un edificio, una iglesia con una gran torre destrozada por las bombas de la guerra: es la “Kaiser Wilhelm”, símbolo del sector occidental. No se demolió ni reparó para dejarlo como representación de la barbarie de la guerra. A su lado, a un genial arquitecto de estos que tanto abundan últimamente, no se le ocurrió otra cosa que construir una especie de torre de cristal como iglesia. Evidentemente queda, bueno, me callo mejor…, pero el edificio bombardeado da miedo de verdad.
Es muy curiosa la arquitectura de toda la urbe. Si paseas por el antiguo sector británico, encontrarás multitud de viviendas que te recordarán a Londres. Hay partes que parecen París y otras Moscú. Sobre todo en el remodelado sector oriental la construcción realizada recientemente es tosca, cuadrada y con el hormigón como elemento fundamental. Ésta se mezcla con edificios antiguos que se han podido salvar de los bombardeos e inmuebles en los que únicamente se han respetado las fachadas originales. Es como un gran “tente”, o mejor: como les gusta por aquí, un gran “lego”.
Lo mejor de Berlín es que no se para de comer. Toda la ciudad está repleta de restaurantes y cafeterías con unas tartas de ensueño, no como las españolas, hablo de TARTAS. Se puede comer a cualquier hora, no hay horarios; incluso hay restaurantes que no cierran. ¡Ojo!, si te pides una “small beer”, te pondrán medio litro de cerveza, y si pides “a beer”, tres cuartos de litro. No dejes de comer en restaurantes alemanes, te sorprenderá lo que se curran la presentación, y por cierto, ahí no ha llegado la nueva cocina, ya que los platos son abundantes y nada caros, al menos no más que en España. Si vas apretado de dinero, no te preocupes porque la ciudad está repleta de pequeños locales donde encuentras bocadillos, bollos, salchichas…, y si eres cafetero, mejor pide un capuchino; el café es malo, muy malo. No te líes con este tema como me pasó a mí. Si quieres un café con leche, “coffee and milk”, te pondrán una taza de café y aparte una jarra de leche. Insisto, es más sencilloel capuchino, te ahorra disgustos con el café.
Un plato que no se puede dejar de probar son las Wursf, salchichas. ¡Hombre!, la verdad es que saben mejor que en España, pero es como todo, sientan mejor porque estás en Alemania. Por cierto, hay una comida muy famosa, una especie de torta de patata frita; bueno, está que de mueres.
La carta de todos los restaurantes las encontrarás en alemán y en inglés. Hazte una idea que en castellano no encontrarás nada de nada, pero eso se compensa con la aplastante amabilidad de los habitantes de Berlín. Cualquier persona se esforzará en ayudarte y en entenderte, y por cierto, todo el mundo habla inglés en la ciudad.
No dejes de pasar por una panadería en la que, como en todos los locales de la ciudad en donde se vende comida, puedes tomarte un café y comer. En ellas sorprende la cantidad de tipos de pan: negro, blanco, con cereales, con pipas, con frutos secos, con especies… Otra curiosidad es la cantidad de terrazas de verano, pero en invierno, que hay en la ciudad. Todas están provistas de mantas de oso o algún bicho similar que te haga soportable estar en la calle.
Berlín esta llena de tiendas de chocolate, mucho chocolate. Hay una tienda cerca de la plaza Gendarmenmarkt que se llama Fassbender&Rausch; no puedo describir la sensación de entrar allí. Chocolates de todos los tipos, bombones de todas las clases, pastas increíbles… Creo que Alemania no es un buen país para seguir un régimen ni para diabéticos. En la parte superior de la tienda hay chocolatería, ya digo que donde se vende comida y también se puede comer.
Respecto al clima, bueno, he viajado en diciembre y en marzo.El frío en estos meses te entra por la nariz y te llega hasta el alma y no hay quien se lo quite si no es entrando en uno de esos locales a tomar un “buen” café y un trozo de esas TARTAS.
Por último, no me puedo olvidar de la noche de Berlín. En Berlín, como ya he dicho varias veces, se come a todas horas y se bebe. Por eso no hay mejor manera para conocer la ciudad que acercarte a la zona de Kudamm o Alexander Plaz a cenar en cualquier restaurante alemán.
Ahora bien, para los amantes de la música electrónica, Berlín es su ciudad, ya que hay multitud de locales con este tipo de música. Hay uno que se llama Tressor Berlín, ahora María Club, una especie de antro, como una chavola cerca del río, creo que en la parte este de la ciudad, donde podemos encontrar la mejor música electrónica que se hace en Europa en directo. Si eres más clásico, hay otro local, justo detrás del hotel Adlon, donde puedes cenar comida alemana mientras ves un concierto de jazz. Te puedo asegurar que te traslada a otra época, a los años 20.
Y esto es Berlín bajo mi modesta visión, y la verdad es que sólo sé una cosa: quien decide visitar la ciudad, repite, es una ciudad muy especial y sentimental y por este motivo engancha.