ROMA, LA ETERNA, IV. Senatus PopulusQue Romanus (S.P.Q.R.)

244 AUC (509 ANE). Tarquino el Soberbio huye de Roma con sus familiares más cercanos y el senado romano crea un gobierno cuya divisa es Senatus PopulusQue Romanus (El senado y el pueblo romano). Durante siglos, incluso en tiempos del imperio, estas iniciales S.P.Q.R. serán la marca distintiva de las legiones romanas, cuando ya Roma sea dueña del mundo.

(Viene de Roma, la Eterna, III. I, II, III, Etruscus est.)

Lucio Tarquinio Colatino y Lucio Junio Bruto son nombrados cónsules, cargo creado por el senado y que en lo adelante será electivo anualmente y dual, o sea, que se asignará a dos personas, de ser posible de diferente inclinación política para que uno pueda vetar las ideas del otro, ya que sólo se tomarán decisiones en las cuales ambos cónsules estén de acuerdo (siempre y cuando el senado también esté de acuerdo). Poco después, Lucio Tarquinio Colatino sería obligado a renunciar al cargo por su colega, esgrimiendo en su contra el nombre «Tarquinio», que él, a pesar de ser pariente quizás más cercano, no poseía (nuevamente muy conveniente).

En esta nueva república los patricios tenían todo el poder y no fue hasta 2 siglos más tardes que los plebeyos pudieron intervenir en la política romana. Es un estado gentilicio durante 200 años, poco más o menos.

¿Recuerdan a Tarquino el soberbio? Pues el ex rey, con la estupidez propia de los gobernantes que no pueden entender cuando un pueblo no quiere tener nada que ver con ellos, no se conformaba con su expulsión de Roma y huye a Clusium, ciudad etrusca gobernada por Lars Porsenna, convenciendo a este otro rey (¡Ah! Los reyes) de marchar sobre la «desleal» ciudad con su ejército.

Este conflicto, para no perder la costumbre, se pierde en las leyendas y tradiciones romanas. Se dice que habiendo tomado Porsenna el monte Janículo por sorpresa, se acercó con sus hombres al puente Sublicio, que era el único camino de acceso a Roma que existía, pues de un lado estaba el Tíber y de otro las murallas. En el puente se encontraba Publio Horacio Cocles, quien junto a otros dos hombres defendió el puente hasta que este fue destruido, impidiéndole el paso al enemigo. Horacio luego, a despecho de su pesada armadura, se lanzó al río y alcanzó nadando la otra orilla, cosa harto improbable pero digna de admiración, como toda leyenda.

Frustrado Porsenna en su intento de entrar fácilmente en la ciudad, decidió asediarla y bloquear todo suministro a ella. Entre escaramuzas y pequeñas victorias y derrotas el tiempo transcurrió pero Roma cada vez estaba más desesperada y no parecía haber salida alguna.

Cuenta otra leyenda que Cayo Mucio, joven romano, se infiltró en las filas etruscas e intentó dar muerte a Porsenna. Habiendo fallado, impresionó vivamente al rey de Clusium manteniendo su mano en el fuego hasta que fue consumida por éste, por lo que sus conciudadanos le llamaron a partir de ese momento «Escévola», que significa «el manco».

Supuestamente presionado por este evento que atemorizó a Porsenna, éste exigió algunos rehenes de Roma, a la cual otro episodio protagonizado por la joven Clelia, virgen romana que, dando muestras de un gran valor, escapó capitaneando a un grupo de mujeres coterráneas, contribuyó a liberar.

Los historiadores modernos creen que estas leyendas son puras invenciones de tiempos posteriores al período y que la realidad es que Etruria finalmente venció y la influencia de Roma en la región decayó enormemente, aunque es indudable que la monarquía desapareció totalmente de la ciudad eterna.

Algún tiempo después, aprovechando la debilidad de Roma producto de la guerra con Clusium, la liga latina se reunió bajo el liderazgo de Tarquino y atacó a los romanos, pero éstos, según cuenta la leyenda, con ayuda de los gemelos Cástor y Pólux (hermanos de Helena de Troya, según los mitos griegos) lograron derrotar a los latinos. Tarquino, herido aparentemente, se refugió en Cumas y murió allí años después. Nunca más intentaría apoderarse de Roma. Es el año 496 ANE (257 AUC)

En este combate o quizás en la anterior guerra contra Porsenna, muere Lucio Junio Bruto, dicen algunos que entristecido por haber juzgado y condenado a muerte a sus hijos, culpables de conspirar contra el gobierno de la república y apoyar el regreso de Lucio Tarquinio Superbus.

Mientras Roma vencía en el exterior frente a sus enemigos, internamente la situación política existente se complicaba cada vez más. En 495 ANE es electo cónsul Claudio, de origen sabino. El gobierno de este «extranjero» aplicado con mano dura, debe haberles sabido muy mal, principalmente a los plebeyos. Un año después, en 494, recogieron sus cosas y se largaron en busca de un lugar donde fundar una nueva ciudad.

Apocalipsis, imagínense si pasa hoy en día en cualquier ciudad del mundo, ¡la clase trabajadora decide emigrar en masa! Los patricios romanos tuvieron que correr tras los plebeyos y aunque una fábula legendaria dice que les convencieron de volver relatándoles la famosa historia de los órganos del cuerpo que se dedican a trabajar mientras el cerebro piensa y organiza las labores (demás está decirles que el cerebro eran los patricios, según ellos, claro está); seguro estoy yo, y conmigo todos los historiadores modernos, de que hubo concesiones que fueron más allá, y la prueba está en que este suceso marcó la aparición de los tribunos.

Los tribunos eran delegados del pueblo, elegidos por éste y con capacidad para vetar cualquier decisión a tomar por los cónsules y el Senado. Los tribunos eran inviolables (mientras fueran tribunos) y la mínima falta de respeto al cargo merecía la imposición de una multa al infractor.

¿Cabía esperar que los patricios se quedaran tranquilos y se dejaran arrebatar el poder absoluto? ¡Ni lo piensen! En 493 ANE, Cayo Marcio, a quien se dio el sobrenombre de Coriolano por su victoria en la batalla por el dominio de la ciudad de Corioli, al sudeste de Roma, sugirió al Senado que impidiera el abastecimiento del pueblo hasta que éste renunciara al privilegio de los tribunos. En época de hambre eso era una manifiesta traición al pueblo romano, por lo que Coriolano fue desterrado. La leyenda dice que volvió al frente de los Volscos, antiguo pueblo de la Italia Central y avanzó sobre Roma, que se salvó merced a las súplicas de la madre del caudillo. Cuentan que Coriolano exclamó: «Madre, has salvado a Roma, pero has matado a tu hijo». Efectivamente, poco después retiró a sus tropas volscas de Roma y, sintiéndose doblemente traidor, se suicidó. Pero ya todos sabemos lo que pienso de estas historias. Ni pintada para una tragedia de Shakespeare. Y por cierto, existe tal tragedia. William Shakespeare escribió La tragedia de Coriolano alrededor de 1607.

Echemos un vistazo a la situación internacional hacia los años por donde vamos:

Persia, desde que la vimos en el año 534 ANE, había evolucionado bajo Ciro, Cambises y Darío el Grande hasta convertirse en un gran imperio. Babilonia y Egipto formaban parte de él y la mayoría de las ciudades griegas de Asia Menor. Hacia el año 499 ANE, una revuelta jonia instigada por Aristágoras de Mileto y apoyada por Atenas y Eretria provocó la primera de tres guerras médicas, llamadas así por que los griegos no distinguían entre medos y persas. La primera guerra médica, marcada por la batalla de Maratón, estallaría hacia el 490 ANE.

Etruria, en franca decadencia, pierde la batalla por la supremacía en el sur de Italia frente a los muros de Cumas, derrotada por Gelón, rey griego de Siracusa. Resultado de esto, los samnitas, otro pueblo latino que no había dado mucho que hacer hasta el momento, comenzaron a extenderse por el sur de Italia y ya llegaría el momento en que habrían de vérselas con Roma.

Pero el verdadero peligro para todos estaba en el norte. Cruzando los Alpes, nuevas tribus invadían el territorio italiano. Se trataba de los galos, quiénes fueron desplazando y ampliando su supremacía sobre el norte de Italia hacia el año 500 ANE, manteniendo en jaque a las ciudades etruscas.

Cuando el gato no está, los ratones están de fiesta, reza un viejo proverbio. Y en efecto, Etruria, ocupada por nuevos invasores, no podía volver sus ojos a los latinos y éstos lo aprovechaban en grande.

Una nueva tribu latina (nueva por su aparición y no por su edad), los ecuos, se aliaron a los volscos (¿recuerdan a Coriolano?) y ambas tribus amenazaban a Roma.

Era el momento necesario para tener un hombre fuerte a cargo del gobierno y surgió el primer dictador (de un vocablo latino que significa «decir»): Lucio Quincio Cincinato.

Cincinato era un patricio, contrario al tribunado y a los plebeyos, pero que ha sido pintado como ejemplo de rectitud, honradez y patriotismo. La leyenda cuenta que, requerido por el gobierno romano mientras araba su tierra, dejó su arado, ocupó su puesto, partió al frente de un ejército, rescató a los rehenes en manos de los ecuos y volvió a Roma, para dejar su cargo y regresar a su arado. Algunos relatos dicen que hizo todo esto en un solo día. Esto ocurrió en 458 ANE.

Y para quienes seguro ya lo han pensado, la ciudad de Cincinatti obtiene su nombre de la sociedad de los Cincinatti, organización creada en EE.UU. tras la guerra de independencia que honraba a George Washington como un nuevo Cincinato.

Los galos en el norte continuaron dándole guerra a los etruscos, mientras en el Sur los samnitas seguían fortaleciéndose.La ciudad etrusca de Veyes había tenido algunos conflictos con Roma y el momento era propicio para atacarla. Así pues, en 406 ANE, Marco Furio Camilo, al frente de un ejército romano, sitió Veyes. Diez años después, en 396 ANE, Veyes fue tomada y destruida.

Acusado de quedarse con parte del botín, Camilo partió furioso a un exilio voluntario de donde volvería, según cuenta la tradición, en el momento oportuno.

Pero Etruria, cada vez más debilitada, no aguantaría mucho tiempo más a los galos y la cortina de hierro que defendía a Roma de ellos finalmente cayó después de más de medio siglo. En 390 ANE (363 AUC), un ejército galo derrotó a su homólogo romano en las márgenes del río Alia, en las cercanías de Roma. Los galos, bajo el mando del caudillo Brenno, atacaron y tomaron la ciudad poco después.

La tradición cuenta que los galos masacraron a la mayoría de los senadores en la ciudad, aunque también se dice que quienes podían combatir se parapetaron en el Capitolio (¿es posible que entonces los galos no hayan matado más que a los senadores más viejos o a sus abuelos?)

Otra leyenda cuenta que los galos intentaron una noche entrar al Capitolio, escalando una de las laderas del monte. Los gansos, que estaban allí por propósitos religiosos, comenzaron a graznar y a correr de un lado para otro. Marco Manlio, apodado por esto Capitolino, fue el primero en despertar y despertó a los demás con sus gritos de guerra, pudiendo rechazar entre todos el ataque galo.

Los galos, cansados del asedio, ofrecieron marcharse de la ciudad por mil libras de oro. A propósito de esto se cuenta otra historia: Dicen que un romano observó que las balanzas galas estaba trucadas. Brenno, el caudillo galo, ante la protesta de los jefes romanos, lanzó su espada sobre la balanza para desajustar aún más el peso y exclamó: «¡Ay de los vencidos!»

La tradición refiere que los romanos, indignados y con Camilo al frente, que había recién regresado de su exilio, marcharon sobre los galos y los expulsaron de Roma, al son de la consigna «Roma compra su libertad con hierro y no con oro». Muy bonito esto, pero poco creíble. Lo es mucho más que los galos, tras obtener el rescate, ya no tenían nada que hacer en Roma y, por ende, se marcharon con su música a otra parte.

La ciudad, con Camilo al frente, que se había negado a abandonarla, ante la insistencia de otros que querían trasladarse a Veyes (se imaginan un imperio Veyano o Veyense o algo así), fue reconstruida. Y había de atravesar aún épocas muy difíciles para poder llamarse dueña del mundo. Pero eso ya es otra historia.

(Continúa en Roma, la Eterna, V. En guerra con el Samnio.)

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