PARÍS, LA CAPITAL DE ESA REPÚBLICA LAICA QUE HAY AHÍ ARRIBA.

Hay ciudades que desafían el espacio-tiempo lo mismo que hizo Einstein y nos mandan al pasado inaprensible de leyendas (en mi caso, Granada). Hay ciudades que a uno le hacen plantearse eso de organizarse la vida a lo profesor de secundaria y dedicarse a los paseos didácticos y bonachones (en mi caso, Toledo o Córdoba). Hay de vez en cuando una ciudad que uno reconoce como la suya, como el sitio del que no puede escapar porque se sentiría extraño y desnudo (Madrid, Madrid, Madrid). Y luego, frente y pese a todo eso, está París. Por todos los ascetas que se saltan el ayuno de vino y carne, qué ciudad, señores báquidas, señoras bacantes.

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