CALISTO, ese nombre de osa.

En el cielo nocturno las estrellas están condenadas a entenderse, a girar armoniosamente y a formar curiosas figuras que el ojo del hombre rápidamente percibe. Entre todas ellas sobresale la Osa Mayor, siempre visible. Pero hace mucho tiempo ese cuerpo no estaba formado por estrellas, ni muchísimo menos, sino por los huesos y la carne de una bella doncella cazadora.

¿Que no se lo creen?, pues pasen y lean.

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ZEUS, el Gran Amante

ZEUS, el Gran AmanteZeus es sin lugar a dudas el gran seductor del Olimpo, el más grande. Padre de dioses y hombres, es el protagonista de mil historias de amor y deseo, razón por la cual solo podemos elegir algunas a través de las cuales seguiremos la trama dorada que entretejen los diversos amores, y que nos dejará la clara sensación de que nuestro vecino, el mismo que vemos todos los días, puede ser sin dudas, por una infinidad de razones que ya conocerán, uno de los tantos hijos del sempiterno dios.

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SAGA TEBANA (III), La Esfinge y las murallas de Tebas.

Y, efectivamente, llegó a Tebas desde Etiopía el regalo de Hera, castigo de la impiedad de Layo. La Esfinge se encargaría de recordar a los tebanos, con horribles sufrimientos, el pecado de su gobernante.

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SAGA TEBANA (II), Náubolo y el buen gobierno.

Tebas, la de las siete puertas, atravesaba un período convulso. A Layo le tocaba ahora gobernar la ciudad. Pero la muerte de Crisipo fue un duro golpe para él, y a esto añadía la terrible maldición con la que el padre del muchacho, Pélope, le había marcado por su secuestro. El destino no había hecho nada más que iniciar su terrible andar.

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HÉRCULES, X. Últimas acciones y apoteosis final.

Muerto el centauro y lleno el frasco de Deyanira con el filtro de amor, partieron en busca de calma y tranquilidad. Los caminos que atravesaron eran largos y pedregosos, propicios para el agua, el pan y el queso. Aun teniéndolos, el alcida se hubiera sentido desfallecer ante la escasez pues tan proverbial era su fuerza como su glotonería. Pero a su desgracia corporal añadía que ni mendrugo de pan adornaba las alforjas, ni pedazo de queso prestaba su olor a la talega, ni gota de agua humedecía las bizazas.

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HÉRCULES, VIII. Esclavizado

En Lidia se armó un gran revuelo: su reina Ónfala había comprado a un muy buen precio a un famoso esclavo, a Hércules, hijo del mismísimo Zeus. La regente lo iba a aprovechar de muy diversas formas, y a fe mía que lo hizo.

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