LA BATALLA DE PAVÍA, o cómo fastidiar a los franceses, en diez cómodas lecciones
1 Jul 2009, por Le Baron Historia | 769 views
Dentro de nuestro nostálgico paseo por las efemérides patrias –y sin salir de este siglo XVI al que tanto gusto le hemos cogido- no podíamos pasar por alto tan ilustre ocasión. Pasen, póngase cómodos, y lean, que la cosa tiene su aquel.
I.- Introducción.
Por si ustedes no lo recuerdan, en la batalla de Pavía –acaecida en el año del Señor de 1525- las armas imperiales del universal imperio del buen emperador Carlos infligieron al francés una derrota como el sombrero de un picador apresando de paso al rey francés, que por allí andaba mandando sus ejércitos. Como esto no es algo que pase todos los días, y lo de recordar al francés en particular –y al resto de los europeos en general- que donde las dan a veces también las toman, es algo que nos provoca un oscuro morbillo, no queríamos dejar pasar la oportunidad de recordar cómo conseguimos tener un tiempecillo de invitado en Madrid a Francisco I, rey de Francia.
II.- Los hechos.
El 24 de febrero de 1525 un ejército francés de cerca de treinta mil hombres es totalmente derrotado por un ejército imperial de efectivos ligeramente inferiores. Francisco I de Francia, apresado en el combate, es conducido a Madrid donde permanece hasta principios de 1526. Con la firma del Tratado de Madrid en enero de ese mismo año entre el rey francés y el emperador Carlos, parece que ha llegado a su fin el duelo geoestratégico entre Francia y el Imperio, y el personal entre ambos monarcas. Naturalmente, esto no pasó y el conflicto continuaría. Pero esto es otra historia.
III.- Milán, mira que está lejos Milán.
La ciudad de Pavía está situada, por si ustedes no lo recuerdan, en el norte de Italia, formando parte de lo que antiguamente fue el ducado de Milán. No es este el momento (1) de hacer un detallado análisis de las historia política de Italia en el siglo XVI, pero si es cierto que nos vemos en la obligación moral de aclararles por qué había un buen montón de soldados españoles dándoles collejas a los franceses –ya los alemanes, y a los suizos, y a los italianos, y a quien se pusiera por delante- en el norte de Italia. A fin de cuentas, y aunque ahora tardemos dos horas de avión –si el tiempo e Iberia no lo impiden-, en 1525 Milán quedaba un poco a desmano. No nos va a quedar más remedio que remontarnos un poco en el tiempo, así que abróchense los cinturones, que vamos a viajar.Desde mediados del siglo XV la Corona de Aragón y el reino de Francia mantienen un enconado pulso por ver quien se queda definitivamente con el Reino de Nápoles. Desde que en 1443, en que Alfonso V –«el Magnánimo»- de Aragón se lo birló a los Anjou franceses, se abrió un enconado periodo de disputas y conspiraciones que termina en 1495, cuando Carlos VIII de Francia entra en Nápoles. A nuestro buen –y astuto- Fernando el Católico no le hace la más mínima gracia ver a un francés sentado en un trono de la familia –desde 1458 el trono de Nápoles ha pasado a una rama secundaria de la Casa de Aragón-, así que remueve Roma con Santiago, organiza una gran Coalición de Aliados Amigos de Aragón contra el pérfido proto-terrorista francés que es Carlos VIII, logrando meter en el mismo vagón a Roma, el Sacro Imperio, Génova, Milán y Venecia –y crean que esto no es nada fácil, encaje de bolillos diplomático, es lo que es-. El francés es oportunamente derrotado y parece que las aguas vuelven a su cauce.
En 1500 Fernando y Luis XII de Francia –Carlos ha pasado a mejor vida en 1498-, decidiendo que lo de las collejas por hacerse con Nápoles sale muy caro, deciden, por el Tratado de Granada, repartirse el reino por la cara. Aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid y que el mejor camino para ir de Francia a Nápoles pasa por Milán, y recordando que los Milaneses habían formado parte de la C.A .A.A., Luis manda de vacaciones a una prisión de Francia al duque de Milán y se queda, por primera vez –no sería la última- con el Ducado. Lo que iba a costar echar a los frances de ahí.
Ni qué decir tiene que el amistoso acuerdo entre españoles y franceses no iba a durar mucho. Esa guerra inmortalizó a un tal Gonzalo Fernández de Córdoba, individuo este que ya había dado buena imagen en la guerra anterior. Buena cabeza para lo militar, no tanto para lo de hacer cuentas, dio las suyas y las de un bombero a los franceses en Ceriñola y Garellano, de forma que en 1504 Fernando es coronado como rey de Nápoles(2).
Quizás se pregunten ustedes a santo de qué viene todo esto. Viene a cuento, viene. Si recuerdan, hemos dejado a los franceses cómodamente instalados en Milán. En 1512 son expulsados por una nueva Coalición anti-francesa –conocida por el original nombre de Liga Santa-, pero ni cortos ni perezosos volvieron a la carga en 1515 –batalla de Marignano-, comandados esta vez por el nuevo rey francés, Francisco I. Interesante personaje del que hablaremos en el siguiente epígrafe.
(1).- Tampoco nos atrevemos a entrar en tan procelosas aguas. La verdad es que es algo que nos da mucho susto. No se imaginan ustedes el lío inmenso que es, geopolíticamente hablando, la Italia del Renacimiento.
(2).- No resistimos la tentación de hacer notar que tanto el bueno de Fernando Glez., como buena parte de las tropas que comandaban, eran castellanas, quedando demostrado así el buen hacer de Fernando el Católico a la hora de integrar a las diferentes partes de la monarquía hispánica en la persecución de un objetivo que beneficia por igual a todos los miembros del estado. Que Nápoles fuera territorio patrimonial de la Casa de Aragón, y Francia el más enconado de los enemigos de la Corona Aragonesa –y el más tradicional de los aliados de Castilla-, son causalidades que no viene al caso.
(Continúa en La batalla de Pavía II, o cómo fastidiar a los franceses en diez cómodas lecciones.)
Tags: batalla, Carlos V, Francia, Francisco I, Historia, Italia, Pavía, Tratado de Granada


1 Septiembre 2009 a las 2:06 pm
Cómo echaba yo de menos estos artículos de Le_barón. Qué gustito poder volver a leerlos.
2 Septiembre 2009 a las 2:31 pm
y comentarlos.
11 Diciembre 2009 a las 2:02 pm
[...] .- De cuyas graciejos consustanciales ya hablamos cuando tocamos el tema de Pavía. (2) .- Básicamente, sobornaron y amenazaron a partes iguales. (3) .- Que de todas formas no llegó [...]