ARACNE, la semejanza con los dioses

Aracne no era ni muy guapa ni muy fea, ni muy alta. No era ni siquiera descendiente de ningún rey, dios o héroe. Era solamente una muchacha lidia, hija de un tintorero local y de una madre anónima. Y no es –en nuestros tiempos– famosa por asunto amoroso alguno, ni siquiera por saber bordar como jamás nadie lo hizo, sino que lo es por el ejemplar castigo al que fue sometida por su orgullosa presunción.

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