ARTE EN LA BASURA. ¿Podemos distinguirlo? ¿Sabemos valorarlo?

El propio Museo comprende la confusión: Decide cubrir con un discreto velo (en las horas nocturnas) aquella obra conflictiva, concretamente una bolsa de basura a rebosar. Algunas obras artísticas parecen necesitar de un marcador externo, un letrero que nos indique que lo son, ya que, en algunos casos no es evidente de por sí y crea funestas confusiones, como la de la asistenta de la Tate Britain que tiró una «obra de arte» a la basura. Se trataba de una pieza de Gustav Metzger, que formaba parte de una exposición sobre la producción artística posterior a 1956.

Hay corrientes artísticas que, devotas y herederas de Marcel Duchamp, consideran el arte unido íntimamente a la vida (recordemos J. Beuys), a lo cotidiano, hasta el punto de que muchas veces no podemos diferenciarlos. Pero este no es un problema que les preocupe. Es más, muchos artistas parecen sustentar la creencia de que así resulta más transgresor, más vanguardista: recordemos a Pietro Manzoni, que aseguraba que sus defecaciones, enlatadas y presentadas debidamente en galerías de arte (en 1961), al ser un producto de su cuerpo, cuerpo de artista, «eran» arte. En mi opinión, lo que se evidencia es una falta de imaginación y de oficio. Desafortunadamente, lo que encontramos en galerías y museos de arte contemporáneo generalmente no son obras estéticamente relevantes, aunque hayan honrosas excepciones. El valor estético, como muchos otros valores, hoy en día no se considera precisamente apreciable. Cuenta más la novedad de una obra, su originalidad (aunque cada vez resulta más difícil ser original), su impacto en el público, o su mensaje simbólico o explícito, en el caso de que podamos descifrarlo o nos sea explicado por medio de un catálogo. Y en esto coincido con el gran Gombrich, que, en una entrevista concedida en 1997 a Álvaro Vargas Llosa, comenta, sobre la naturaleza del arte contemporáneo:

«Hay una ausencia de patrón, de búsqueda de la excelencia. Siempre es muy difícil hablar de topes y de patrones, pero en el arte moderno es fácil percibir aquello a lo que me refiero. Todos los días recibo catálogos, invitaciones de exposiciones, y está claro que hay una ausencia de topes, de nivel, se hacen cosas fáciles que cualquiera con un
poco de pericia podría hacer. No hablo de todo el arte moderno, por  supuesto, pero sí de gran parte de él. Yo soy un gran defensor de la idea de que el arte está vinculado a la maestría y la maestría es, por  definición, algo que no todos pueden alcanzar. Hay buenos deportistas, gente que corre más que otra, gente que juega cricket mejor que otra, y hay pintores que pintan mejor que otros. Lucien Freud puede pintar mucho mejor que otra gente, para hablar de maestros modernos. Cartier Bresson es mejor fotógrafo que yo. De eso estoy seguro porque respeto la maestría. Beethoven era mejor compositor que muchos de los de su tiempo. En nuestro tiempo, a través de la popularidad del arte, de la que hablábamos al comienzo, a través de la industria de la crítica de arte, de la proliferación de exposiciones, los medios de comunicación han alcanzado  mucho poder a la hora de crear una sensación en el arte que no está  realmente basada en la maestría sino en la pura novedad.»

Pero volvamos a Duchamp y su famosa taza de inodoro: aunque, ciertamente, es en el inodoro donde se producen algunos de los pensamientos más interesantes del día, ni siquiera el propio Duchamp le dio más importancia a su invento… y lo tituló Fuente (Fontaine). Al parecer, cuando Pierre Cabanne le preguntó sobre el tema, Duchamp le aseguró que se trataba de un entretenimiento, nada transgresor, que solamente más tarde se les llamó ready-made a sus objetos, considerados «obras de arte» por la voluntad del artista, cargando así contra el concepto tradicional según el cual, brevemente, una obra de arte es fruto del trabajo del artista, busca la belleza, transmitir un simbolismo o una emoción y se distingue inmediatamente por su no utilidad.

Sin embargo, las consecuencias de este gesto aparentemente fortuito, divertimento dadá, han sido de enormes dimensiones en la historia y desarrollo del arte contemporáneo. La semilla de Duchamp se ha extendido por el planeta artístico como una plaga. Tanto es así que los museos y galerías de arte contemporáneo se han convertido en espacios donde podemos encontrarnos en el conflicto de no saber si la silla abandonada en un rincón, el aplique de luz, o una colección de botes de cristal con restos varios son o no son objetos artísticos. Damien Hirst fue objeto de una agresión semejante al citado al principio de este artículo: sus botes llenos de restos de colillas y pinturas usadas fueron arrojados a la basura por una «ignorante» asistenta que no supo –gran pecado- discriminar entre lo artístico y lo cotidiano.

A lo largo del siglo XX habíamos conseguido acostumbrarnos a que unos objetos no identificados, colgantes, esparcidos por el suelo o incrustados en las paredes, unas bandas de color, o sencillamente, un lienzo completamente blanco, o negro o «azul Klein», requerían nuestra atención y supuestamente, nuestra admiración, como nuevos objetos artísticos. El minimal y el conceptual art consiguieron que llegásemos a la conclusión de que aquellos objetos colocados en una galería o en un museo, aunque no entendiésemos su simbología, eran objetos artísticos. Incluso aunque fueran absolutamente aburridos y nos dejaran indiferentes. Y ese arte devino más y más ininteligible y evidentemente minoritario.

Pero he aquí que reaparece la semilla duchampiana, y el problema empieza a complicarse cuando, además, los objetos se confunden fácilmente con los cotidianos. Recordemos el famoso bote del detergente Brillo o de la sopa Campbell’s , popularizados por Andy Warhol, quien no en balde procedía del campo de la publicidad. El pop art generalizó como artísticas imágenes que antes nadie habría considerado como tales, y consiguió un éxito masivo, por medio de la concesión de estatus artístico a objetos absolutamente vulgares (o lo que es lo mismo: la vulgarización del objeto artístico).

Arte, vida… ¿dónde se separan? ¿Es misión fundamental del arte transmitirnos un mensaje conceptual? La cuestión es difusa: cuando nos situamos ante una obra de arte, si no nos produce ninguna emoción, no nos induce unas ideas, no captamos ningún efluvio proveniente de ella, sino la indiferencia; incluso pasamos por su lado sin apreciarla siquiera… es como si fracasase como tal, parece que no sea ésa la finalidad del arte, o el deseo del artista.

Entonces, ¿cómo distinguir lo que es arte de lo que no lo es? ¿Todo es arte? ¿Hay todavía Arte? Efectivamente, ya no hablamos de Arte, con mayúscula, que hace tiempo desapareció y sólo en los museos podemos apreciarlo, enterrado y desterrado por las vanguardias. Pero incluso entre lo que admitimos como arte, porque así nos lo presentan y porque así lo consideramos una mayoría de personas con un cierto nivel cultural, aún así existe una gran confusión, en la medida en que se han perdido los criterios valorativos, entre lo que tiene valor estético y lo que es una tomadura de pelo. En las Ferias Internacionales de Arte que vienen realizándose desde los años ochenta, sumergiendo el arte en la vorágine comercial, podemos apreciar por sus gestos de asombro, risa, atención o interés, lo que muchos objetos producen entre los visitantes, incluso antes de mirar el precio.

Desde que el negocio del arte se ha convertido en una fuente de ingresos importante, y coleccionistas, gobiernos e instituciones dedican a ello atención y presupuestos golosos, el mundo artístico se ha inflado, y en su interior han vivido, apoyados en la sombra de los grandes artistas, multitud de parásitos, repitiendo modelos ya inventados, o inventando nuevos que intentan colocar como valiosos, confundiendo «lo nuevo con lo reciente», según cita M.C. Uberquoi en su interesante libro ¿El arte a la deriva?, valorando más lo «original» que lo estéticamente impactante, cuando en realidad ya queda poco que pueda ser realmente original, estéticamente hablando. Se puede ser muy impactante, presentando un tarro de merde d’artiste, pero el impacto no es precisamente estético.

Los que manejan el negocio del arte contemporáneo (críticos, galeristas, marchands) son los primeros interesados en mantener borrosa la línea de separación entre lo que es arte contemporáneo y lo que no lo es. Dejamos aparte la evidente frontera entre un Rembrandt y cualquier pieza de Damien Hirst, por poner un ejemplo.

Resulta sospechoso escuchar a los que teorizan, siguiendo a Beuys, que «todos somos artistas», que «cualquier objeto es susceptible de ser una obra de arte», y lo que es peor: que «cualquier producto artístico es igualmente válido», lo cual devalúa inmediatamente a todos los demás. Las teorías de igualación implican que nos igualamos por los mínimos: todos somos malos artistas .

La situación empieza a plantearse de modo dramático cuando museos e instituciones públicas arropan este caos de valores, este «todo vale», y confunden aún más al común de los mortales, haciéndole sentirse culpable por no admirar y aplaudir ante una sala vacía llena de cascotes y escombros (Santiago Sierra, representante español en la Bienal veneciana de 2002), una cama deshecha (Tracey Emin, seleccionada para el premio Turner), unos cadáveres recubiertos de plástico o botes llenos de algo altamente sospechoso (y oloroso) de ser deposiciones humanas.

El gran público, puede argüirse, puede ser insensible también ante algunas obras maestras clásicas, de pintura o escultura, por no estar lo suficientemente educado o informado, y puede preferir una película de adolescentes vociferantes o señoras al borde de un ataque de nervios a obras de clásicos como Ophüls o Welles. Esto es un hecho.

Pero si nos rebajamos a que cualquiera que realice una mala película, o presente una obra artística mediocre o francamente mala se vea alabado en os medios, se le conceda una subvención (en función de su juventud, o de su sexo, no de su valía), se le regale un contrato o se le conceda un premio, entonces estamos favoreciendo aún más la confusión en torno al tema. El arte pasa a ser «divulgación» artística, espectáculo, marketing, igualitarismo y arte – malo - para todos.

Cualquiera sabe que la abundancia en la oferta rebaja el valor de la mercancía; y si la podemos conseguir gratis, aún la valoramos menos. Se critica que la entrada a los museos sea de pago, aunque se considera normal pagar los muchas veces abusivos precios de las entradas a espectáculos deportivos o conciertos, por poner un ejemplo. Los estadios de fútbol están hasta los topes si el partido es bueno, se pague lo que se pague por la entrada. Si hay verdadero interés en ver a la Gioconda o el David de Miguel Angel, el público pagará. Y si no le interesa, se desplazará a otros lugares, dejando los museos o las galerías para que los verdaderos interesados disfruten a sus anchas, sin tener que pelear a codazos con colegios enteros o largas colas de octogenarios que probablemente preferirían estar en un parque tomando el sol.

Evitemos las ayudas públicas al arte: que la selección natural decida qué obras son buenas o no entre el caos contemporáneo. Que la afluencia y la financiación del público amante del arte sean los que valoren realmente el interés de una obra y que el mal arte se hunda en el olvido. Esa podría ser una manera razonable de distinguir una cosa de otra y ahorrarnos pasar una tarde (y pagar) mirando escombros, camas deshechas y sucias, o «exquisitos» cadáveres plastificados.

AriodanteJavea, Septiembre 2009

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20 Comentarios en “ARTE EN LA BASURA. ¿Podemos distinguirlo? ¿Sabemos valorarlo?”

  1. V3dd3rMan Says:

    Justo acababa de ver este trailer antes de leer tu post :

    http://www.youtube.com/watch?v=Q9myaiQs3GI


  2. ARIODANTE Says:

    Muy ilustrativo, desde luego.¿Algún comentario? Aunque el trailer habla por sí solo…


  3. Ascanio Says:

    ¡Sí, sí, sí! ¡Esa es mi Ariodante!
    No comprendo cómo puede considerarse Arte a una cagarruta pegada a una pared, a un retrete en mitad de una sala de exposiciones o a pez asfixiado en una pecera sucia.
    Ya está bien del “todo vale”, de tanto timador metido a artistucho de tres al cuarto, a tanto sinvergüenza tomándole el pelo a la gente, y a tomar la originalidad por sinónimo de Arte.
    Venga ya, que no somos tontos…
    Mirad, no hace falta ir al Museo del Prado, sólo daos una vuelta por la Plaza del Museo de Bellas Artes de Sevilla un domingo por la mañana y veréis cuadros preciosos expuestos en la calle, de pintores anónimos que quizás no sean originales porque de ellos no pende una lata de comida de perro, o el lienzo no tiene un matojo de pelos cogido con un clip, pero son bonitos, evocadores, sugerentes… bellos, en definitiva.
    No hay diferencia entre un escupitajo en la calle y un escupitajo en la sala de un museo. Ambos son escupitajos. Y ambos dan asco.


  4. ARIODANTE Says:

    ¡Ole, ole! ¡Esta es mi Ascanio!


  5. Javi_LR Says:

    Pues es más que evidente, Ascanio: se considera “arte” desde el momento en el que un grupejo snob de gente que no tiene ni la más remota idea de lo que en realidad es arte y que se cree muy transgresora así lo considera. Es el problema de que determinados sectores de esta sociedad posean los medios de comunicación a su alcance para poder decir cualquier chuminada que se les ocurra. Y ¡ojo!, que en mi más absoluta ignorancia de determinados procesos artísticos, he visto arte moderno que me ha cautivado y en el cual intuyo un trabajo intelectual muy sólido. Tampoco entiendo a todo aquel, situado en el otro extremo, que por no ver pura mímesis de la realidad en un trabajo artístico reniega de él.

    En el fondo del artículo, opino de manera muy parecida a la de Ariodante, sobre todo en el tema de las ayudas públicas, porque la expresión con ayudas tiende a ser agradecida, y lo que es peor: tiende a la propaganda.

    Difiero en un par de aspectos, pero esos ya los conocéis: si hemos de considerar que el Arte lleva implícita la búsqueda estética, pongamos siempre esa mayúscula al término. Ya sabes lo que opino, Ariodante: llamémoslo Bellas artes, pero no arte, porque el arte no busca la belleza, sino un fin, un trabajo realizado a su costa, bajo sus patrones. Es una temeridad decir que el arte se distingue por su “no utilidad”, una temeridad y, permíteme, una falsedad. Una de las artes más estudiadas es la de la retórica, cuya finalidad y utilidad es más que obvia. Pero si dijeses que las Bellas Artes se diferencian por su no utilidad, ahí sí que te podría dar la razón: la belleza es inútil por esencia, fugaz, y cuanto más fugaz e inútil, más bella.


  6. ARIODANTE Says:

    Parece que ya vamos entendiéndonos, Javi.No diferimos tanto. Por supuesto que afirmo que las Bellas Artes no tienen utilidad, a menos que entendamos por utilidad emocionarnos, hacernos pasar un rato memorable, distraernos o hacernos pensar.
    En cuanto a la diferenciación entre arte y Bellas Artes…me temo que ahi lo tienes crudo, Javi. Entiendo lo que quieres decir cuando marcas la diferencia, entiendo que hay oficios y trabajos “con arte”, y que es una acepción más amplia la palabra Arte que la de Bellas Artes o Artes Plásticas, o Artes Decorativas o Artes Marciales o Artes Gráficas, por ejemplo. Pero está generalizado su uso para referirse a las Bellas artes y resulta a veces, un pelín forzado hablar de Bellas Artes, por lo que el común de los mortales habla de Arte (con o sin mayúscula)y entiende -por el contexto- a lo que se refiere, como también creo que el común de los mortales entiende cuando alguien dice que un mueble está hecho con mucho arte se refiere a que el trabajo ha sido correcto o destacado, que la técnica está bien usada, etc. y que, por supuesto, tiene una utilidad.


  7. Javi_LR Says:

    Si es que… ¡¿Tan difícil soy de comprender?! Snif.
    ¿Ves lo que te decía acerca de que os habéis adueñado del concepto, que es algo social y que viene de hace unos pocos siglos atrás, sobre todo de finales del XIX? Si ya sé que está comúnmente extendido. De ahí que siempre te haya dicho que es una discusión que tengo perdida.

    Saludetes


  8. ARIODANTE Says:

    Tranqui, no es el único concepto que se malinterpreta o que se polisemiza o que, sencillamente todo el mundo lo usa sin saber el cómo ni el por qué. Hay otros muchos: en política, casi todos (libertad, democracia,diálogo,social,sostenible,renovable, etc. etc) hoy en día se usan tanto para una cosa como para su contraria y depende quién lo use sabe su significado (y a veces ni siquiera); asi que consuélate.


  9. Javi_LR Says:

    Ni me hables de esos términos, por todos los dioses, ni me hables. Eso sí que es perversión de la peor calaña. No me extraña que los de siempre se hayan cargado el estudio del latín o del griego clásico, no fuéramos a conocer todas sus patochadas.


  10. ARIODANTE Says:

    No te hablo, no te hablo. Pero haberlos haylos. Y demasiados. O tempora, o mores! Ni siquiera podremos hablar de jardinería ni usar el término “brote” ni “verde”, porque toodo el mundo pensará en la crisis (ootro término terroríficamente malinterpretado) económica y en las inmobiliarias y en los bancos.
    Tooma ya!!! En fin, sufriremos en nuestra soledad del corredor de fondo, Javi. Porque eso es lo que somos algunos.Y algunas, fondonas (jajajajajaaja)


  11. Javi_LR Says:

    Anda, anda, que estás estupenda.


  12. ARIODANTE Says:

    No, si ya estoy resignada… ¡jajajaa!No estoy estupenda, soy estupenda! Hablemos con propiedad…¿o no?
    Vaya, siento tener que dejar esta agradable charla, pero es la hora de la cena…ya oigo rugir a mi marido (o a su estómago, mejor dicho)
    ¡hasta lueguito, ratolí!


  13. Laya Says:

    Para polemizar un poco. Yo creo que el arte tiene al menos dos componentes: el virtuosismo y la creatividad/originalidad. Mientras que en muchos momentos históricos se ha primado sobre todo el primero, hoy parece ser el segundo el que se basta abrumadoramente por sí solo. Lo peor es que, siempre en mi opinión, la creatividad se refugia actualmente en el mundo de la publicidad, y el virtuosismo en el mundo de la ilustración y el diseño. La pintura, salvo bastantes y muy honrosas excepciones, parece haberse quedado con los restos.
    Por otra parte, el concepto de “valor estético” que cita Ariodante me sugiere dudas. ¿Se refiere a la belleza, al virtuosismo, al “impacto visual”? La belleza desde luego no es un requisito en el arte (pensad por ejemplo en el “Saturno devorando a su hijo”, de Goya). La verdad es que no me extrañan las polémicas y los desacuerdos; el “arte” es algo tan difícil de definir… ¿El que una pieza se exponga en galerías o museos de prestigio garantiza su valor artístico? Hoy al parecer sí pero… ¿y mañana, cuando cambien la exposición permanente y esa “obra indiscutible” se quede embalada en un almacén?
    Al final yo me quedo con lo que me conmueve, con lo que me transmite alguna emoción. Pero incluso esto es falso: Hirst me repugna profundamente (lo que es una emoción fuerte, sin duda) y no obstante me niego a considerarlo artista; llámese intransigencia.
    Un último apunte. Chicos, según la Wikipedia (fuente de “absoluta credibilidad”), las bellas artes incluyen: arquitectura, escultura, pintura, literatura, danza y música. No me negaréis la utilidad de la arquitectura, ¿verdad? Por cierto, ¿no os parece el Guggenheim de Bilbao una maravillosa obra de arte?
    Gracias, Ario, por escribir un artículo tan sugerente.


  14. ARIODANTE Says:

    Laya, muy buena intervención por tu parte. El valor estético, como todos los valores, es de difícil definición. La prueba es que han corrido ríos y ríos de tinta sobre el tema y no se han puesto de acuerdo. El concepto de belleza, que a veces incluye lo sublime, puede según autores, incluir el horror (Goya, por ejemplo). Por otra parte, el impacto emocional es imprescindible. Y puede que Goya no fuera bello en el sentido de bonito, pero si en su lado salvaje, terrorífico. Piensa en Nosferatu, por ejemplo.Tiene su punto de atractivo…


  15. ARIODANTE Says:

    En cuanto al tema de si la Arquitectura es o no una de las Bellas Artes y a la vez tiene utilidad, peues tienes razón, pero sería la excepción. Y cuanto más útilitaria y funcional, probablemente su belleza declina. Fijate en la famosa casa de Wittgenstein que proyectó para su hermana. Yo estuve en ella (en Viena) y la verdad, era horrible. El minimalismo arquitectónico a tope. En fin, la arquitectura está en el limes, diría yo.


  16. albatros-ojeroso Says:

    ¿Cómo que el arte es inútil?
    ¿Se gastarán por inutilidades tantos dineros en museos, excavaciones arqueológicas y demás ‘inutilidades’ culturales, ya sea las fundaciones, cajas de ahorros y ayuntamientos así por la cara?

    No. Tienen su utilidad, aunque por lo general aventar toda esa suerte de cuadros al museo del prado tenga una utilidad mucho más triste que la ‘emoción’ o la vivencia estética…

    ¿Saben lo que es el ‘potlach’? Pues para mí el arte es un potlach, una ostentación de jerarquía… y tiene una utilidad política y económica como ninguna otra cosa. No debemos creer que la utilidad sólo está sustentada por la ‘materialidad’ de su venta, por su valor económico, sino por su prestigio, que es al fin y al cabo FE -lo único que mantiene en pie no ya al mundo cultural sino a toda la bolsa de valores.

    Por otro lado estoy de acuerdo en todas las quejas contra ese ‘arte’ contemporáneo… los muchachos ya no se cortan: Si te ponen una mierda pinchada en un palo, no se equivoque señora, por más museo que le rodee es una mierda pinchada en un palo.

    Ahora bien… no creo que eso nada tenga que ver con la maestría o con el buen hacer técnico del artista. Supongo que habrá ingenios para todo: creo que una buena definición para arte -aunque a mí la palabra cada vez me parece más hueca-, podría ser: “lo que es bueno para cualquiera”, esto es lo que es bueno para mí y para ti en tanto que seamos cualquiera y no intervenga demasiado nuestro prejuicio. ¿No?

    En fin, para acabar, les invito a escuchar esta charla de Don Agustín García Calvo -que ya vengo sacando por acá varias veces- que habla justamente sobre estos temas…

    http://www.contraindicaciones.net/2009/07/aguston-garcia-calvo-sobre-el.html


  17. Javi_LR Says:

    Ey, un saludo para Laya. ¡Cuánto tiempo! ¿Qué tal, guapísima?


  18. Laya Says:

    Gracias por el saludo Javi, y por el adjetivo, claro! :) Ando buscándome, sin suerte de momento pero sin perder la esperanza… Un mes de éstos volveré a dar guerra en Hislibris, promiss


  19. pablo Says:

    Yo la verdad, es que cuando surge el temita (ya cansino) de qué es arte y qué no lo es, lo que hago es acogerme a la teoria institucional, es decir: arte es todo aquello que socialmente es aceptado como arte, y ahí cabe desde los cuadros de flores que podemos ver en las tiendas de muebles a las camitas de la Emin. Otra cosa es que sea malo o bueno o te interese o no, pero en el momento en que algun actor de la triada publico-crítica-mercado diga que una cosa es arte, entonces lo es, aunque sea la mierda enlatada de Manzoni (que por cierto es una obra de arte cojonuda)

    Salud!!!!!


  20. logopita Says:

    Claro que sí, Pablo. Te doy la razón mientras que me fumo una pila, que es pila desde el momento que llamo a esto alargado lleno de tabaco y rodeado por un papel: pila.

    Saludos


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